Las Provincias

Los 19.000 hijos de Teodoro

El mejor testigo de la historia

  • «Conozco a gente que ha empezado a hacer atletismo por mí porque les encantaba mi forma de correr. Estoy orgulloso», admite el campeón

  • Teodoro Pérez, ganador de la primera edición del Maratón, observa la prueba con una mezcla de satisfacción y nostalgia

valencia. La idea de presentarse a unas oposiciones de auxiliar de Justicia llevaron a Teodoro Pérez Tomé, nacido en Zamora, hasta la capital del Turia. «Me suspendieron, pero dije: 'Yo de aquí ya no me voy'. Me gustó la ciudad», relata. Tenía sólo 24 años. Había coqueteado con el atletismo popular anteriormente, durante sus estudios de Filosofía y en la mili. Al poco tiempo de llegar a la capital del Turia, conoció a una persona que le recomendó presentarse en el club Universitario. Y eso hizo. A partir de entonces, arrancó su auténtico idilio con el ahora llamado 'running'. Tenía talento. Lo demostró a finales de los 70 y principios de los 80. De ahí que la primera edición del maratón de Valencia lleve su firma. Arrasó para adjudicarse una victoria histórica. Hoy, entre la satisfacción por la huella que dejó y la nostalgia por convertirse en sólo un espectador, vibrará con una carrera que ha superado todas las expectativas.

Teodoro Pérez tiene 67 años y está impresionado por la evolución del Maratón Valencia Trinidad Alfonso. Sin embargo, él fue unas de esas personas que se encargó de dar impulso a un deporte por entonces incipiente. En su memoria sigue intacta una fecha: el 29 de marzo de 1981. El día en que se proclamó campeón de la primera edición de la prueba.

Deslumbró en Valencia, aunque evita vanagloriarse de sus triunfos. «No diría orgulloso, sino satisfecho. El orgullo no es bueno. Dicen que lleva al fracaso», explica Teodoro. Ya se ha jubilado y está aprovechando para «conocer mundo», por lo que no podrá ver el espectáculo de hoy en vivo. Pese a que se aleja de la vanidad, no puede esconder su contribución al 'running' en la ciudad. «Conozco mucha gente que ha empezado a hacer atletismo a nivel popular por mí porque, según dicen, les encantaba mi forma de correr y eso les motivó. De eso sí me siento orgulloso». Lucía un estilo singular. «Tengo una cadera un poquito más baja que otra y entonces iba un poco de lado. Eso me perjudicaba a la hora de ganar segundos», admite.

Con tramos de tierra

Devoró los 42 kilómetros en dos horas, 26 minutos y 57 segundos. El circuito original no tenía la magia del actual, aunque guardaba su atractivo a ojos de Teodoro: «En aquella época los ayuntamientos no colaboraban para cortar las calles. La solución era ir al Saler, luego hacia Alfafar y volver a la Alameda por San Vicente. En la parte del Saler había muchos tramos de tierra y era difícil mantener el ritmo. El recorrido me encantaba porque era plena naturaleza».

Desde el pistoletazo de salida, Teodoro tomó la iniciativa. Nadie le iba a hacer sombra. «El guardia de tráfico que iba delante con la moto me decía: 'Muchacho, no corras tanto que te vas a tener que parar antes de llegar al Saler'. Yo le respondía: 'Usted no se preocupe'. Al ver que en el kilómetro 3 ya le sacaba al segundo un montón de distancia, pensaría: 'Este tío está loco'. No había mucho nivel y pienso que la única persona que tenía un nivel competitivo era yo», comenta. Aunque también pasó por momentos de sufrimiento. «La victoria fue una gran alegría. Pero a partir del kilómetro 30 me empezaron a dar calambres y me tenía que parar. Afortunadamente iba gente en bicicleta que llevaba reflex. Y a base de reflex y voluntad llegue a la meta. Pero perdí más de cinco minutos en los últimos 12 kilómetros», rememora.

Y es que Teodoro no se había entrenado con la mente puesta en los 42 kilómetros de la capital del Turia. «En marzo me estaba preparando para el cross y, con esa preparación, corrí el maratón porque me hacia ilusión hacerlo en Valencia», explica. Realmente, las carreras de campo a través eran su especialidad.

El de Valencia supuso su segundo maratón. El primero, un año antes, le llegó de improviso: «Fui convocado por la selección española para un triangular entre Francia, Italia y España. Para mí fue una gran sorpresa». Teodoro, quien empezó en el club Universitario, fichó después por la extinta sección de atletismo del Valencia CF.

