Las Provincias

La República que llegó corriendo

La República que llegó corriendo
  • Pepe Lacomba fue el atleta más admirado: era un joven saltador, fiel a sus principios republicanos

  • En 1930 se corrió una Vuelta a Pie a la Región, en 13 etapas, que el ganador resolvió en 30 horas y media

¿Se puede afirmar que la República Española llegó corriendo? Caeremos en el atrevimiento, o la frivolidad, pero lo bien cierto es que entre 1928, el año del primer Campeonato de España de Maratón y el inicio de la guerra civil española hay dos generaciones especialmente volcadas a los deportes en general pero muy singularmente interesadas en el atletismo y las carreras a pie. Los años 1929, 1930 y 1931 fueron escenario de numerosas carreras a pie en toda la provincia de Valencia e incluso de una durísima Vuelta a Pie a la Región. Por haber, incluso hubo una genial «Volta a Peu con bandeja».

Ginés Ramos es el mítico ganador del segundo Campeonato de España de Maratón, que se corrió en Barcelona, el Día de los Inocentes. Empleó 3 horas 9 minutos y 56 segundos. Pero si eso fue la excelencia de lo atlético, cientos, miles de jóvenes que no aspiraban a llegar tan alto se lanzaron a correr en sus pueblos al finales de los años veinte, señal inequívoca de que el selecto y refinado mundo de los «sportsman» de la década anterior había sido legítimamente invadido por la clase media y por los trabajadores, que entendieron las reglas elementales de la higiene, la vida al aire libre y la salud.

Además, era divertido. Por eso, tras la primera «Volta a Peu» de la capital, en 1924, surgieron más y más Vueltas, como hongos saludables. Sedaví y Gandia, los Poblados Marítimos de Valencia, Ontinyent, Sagunto, Algemesí, Tavernes de la Valldigna, Godella fueron escenario de pruebas atléticas a pie, de mayor o menor extensión, como lo fueron Castellón, Alicante y las principales localidades de ambas provincias. En marzo de 1931 se corrió una Carrera Fallera que reunió a numerosos atletas valencianos y conquistó el interés de una ciudad que entendía que las Fallas ya eran algo más, mucho más, que la simple exhibición del monumento en la encrucijada o la plaza.

Mientras tanto, la Valencia estudiantil y comprometida de los primeros años treinta adoraba a un atleta puro, a un saltador de altura y longitud, salido del pueblo pero dotado de condiciones excepcionales, que se llamaba Pepe Lacomba. Era periodista deportivo, jovial e inquieto. Y un buen republicano que siguió haciendo deporte durante la República y la guerra y pagó con el exilio su lealtad. Cuando regresó a Valencia, restablecida la democracia, aun pudo encontrar viejos amigos de la FUE y recibir un homenaje.

Correr, correr libremente, vivir al sol y al aire, hacer excursiones, ganar la playa y la montaña, descubrir sendas y veredas fue un anhelo de cientos de jóvenes, hombres y mujeres de los años treinta. Por eso se siguió con especial interés, en septiembre de los años treinta, una singular Vuelta a Pie a la Región Valenciana que ocupó a los atletas más duros de España durante 13 etapas. De la Alcudia a Bocairent, de Xàtiva a Algemesí, cada día recorrían una treintena de kilómetros, o más, para caer rendidos y esperar al día siguiente. El ganador fue Juanito Ramos, de la Ferroviaria de Madrid, que acumuló, en trece días, un total de 30 horas y 30 minutos de brega por carreteras valencianas de muy escasas condiciones. Melchor Ibáñez, del Valencia FC, cumplió los recorrido con 30 horas y 41 minutos. El tercero fue José Morant, apodado «El Meló» por sus seguidores.

Resistir, probar las prestaciones del cuerpo y acumular retos, fue, también, una característica de los años que siguieron a la gran crisis económica de 1929. Los treinta fueron años dorados en los que Jeanette Macdonals y Maurice Chevalier embelesaban a los jóvenes que en el Lírico asistían al estreno de «El desfile del amor»; pero fueron, sobre todo a partir de 1933, años de paro y falta de recursos en los que proliferaron los terribles maratones de baile en los que se probó la resistencia humana de pie.

Con menos drama, con algo de humor y un punto de sarcasmo, e diario «La Voz de Valencia» empezó a celebrar «La Vuelta a Pie con Bandeja», una modalidad-esperpento que daría paso, antes y después de la guerra, a la «Carrera de Camareros» donde la gracia ya no era llevar una bandeja sino, además, una botella de Martini con copa y platito con aceitunas...