Las Provincias

Pablo Torrijos. :: Monzó
Pablo Torrijos. :: Monzó

Torrijos y Cáceres se van a Madrid

  • Los saltadores iniciarán una nueva etapa en la residencia Blume

  • El castellonense y el alicantino cambian de entrenador y confían en volver a mejorar sus marcas junto a Juan Carlos Álvarez

Pablo Torrijos y Eusebio Cáceres eran dos niños cuando, uno en Castellón y el otro en Onil (Alicante) conocieron a los entrenadores con los que, años después, se harían un nombre en el atletismo español e internacional. Los dos saltadores valencianos eran gente con mucho apego a su tierra y que se resistían al influjo de los Centros de Alto Rendimiento (CAR) de Madrid o Barcelona. Defendían y presumían de sus pequeños núcleos desde donde demostraron, a golpe de tobillo, que también se podía llegar a ser un grande. Pero ambos, por diferentes motivos, han decidido que a partir de la próxima temporada intentarán introducir un cambio en sus trayectorias desde Madrid. Sus caminos se unen. Los dos deportistas que comparten representante, el omnipresente Alberto Armas, ya habían pasado una concentración en enero, junto al decatleta Jorge Ureña, en Canarias, pero ahora estarán muy cerca durante todo el año. Los dos se van a la residencia Blume en Madrid y se entrenarán a las órdenes de Juan Carlos Álvarez, un histórico del sector al que siempre parecen caerle en los brazos todo lo que se tuerce en la periferia.

Eusebio Cáceres, que acaba de cumplir 25 años, había constatado, después de hacer un recuento, que llevaba cinco años prácticamente en blanco. Básicamente por las lesiones, alguna muy engorrosa y de difícil diagnóstico. Eso le obligó a viajar a Madrid para ser tratado por los servicios médicos de la Real Federación Española de Atletismo (RFEA), un argumento más para poner en la balanza. Pero no fue lo único. Al final las dudas entran en la cabeza y lo sacuden todo.

«Necesitaba probar otra cosa», explicó a este periódico. «Llevaba años entrenando de mala manera». Lo suyo no ha sido una huida ni una ruptura brusca. Se va agradecido y con tristeza: «Cuando tomé la decisión, no podía decírselo a mis entrenadores: los veía y no me atrevía, no era capaz. No tengo ninguna duda de que ha sido una de las cosas más difíciles que he hecho en mi vida. Por suerte, los dos lo entendieron, me apoyaron y me dijeron que si alguna vez necesitaba volver, que tendría las puertas abiertas».

Los dos a los que se refiere son Jesús Gil y José Antonio Ureña, sus dos técnicos. A ellos se encomendó siendo un chiquillo y con ellos ha crecido durante más de tres lustros. Primero con las combinadas, su pasión, dejando un rastro de récords. Pero también vinieron otros en las vallas altas y en la longitud, donde se vio que era especial. Eso acabó casi obligándole a centrarse en el salto, donde llegó a 8,27 como júnior. Luego, cuando se esperaban proezas, 'solo' creció hasta 8,37 y un cuarto puesto en el Mundial de Moscú. De Cáceres cada año se confiaba en que alcanzara los grandes podios y que jubilara el récord de España del gran Yago Lamela (8,56).

Torrijos llegó a Claudio Veneziano, su técnico de siempre, cuando era un niño en Penyeta Roja, el gran vivero atlético de Castellón, donde el siciliano trabaja como profesor. El entrenador fue motivando a un prometedor grupo de chavales hasta convertirlos en los mejores especialistas de triple salto de España. Torri no era el más talentoso, pero sí un obseso del trabajo. Eso le permitió convertirse en el hombre capaz de romper una nueva barrera del atletismo español, los 17 metros, elevando el récord nacional hasta los 17,04 con un salto que le valió la medalla de plata en el Europeo bajo techo de Praga de 2015.

Después de acabar con aquel récord (16,93, de Santi Moreno) con 24 años de antigüedad, el atleta del Playas de Castellón, su club desde los 14, se convirtió en un referente y se auguraba un 2016 deslumbrante. En cada entrevista, Torrijos hablaba de 17,20 o 17,30. Pero no alcanzó las expectativas y, algo ansioso por no verse de nuevo en los 17 metros, logró un octavo puesto en un Europeo muy asequible y no entró en la final de los Juegos Olímpicos.

Torrijos, de 24 años, ya le comunicó la decisión a Veneziano. Se desearon suerte. El atleta se marchó de vacaciones a Menorca y dentro de poco viajará a la Blume. Allí cree que logrará explorar sus límites, como el hogareño Cáceres. «Aquello es un centro de alto rendimiento y uno no va allí a probar sino a darlo todo. La diferencia entre el 99 y el 100% es exponencial y yo pretendo alcanzarlo. A mí no me gusta salir de casa, así que si me marcho de Onil es porque creo que lo necesito para ser mejor. Ahora solo me falta saber si es posible o no».