«Haría desaparecer a Trump»

Mag Lari dirige la academia de 'Pura Magia' (TVE), el 'talent show' que busca al mejor ilusionista de España.«Lo que más valoramos es la versatilidad», dice

MIGUEL ÁNGEL ALFONSO

Ser director de una escuela de magos no es tan amable como en las novelas de 'Harry Potter'. Si no, que se lo pregunten a Josep Maria Lari (Barcelona, 1973), más conocido como Mag Lari. Cada martes debe expulsar a uno de los concursantes de 'Pura Magia', el primer 'talent show' de ilusionismo de España, que cada martes emite TVE, a partir de las 22.40 horas.

- De baile, de canto... ya tocaba un 'talent' de magia, ¿no?

- Sí señor, hay 'talents' de todo, pero la magia siempre era un complemento en ellos. Lo estamos viviendo muy intensamente, porque diseñar el programa fue muy agradable, pero dirigir las galas y las clases supone mucho trabajo de golpe. Aunque era lo que siempre había deseado hacer.

- ¿Qué cualidades debe tener el mejor mago del país?

- La que más valoramos es la versatilidad, que los participantes puedan hacer todo tipo de magia: de cerca, de lejos, de salón, de aparato, mentalismo, escapismo... Por eso en las galas pedimos que no repitan estilos. Lo más difícil es tener que expulsar a los concursantes, pero forma parte del juego.

- Aquí los jueces juzgan sin conocer el truco...

- Eso también es muy difícil. Siempre existe el truco o la trampa, y el espectador nunca lo sabe. El mago tiene que trabajar siempre el secreto y ensayar mucho para hacer el número bien. De Anthony Blake ya dicen que es el malo del jurado, pero no lo es; es el más exigente, el menos permisivo con la mala ejecución.

- ¿Y cuando algo falla?

- En mi caso lo tengo fácil si algo sale mal, porque hago magia cómica. Alguna vez que ha fallado algo el público se pensaba que era parte del espectáculo, así que, gracias a Dios, no lo sufro mucho. Pero si no hace reír queda más en evidencia. Se trata de que la ejecución sea lo más perfecta posible, así que a nuestros concursantes no les permitimos parar el número.

- Dice que una de las cosas más tristes de ser mago es que se pierde la sorpresa como espectador.

- Correcto, y en este programa la verdad es que no me he llevado ninguna sorpresa con ningún concursante (risas). Llevo mucho tiempo en esto y no hay mago que me sorprenda. Lo que sí valoro es el trabajo bien hecho, pero el secreto o el efecto mágico que sorprende al profano a mí ya no me afecta.

- Hay solo dos mujeres en el programa. ¿Por qué no hay tantas magas?

- Pues no lo sé, porque quien quiere ser mago lo es. Aquí no hay un organismo colegiado que exija una formación estricta...

La mano del ídolo

- Usted se inició en la magia después de leer un libro de Juan Tamariz.

- Para mí, y creo que para muchísimos magos de este país, ha sido muy importante, porque era el que veíamos en televisión cuando éramos pequeños.

- Su otro ídolo es Michael Jackson, al que dedicó un libro.

- Sí, escribí 'La Magia de Michael Jackson' porque soy superfán de él; de hecho, el libro no va de magia, pero lo titulé así por mi profesión. Una vez llegué a volar a EE UU, me aposté en la entrada de su casa alquilada en Beverly Hills y llegó en un jeep. Al pasar a mi lado, bajó la ventanilla, sacó la mano y se la estreché, caliente y huesuda. Me dijo: «I love you...».

- ¿Cuál es la mayor ilusión de su vida?

- Haber vivido lo que he vivido. Empecé en esto como una afición y todavía me puedo ganar la vida.

- ¿A quién le gustaría hacer desaparecer?

- ¡A mucha gente!, pero no lo diré porque voy a quedar mal con ellos... Sin embargo, hay alguien que genera bastante consenso en ese sentido: haría desaparecer a Donald Trump.

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