«Éramos poquitos los que nos dedicábamos a correr. Nos dedicábamos a competir para la liga y cada uno nos preparábamos en nuestra especialidad: carreras de fondo, salto de longitud, altura, vallas... Con los años ha ido evolucionando de una forma tan grande que hoy en Valencia lo que se conoce es el corredor popular. El atletismo de élite ha quedado en un segundo plano. Lo que manda son las masas», señala.

En el Valencia CF, coincidió con figuras como Antonio Campos, Constantino Esparcia o José Luis López Peris: «Había un nivel muy bueno. Hubo bastantes campeones de España. Yo competía en 5.000 y en 10.000 metros. Donde más destaqué fue en cross. Me encantaba y se me daba muy bien».

814 valientes en 1981

Aun así, Teodoro brilló en el maratón de Valencia. Fue uno de los 814 valientes que tomaron la salida en la primera edición. Y la cita apenas arrastraba espectadores. «Gente animando ninguna. A lo mejor alguno que pasaba accidentalmente. En la Alameda sí, porque en una competición como esta normalmente los familiares te van a apoyar. Es muy bonito cuando llegas a la Alameda y te aplaude todo el mundo», recuerda.

En aquella época, los corredores populares eran unos incomprendidos. «Cuando entrenabas, como te veían por la calle solo, te podían decir cualquier cosa. No había cultura del 'running'. La gente se extrañaba al ver a una persona sola, en zapatillas y pantalón corto y corriendo por la calle. Hoy, en cambio, es lo normal. Es lo más bonito que hay. Me da nostalgia. Cuando veo a cualquier persona por ahí corriendo pienso: 'Quién pudiese'».

El Maratón Trinidad Alfonso ha dado un salto histórico durante los últimos seis años hasta convertirse en un referente internacional. Un crecimiento exponencial que le permitirá hoy estrenar la Etiqueta Oro, concedida por la IAAF. «Correcaminos -club organizador de la prueba- empezó a promocionar mucho el 'running' a nivel popular. De ahí que hubiese una masa de participantes muy considerable para aquella época. La gente se empezó a ilusionar. Pero era inimaginable que treinta y tantos años después saliesen 19.000 atletas y menos con el nivel que hay ahora en Valencia. Acabar en 2:06 es una maravilla».

Ensalza la labor de Correcaminos. «Ha trabajado muchísimo por mejorar cada año el circuito y la organización», afirma recordando la figura de uno de los fundadores del club, Toni Lastra, quien falleció en junio de 2015. Los responsables de la prueba aspiran a, dentro de dos o tres años, poder plantearse ir a por el récord del mundo. «Es una ciudad que está al nivel del mar y llana y, si ese día las condiciones meteorológicas acompañan y no hay mucha humedad, se puede hacer. Pero para eso hay que traer un atleta que esté capacitado para batir el récord. Valencia tienen todos los factores para poder batirlo», avisa.

Teodoro participó en cinco ediciones del maratón de Valencia y ganó tanto la primera como la tercera. Lejos de la tecnología que envuelve al 'running' actual, siempre se ha guiado «por las sensaciones». Eso sí, se le ponen los dientes largos al ver el calzado moderno: «Antes las zapatillas para maratón eran muy duras y con muy poquita suela. Sufrían mucho los pies. Y hoy hay una calidad de zapatillas que mejora mucho la forma de correr. Se nota una diferencia muy grande. Amortiguan mucho el golpe y no se te cargan tanto los gemelos».

Nueva York y Boston

Corrió dos veces el maratón de Nueva York y una el de Boston. «El atletismo para mí ha sido un hobby. Pienso que si me lo hubiese creído un poquito más, hubiese mejorado mucho. Pero con mi trabajo no tenía tiempo de dedicar al atletismo todo lo que es necesario para triunfar en él», admite Teodoro, quien se instaló en Sedaví: «Me siento valenciano porque mi vida profesional ha estado en Valencia».

Tras dejar de competir, no perdió su vinculación con el atletismo. Dirigió el Runner Transportes y fundó el club de Sedaví. Lleva más de 20 años sin correr. Sus piernas sufren los esfuerzos del pasado, pero sueña con calzarse la zapatillas. «Me haría ilusión volver a participar en el maratón de Valencia. No lo descarto», advierte. Mientras tanto, lanza un mensaje a los 19.000 'runners' que hoy invadirán la ciudad: «Les animo a que participen con alegría, pero con mucha cabeza, especialmente los que no tienen experiencia». Palabras que valen oro.