Las Provincias

La liturgia de los preparativos

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Los atletas se preparan para el maratón. :: j. m.

  • Los imprescindibles de cada atleta horas antes de la prueba

Para un atleta popular disputar un maratón no supone solamente correr los 42 kilómetros. Implica muchos días de entrenamiento y sobre todo, los nervios y la liturgia de las horas previas a la mítica prueba. El desayuno, el calentamiento, dejar la ropa ordenada, los geles energéticos y una larga lista que es común a prácticamente todos los runners.

Desde que los corredores recogen el dorsal, entre uno y tres días antes del maratón, ya empieza la concentración, los nervios, que se agudizan la noche previa. Colocar el dorsal y dejar la ropa preparada para no perder tiempo por la mañana. Hay que seguir unas pautas en la comida, que no sea pesada, rica en hidratos y todos intentan dormir sus ocho horas. Ayer por la mañana parecía que todos los atletas se habían puesto de acuerdo en hacer sonar su despertador entre las 6 y las 6:30 de la mañana. Con el tiempo calculado para no llegar apurados a la Ciudad de las Ciencias a tomar la salida. El desayuno era muy variado según cada atleta. Hubo quien tomó lo mismo de cada día, otros que siguieron las recomendaciones de comer pasta o una tostada.

En la avenida de la Autopista del Saler se concentraban la mayoría de los corredores, que dejaron en las carpas habilitadas para guardarropía sus mochilas. Pero antes había que coger todo lo imprescindible para la carrera. Lo más habitual era una cinta que se coloca en la cintura con espacio para colocar varios geles energéticos para combatir el bajón físico.

Los tubos de vaselina son otro de los objetos que nunca faltan en un maratoniano, para evitar rozaduras en los sitios más habituales, como los pezones o las ingles, y muchos se lo aplicaban también en los pies. Lo que casi todo el mundo tiene claro es que bajo ningún concepto hay que estrenar ropa ni zapatillas en una carrera de este tipo. Hay que estar habituado a ella para que no produzca molestias. El que lo hizo, hoy se acordará amargamente.

Con la música ya sonando, los atletas calentaban, unos 10 ó 15 minutos, no más, y sin estirar demasiado. Lo que llamaba la atención eran las bolsas de plástico para evitar el frío. Otro imprescindible, ya que hacían 11 grados. Y las colas en los baños, inevitables minutos antes de la salida. Pero a lo que casi nadie se resistió es a hacerse unos selfies con su grupo de amigos para recordar que corrieron el maratón.