La ambicionada revancha del 'Hijo del viento'

ÓSCAR BELLOT MADRID.

Cuando Carl Lewis aterrizó en Barcelona no tenía nada que demostrar. Acumulaba seis oros en las dos citas olímpicas a las que había concurrido: Los Ángeles'84 y Seúl'88. Figuraban entre esas preseas la que Ben Johnson le hurtó con trampas en la capital surcoreana en los que fueron los 100 metros más veloces de la historia hasta entonces.

En realidad, el de Alabama era un mito desde que en 1984 igualase la gesta de su admirado Jesse Owens al imponerse en los 100 y 200 metros lisos, el 4x100 y la prueba de salto de longitud, las mismas que había conquistado su paisano en Berlín para disgusto de Hitler. Le quedaba una cuenta pendiente: cumplimentar su revancha por la dolorosa derrota que le había infligido Mike Powell en Tokio un año antes. Firmó un concurso impecable, con un 8,91. La gloria le pertenecía... hasta que Powell alcanzó los 8,95 con 0,3 metros por segundo de viento a favor. La marca más legendaria caía y no a manos de quien parecía predestinado a reventarla.

Los 31 años con que Carl Lewis afrontó la cita de Barcelona jugaron en su contra en los trials. El salto de longitud le sirvió como refugio. Allí se desquitó de Powell, al que superó por 3 centímetros y se colgó su tercer oro en su prueba fetiche. Ganó también en el 4x100, que elevó su cuenta de preseas de dicho metal a ocho. Y aún sumaría otra, en Atlanta'96, cómo no, en longitud.

Fotos

Vídeos