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EN FEMENINO

«Ahora puedo presumir del respeto que me tienen»

Tatiana Comino, en el campo de fútbol Marxalenes. :: damián torres
Tatiana Comino, en el campo de fútbol Marxalenes. :: damián torres
  • La valenciana Tatiana Comino lamenta los insultos en las categorías más bajas: «Dije a familiares y amigos que no vinieran a verme»

Tatiana Comino empezó a recorrer campos de fútbol con sólo dos años. Iba de la mano de su padre, quien presidía el Parreta. Ella despuntó como jugadora, defendiendo a la selección valenciana y llegando a ir convocada con la española. Después, buscó la manera de seguir ligada al deporte que lleva en la sangre. Decidió soltar el balón y agarrar el silbato y el banderín. Es árbitro principal en Regional Preferente y asistente en Tercera División y Primera femenina. Un camino nada sencillo.

¿Por qué se convirtió en árbitro? Es una figura que nunca gana.

Siempre he sido deportista. He jugado a fútbol desde pequeña y he sido entrenadora. He jugado toda la vida en el Parreta. Llega un momento en que, por edad y carácter, pienso: «¿Qué puedo hacer para seguir en un campo de fútbol?». Y me meto a árbitro un poco de casualidad. Empecé mayor, con 27 años. Ahora tengo 33. El fútbol es mi pasión desde siempre. Es mi vida.

¿Qué le dijo la familia?

A mi padre no le hacía ninguna gracia. Me dijo: «No, que a los árbitros los tratan muy mal». Eres mujer y te metes en un mundo totalmente de hombres.

Pero ha progresado rápido.

Realmente llevo poco tiempo. Tengo carácter y dentro del campo no lo hago mal. Entonces el ascenso ha sido muy rápido.

¿Es referente en la Comunitat?

He estado tres años siendo la referente. En la Comunitat no había nadie. Sólo yo. Este año ha subido a Preferente una compañera de Gandia, Arancha. Yo, por mi edad, ya tengo ciertas puertas cerradas. Fui al cursillo para ascender a Tercera División, pero no pasé la prueba de velocidad. Nosotras, en Preferente, tenemos unas pruebas con tiempos mayores que árbitros masculinos. Sin embargo, a partir de Tercera, ya llega la igualdad. Tenemos las mismas pruebas que un hombre. Y esa diferencia es bestial. No subir a Tercera es la espinita que tengo clavada. Lo tenía todo a mi favor, pero perdí ese tren.

¿Es partidaria de adaptar las pruebas físicas a las mujeres?

Debería adaptarse porque, si no, el problema es el que hay ahora, que no hay árbitros mujeres. Esas pruebas físicas son muy exigentes y el cuerpo de una mujer no responde igual que el de un hombre. Prácticamente tienes que ser atleta para pasarlas. Aunque, realmente, lo justo sería que fueran iguales, porque si quieres puedes. Todo es entrenar. Hay mujeres que no tienen esa ambición por subir.

¿Cómo observa el panorama en las categorías superiores?

No hay ninguna mujer árbitro principal en Segunda División. Sólo asistentes. Y en Tercera, en España, habrá cuatro principales. Y eso es por las pruebas físicas.

Usted también ejerce de linier.

Pero a mi me gusta mucho mandar. Tengo mucho carácter y no me veo en la banda.

¿Lo compagina con otro oficio?

Sí. Trabajo en una fábrica de carnes. De hecho, acabo contrato en febrero y me estoy planteando dejar de trabajar unos meses para dedicarme a esto. Van a hacer una selección de 20 mujeres árbitros a nivel nacional para que, de aquí a unos años, la Primera División femenina sea dirigida por tríos femeninos. Ahora, el principal es hombre porque uno de los requisitos es que tenga categoría de Segunda B.

¿Percibe remuneración?

Cobramos por partidos pitados. Pero de esto no se puede vivir. Para eso hay que estar en Primera o Segunda. Esto es un hobby a no ser que estés en una categoría alta. Esto no se paga con dinero, porque te insultan y es mucho tiempo el que tienes que invertir.

¿Ha sufrido agresiones?

Verbales sí. Físicas, no. Al saber que eres mujer, se lo piensan más. Pero sí he tenido, sobre todo en Segunda Regional, casos en que he expulsado a alguien y ha venido hacia mí diciéndome de todo. Pero los jugadores siempre están para parar los pies. No tengo miedo. Si tuviese miedo de que alguien pudiese pegarme, no saldría a un campo de fútbol. Lo más grave que me ha pasado fue en Xilxes. Faltando los tres minutos de descuento, remontó el equipo visitante, expulsé a un jugador, no se quiso ir y dije: «Se acabó el partido». Entraron 50 o 60 personas en el campo a por mí. Pero los jugadores me arroparon mucho.

¿Y comentarios sexistas?

Muchos. E insultos por mi condición sexual. Pero a todas horas, ya no. Es mi cuarto año en Preferente y me he ganado el respeto de entrenadores, jugadores, oficiales e incluso público. Siempre tienes algún personajillo en ciertos equipos que dice: «¿Has hecho la tijerita esta noche?», «¿Es una chica o un chico?», «Marimacho»... Pero me meto en el campo y ni lo escucho.

¿Hay algo que le haya dolido?

No me afecta en absoluto. La gente no está educada. Lo que más me ha podido doler es que una mujer me haya mandado a fregar.

¿Esas actitudes existen más en la grada o en el campo?

En la grada. Conforme subes de categoría, los jugadores no actúan de la misma forma. En Preferente y Tercera, el respeto hacia mí es absoluto. No me protestan. Cuando no les has pitado nunca, te ponen mucho a prueba. Pero el equipo que me conoce ya sabe que lo que digo yo va a misa. Ahora puedo presumir de ese respeto que me tienen y esa consideración tan buena.

¿Cómo se puede erradicar?

Lo veo muy complicado. Desgraciadamente,es lo que ha habido siempre. Los niños son el reflejo de las personas que los están educando. En un partido de futbol-8, un crío de ocho años me ha insultado.

¿Su entorno cómo se lo toma?

A familiares y amigos hace tiempo que les dije que no quería que vinieran a verme, porque a ellos sí que les duele. Mi padre una vez enganchó del pecho a uno. Me enteré luego. Por una de mis decisiones, una persona dijo: «Menuda hija de puta y chula». Tengo mucha fama de chula y prepotente.

¿En el fútbol hay más machismo que en otros deportes?

En el fútbol todo se engrandece. Es bastante más machista, aunque hace 20 años era muchísimo peor. He visto la evolución del fútbol femenino. Ahora es un paraíso. La gente lo va viendo cada vez mejor.