La zurda de Varea cautiva con los victorinos

El diestro Varea estira un natural en la corrida de la Feria de la Magdalena. / EFE/ Domenech Castelló
El diestro Varea estira un natural en la corrida de la Feria de la Magdalena. / EFE/ Domenech Castelló

Deslucido regreso del ganadero protagonista a la plaza de Castellón en una tarde con una gran entrada La corrida comienza con retraso por el fuerte temporal de lluvia y viento que dio una tregua con el tercer toro

JORGE CASALS-CASTELLÓN CASTELLÓN.

Tarde gris en Castellón, nunca mejor dicho. Un temporal de lluvia y viento, que obligó a retrasar el inicio del festejo, unido a una corrida deslucida de Victorino Martín, ensombreció una tarde en la que lo mejor, llevo el sello y la firma de Varea.

Había gran expectación por el regreso de quien fue santo y seña en esta plaza: Victorino Martín, y eso se notó en la magnífica entrada. Lleno total en el sol, y casi llena la sombra. El público ovacionó tras el paseíllo al ganadero protagonista, cuyo homenaje se materializó con una escultura de Ripollés, gran amigo de su padre, entregada por Pepe Luis Ramírez, el primer matador de toros que dio esta tierra.

Pero defraudó Victorino. La presentación, cogida en alfileres. Astifinos sí, pero faltos de remate. Desigual el encierro. Se protestaron algunos de salida. Y en cuanto a juego, no fue lo que se espera de una ganadería con tanto renommbre. Al conjunto le faltó casta y la emoción que hizo grande a esta divisa. Salvo algunos detalles del primero y el buen pitón izquierdo del tercero, no fue la victorinada encastada que Castellón esperaba.

La tarde iba de capa caída. El Fandi tan solo se acopló por momentos con el primero, que tuvo calidad por el pitón izquierdo y el granadino, dejó algunos naturales de buena factura en una labor que no acabó de tomar vuelo. A Castella le sonaron los tres avisos en el segundo y una fuerte lluvia con un cielo encapotado, hacía presagiar una tarde desapacible. Pero se abrió el cielo en el tercero y a Varea le llegó la inspiración. Salió concentrado y decidido y acabó metiendo en el canasto al victorino, al que le cuajó unos naturales de gran belleza y expresión. El toque sutil, la manera en enganchar y llevar templada la embestida... los remates tuvieron torería. Incluso se quiso justificar por un pitón derecho imposible. Antes con el capote, dejó dos medias de las que no se olvidan. Cortó una oreja, pero no pudo rematar la tarde frente al sexto, soso y sin acabar de romper adelante.

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