La vida nocturna del arte

'Suite nocturna', instalación dela muestra Guía Nocturna de museos, que se puede ver en la Sala Tabacalera de Madrid. / Fernando Maqueira

Fernando Maquieira ha invertido siete años en fotografiar de noche las principales pinacotecas del mundo.«Cuando trabajo estoy tan excitado como un niño»

ANTONIO PANIAGUA

Al fotógrafo Fernando Maquieira le gustan los museos cuando cierran, se quedan en silencio, sin público, y se apagan las luces. En las tinieblas, planta su trípode y captura con su cámara lo inaprensible, la tenue luz que irradia una escultura, los contornos evanescentes de un cuadro. Entonces los lienzos y la piedra cobran vida. 'La maja desnuda', de Goya, recupera todo su erotismo cuando apenas se entrevén sus curvas y se adivinan sus ojos. «Fotografiando los museos de noche cumplo una fantasía. Durante muchos años me he dedicado a reproducir obras de arte para libros, lo cual exige un proceso muy meticuloso y una luz muy determinada. Pero a oscuras, con otra luz o simplemente sin ella, las obras transmiten otras emociones más evidentes y directas», asegura el fotógrafo. La exposición 'Guía nocturna de museos' se puede ver hasta el 3 de septiembre en la Sala Tabacalera, en Madrid. Es una muestra que forma parte de la selección oficial de PhotoEspaña 2017.

A lo largo de los siete últimos años Maquieira se ha colado en medio centenar de museos. En todos ellos, desde el M. Zilinskas Gallery de Kaunas (Lituania) a la Tate Gallery de Londres, pasando por el Prado de Madrid, la Galería de la Academia de Florencia o el Metropolitan de Nueva York, se ha movido con el sigilo de un gato o la desvergüenza del mirón. Porque, al final, la tarea de este fotógrafo es sorprender a las obras de arte en la intimidad, cuando no son observadas. Fernando Maquieira trata de insuflar misterio a sus creaciones, un ingrediente que, a su juicio, debería tener toda fotografía. Misterio y sentido del humor, una característica muy presente en el cine pero que ha sido despreciada por los fotógrafos.

Ni miedo ni aprensión. Maquieira está tan concentrado en su trabajo que no tiene tiempo para asustarse por las líneas desvaídas de óleos y esculturas en la oscuridad. «Al principio sientes un subidón cuando por fin te dan el permiso para fotografiar un museo de noche, que es la parte menos creativa del asunto. Antes siempre procuro visitarlo de día y tomo notas. Pero realmente estoy tan atento a todos los detalles que no puedo gozar lúdicamente del momento. Eso sí, estoy tan excitado como un niño».

De hecho, coloca el trípode a una altura muy baja, la que supone debe tener un crío de diez años. Lo que persigue es proyectar una mirada asombrada y limpia, la que sólo se tiene en la infancia. «A veces estoy solo y otras acompañado por vigilantes de seguridad, que al cabo de un tiempo suelen aburrirse y se alejan de mí. En la Galería de la Academia de Florencia me dejaron a solas y pude conocer todo de primera mano. Supongo que querrían ver el fútbol o algo así. ¡Jugué con el cuadro de luces, encendiéndolo y apagándolo a mi antojo!»

Con esa obsesión de retratar el arte a oscuras, Maquieira ha vivido experiencias que a otro humano le están vetadas. Ha visto 'Las Meninas' en el centro capitular del Museo del Prado, las momias egipcias del Arqueológico Nacional, los sátiros danzantes de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando o los prisioneros que custodian al 'David' de Miguel Ángel y que iban a figurar en la tumba del Papa Julio II. «A través de todo ello se construye un discurso distinto. Las obras de arte no fueron creadas para habitar en los museos. Fueron hechas para que las vieran unos pocos o incluso nadie, porque muchas de ellas estaban pensabas para alojarse en los mausoleos. Al convivir todas juntas se crea algo artificial, es como si alguien va a un concierto y escucha mil orquestas de manera simultánea». La exposición trata de recrear la experiencia vivida por el fotógrafo, cuando los ojos se acostumbran a la oscuridad, ese momento en que, de no verse nada, empiezan a emerger trazos difusos. Es lo que le ocurrió cuando, en medio de la noche, el cuerpo desvaído de 'La maja desnuda' comenzó a revelársele tenuemente. «En el Prado, 'La maja desnuda' hace un ejercicio descarado de 'striptease'. Al estar al lado de su doble vestida, el lienzo se desconecta de su inicial erotismo. Pero cuando estás solo frente a ella, ves que tiene los ojos abiertos y te está mirando, todo es muy sugerente».

Susto en el Arqueológico

Pese a que se declara inmune a los sustos, Maquieira se llevó uno bueno cuando estaba abstraído en la cámara funeraria en que se muestran las momias egipcias del Museo Arqueológico Nacional. «Iba con una linterna para moverme entre las sombras. De repente, un vigilante me dio un toque en la espalda. 'Ahora viene mi compañero', me dijo. Del sobresalto casi me da una angina de pecho».

Fotógrafo fronterizo entre dos eras, entre la película y el píxel, el autor de 'Guía nocturna' trabaja con cámaras analógicas de gran formato a las que incorpora un soporte digital. Una vivencia parecida a la de Maquieira se llevó a cabo en el Rijksmuseum de Ámsterdam. El centro quiso premiar a la persona que redondeaba la cifra de diez millones de visitantes con una noche dentro de la pinacoteca. El afortunado fue Stefan Kasper y durmió frente a una de las mejores obras del museo: 'La ronda de noche', de Rembrandt. Kasper pudo descansar a pierna suelta y con la comodidad que da disponer de una cama, una mesilla, agua y libro, además de las atenciones del chef de la propia entidad cultural.

En un mundo saturado por las fotos de los móviles, cada vez es más difícil sobrevivir al tsunami que desatan Instagram y otras redes. Es lo que Joan Fontcuberta ha llamado 'posfotografía'. Para el teórico, el Quijote hoy enloquecería no leyendo novelas de caballería sino viendo fotos en un ordenador. Maquieira cree que, con cada clic, la fotografía se devalúa y queda despojada de su poder. Aun así, aspira a dotar a sus instantáneas de un nuevo significado. Para ello se plantea realizar iniciativas «a muy largo plazo». Por el momento, ya ha inmortalizado animales disecados dentro del proyecto Ánima -una forma de devolverles la vida- o ha intentado captar la esencia de la fe. Monjas, frailes y templos han sido encerrados dentro de su objetivo.

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