Las Provincias

ATLETISMO

La Exposición de 1909 corona a los atletas españoles

 Cartel que anunció los juegos de la Exposición Regional de 1909
Cartel que anunció los juegos de la Exposición Regional de 1909 / LP
  • El corredor hizo el trayecto Sagunto-Valencia en una hora 39 minutos 1/5 y ganó medalla y 1.000 pesetas

  • El navarro Echarri, famoso por correr con «txapela», ganó

Una de las causas de la gran pujanza que la afición por las carreras pedestres registró en Valencia a lo largo de 1908 hay que buscarla en la convocatoria de la Exposición Regional del año siguiente. Desde que Tomás Trenor Palavicino, el 25 de marzo de 1908, propuso a la directiva del Ateneo Mercantil organizar ese certamen extraordinario de industria, comercio, agricultura, bellas artes y deportes, la sociedad valenciana se puso en pie, dispuesta a mostrar todos sus potenciales. Y uno de ellos, sin duda, fue el atletismo.

Si siempre se ha dicho que la Exposición Regional sirvió -entre otras mil cosas- para aglutinar y organizar el fútbol valenciano, hasta entonces disperso, algo parecido se puede afirmar del atletismo y, más concretamente, de las carreras a pie. Entre el 24 y 2l 29 de junio de 1909, el atletismo valenciano firmó una fe de vida, un acta de nacimiento oficial; porque cuanto se hizo de bueno esos días, nació con programa, taquillas, público, horario, uniformes, árbitros, cronometradores y fotógrafos... con todos los elementos necesarios para una organización deportiva moderna.

«Aunque no muchos, hay en Valencia ciudadanos enamorados de los sports atléticos, y defiriendo a sus indicaciones n hallé inconveniente en incluir en nuestro programa de concursos uno encaminado a demostrar la energía y vitalidad de la raza». Cuando Tomás Trenor, en 1911, hizo balance de la Exposición, escribió estas líneas dedicadas al ámbito deportivo. Esgrima, fútbol, levantamiento de pesos , saltos, tenis, prueba militar y carreras a pie configuran un programa que en lo que se refiere al deporte pedestre estuvo coronado por la carrera de 25 kilómetros, entre Sagunto y Valencia, que se disputó el 27 de junio ante un público muy numeroso. Francisco Trenor y José Ramón Casaus fueron los encargados de reconocer el circuito y Emeterio Muga actuó como cronometrador. Ellos se cuidaron también de establecer controles de paso y de pedir a las autoridades locales del recorrido que establecieran vigilancia y protección de los corredores.

La meta se estableció en la tribuna de la Exposición, en el centro de los palcos de Bellas Artes de la Gran Pista; la salida estaba situada «a 123 metros antes de llegar al kilómetro 30, a partir de Sagunto». Había controles en la zona de Els Hostalets de Puçol, en la Taberneta del Puig de Massamagrell; en la ermita del Pilar, poco antes de Puebla de Farnals, y dos más en el Llano de la Zaidía, ya en Valencia. A lo largo de la ruta, ciclistas y automovilistas estaban dispuesto para atender cualquier problema o contingencia.

La sufrieron cuatro de los once participantes, que se retiraron a lo largo del camino por diversas causas. Hubo un duodécimo corredor que se inscribió pero no se presentó en Sagunto, cuando un gentío enorme despidió a los atletas. Y fue ganador de la prueba el que todos esperaban Francisco Echarri Arrue, un navarro de cualidades portentosas, que solía correr protegido por una gran «txapela», y que se plantó en la meta en una hora 39 minutos y 1/5, lo que le valió el título de Campeón Nacional, más medalla de oro y un premio de 1000 pesetas. José Escribá, de la Agrupación Pedestre Valenciana llegó el segundo, con un tiempo de una hora y 46 minutos; eso le valió ser Campeón Regional y subcampeón nacional, títulos que le otorgó la Infanta Isabel, popularmente llamada «La Chata», presente esa gloriosa tarde en la tribuna. Se le premió con medalla y 500 pesetas. Vicente Solves, de la APV, Isidro Aguilar y José Tovar, de la Sociedad Gimnástica Española; Benjamín Lagos, de la Federación Atlética Vizcaína, y Daniel Moreno, también de la APV, fueron los siguientes en alcanzar la meta. Había previstos premios para los cinco primeros atletas; pero en atención al esfuerzo, los dos últimos también tuvieron galardón.

Nuestro redactor en la prueba, el señor Épila, tuvo la suerte de poder ir volver a Sagunto en los automóviles de los señores Trenor y Durán. Es así como en su crónica destaca como admirable el calor de los vecinos de los pueblos de paso de la carrera por «la solicitud y diligencia de aquellas buenas gentes, que se apresuraban a acudir en auxilio de los corredores en cuanto advertían que alguno de ellos se entregaba». Por la Zaidía, fente a San Pío V (entonces Hospital Militar) y en la Alameda, hasta la Exposición, el gentío era enorme: «La muchedumbre premió con prolongados aplausos a los corredores». El periodista, en su crónica, destacó sobre todo la «resistencia asombrosa» del navarro ganador «que desde la salida en Sagunto tomó la delantera e hizo los 25 kilómetros sin dejarse alcanzar».

También hubo una anécdota, en uno de los controles: los atletas eran atendidos con gaseosa «para que mitigaran la sed»; pero no se descontaba el tiempo necesario para el trago; de modo que uno de los servidores, con la velocidad, vino a dar con el jarro y la copa en la cara de uno de los corredores. «Pero no tuvo el incidente el alcance que se le quiere dar», escribió Épila.

Las carreras llanas y las de obstáculos se celebraron entre el 27 de junio y 4 de julio, con un programa de pruebas de 400 y 1.500 metros. Estas pruebas alternaron con el fútbol, que miles de valencianos descubrieron, también, bajo formatos modernos y bien organizados... aunque la Gran Pista carecía de césped.