Las Provincias

Saber y durar

No ha encontrado el traje  que estrenó en el primer programa de 'Saber y Ganar', el 17 de febrero de 1997,  pero sí la camisa, «y me vale perfectamente».
No ha encontrado el traje que estrenó en el primer programa de 'Saber y Ganar', el 17 de febrero de 1997, pero sí la camisa, «y me vale perfectamente». / R. C.
  • Jordi Hurtado ha encontrado la fórmula para eternizarse en pantalla. Su concurso cumple veinte años, que no han hecho mella en la imagen del presentador. «Me cuido mucho», confiesa

El 3 de mayo de 2016 a la cultura popular de este país se le cayó su último mito televisivo, Jordi Hurtado (San Feliú de Llobregat, Barcelona, 1957) se puso de baja. Una «pequeña intervención quirúrgica» separó durante un mes al presentador catalán del plató del concurso de La2 'Saber y Ganar' (lunes a domingo, a partir de las 15.45 horas) después de 19 años al pie del cañón, y bastó para que muchos internautas vaticinaran la llegada del Juicio Final. El impacto fue tal que hasta Luis Larrodera, su sustituto temporal, pensó que era una broma cuando se lo propusieron, aunque al llegar a su nuevo camerino lo primero que hizo fue buscar la fuente de la eterna juventud, por si andaba escondida por allí. «No paro de beber agua de su grifo, a ver si ahí está la clave de la inmortalidad de Jordi», bromeó entonces en una entrevista con este periódico.

Esta tarde el programa cumple 20 años en antena y se ha ganado su fama a pulso. Basta comparar dos fotos de Hurtado con dos décadas de diferencia o visionar los primeros programas de 'Saber y Ganar' para darse cuenta de que el paso del tiempo parece haberse congelado el 17 de febrero de 1997, cuando formularon la primera pregunta a sus concursantes: «¿Quién es el rey de la selva?».

«Ahora somos como el león. Muchos días superamos a todas las cadenas generalistas en audiencia. Es un fenómeno lo que consigue 'Saber y Ganar'. ¡Hemos logrado mantener a nuestros fieles durante veinte años!», explica Jordi Hurtado desde su templo, en las entrañas de los estudios de TVE de San Cugat del Vallés (Barcelona). El concurso más veterano de la televisión española ha promediado en su historia un 9% de cuota de pantalla y 1,1 millones de espectadores, un dato que duplica la media de La2 (5,2% en las dos últimas décadas).

Reconózcalo, todavía le sirve la misma camisa de aquel primer programa.

Sí que me sirve (carcajada). Y te voy a contar más, el otro día haciendo limpieza encontré una chaqueta que tiene más de 30 años y me iba bien, me la podría poner para el programa como algo anecdótico. La lástima es que no sé dónde estará el primer traje que me puse para presentar 'Saber y Ganar'. Todo el mundo dice que no he cambiado, pero yo me veo cara de crío en los primeros programas. Igual no está nadie; en todo caso, evolucionamos bien.

¿Lleva bien las bromas?

Las llevo bien porque tengo claro que soy un simple trabajador al que le gusta este medio, realizarme como comunicador. Nosotros no vivimos del cuento, de ser famosillos; no buscamos la fama gratuita. Y toda esa imagen del mito bienvenida sea porque, si no pasa eso hoy en día, parece que no existes. Nosotros existimos.

Concretamente, empezaron a existir cuando nadie podía soñar la longevidad que iba a tener el concurso, ni siquiera Sergi Schaaf, creador y director del formato. El primer programa lo ganó Rafael García, un participante de Tudela que se llevó a casa 167.000 pesetas. Aunque el primer ídolo que asombró a los espectadores fue Jordi Martí, un onubense de 36 años licenciado en Geografía e Historia que el 28 de mayo de 1998 fue eliminado después de permanecer 30 días seguidos. La proeza le valió tres millones de pesetas -los destinó a viajar por España- y el elogio de los periódicos de la época, que al día siguiente publicaron de él frases como «lo sabe todo» o «es el sabio de Huelva». Después llegarían 'los magníficos', que tocaron el techo de los cien programas.

Aquí los participantes se esfuerzan más que en otros concursos, pero reciben menos.

Pero les cuidamos. Fuimos el primer programa en este país en el que los concursantes repetían un día tras otro. Aquí se convierten en fenómenos absolutos, la gente les conoce por la calle. Ahora están triunfando en otro concurso ('¡Boom!', Antena 3) un grupo de chicas que se conocieron aquí; en 'Pasapalabra' los que han ganado más dinero son exconcursantes nuestros. Por eso esta relación de cariño con ellos, no es como en otros programas donde los participantes se caen por un agujero y ya nada más se sabe de ellos (se refiere a 'Ahora Caigo', Antena 3).

Mientras atiende a los medios se dirige en catalán a sus colaboradores. Esta tarde grabarán el que será su primer directo, en el que estarán presentes los tres 'bicentenarios'; es decir, los únicos concursantes que han llegado a las 200 participaciones seguidas en 'Saber y Ganar': Víctor Castro, Manuel Romero y Óscar Díaz. No se esperan errores de ningún tipo. Después de más de 360.000 preguntas formuladas a lo largo de todos estos años, solo se han equivocado dos veces. La primera, en julio de 2015, cuando en menos de una semana repitieron la misma pregunta sobre María del Monte y acabaron disculpándose. La segunda, el mes pasado, cuando tuvieron que volver a invitar a José Pinto, eliminado «injustamente» según la organización.

El alto nivel del formato se convirtió en algo innegociable desde el principio. A finales de los noventa, para participar había que llamar al teléfono del programa y responder cincuenta preguntas de forma correcta para obtener el visado para acudir al plató. Se pedía «nivel de bachillerato» y «cierta malicia para eliminar a los oponentes». La cosa no ha variado mucho. Ahora se hacen 'casting' presenciales, pero la dificultad no se ha rebajado un ápice. 'Saber y Ganar' acumula ya más de 3.000 horas de grabación para un total de 4.675 programas, en los que se han repartido 6,6 millones de euros (27.500 mensuales).

Esa rutina ya forma parte de la religión del longevo concurso, que tiene un dios con gafas -«muchas», como reconoce Hurtado- y dos profetas: Juanjo Cardenal, la 'voz en off', y Pilar Vázquez, cuya labor oficial es descrita por TVE como «presentadora de miniespacios», aunque también ha dado para muchas teorías. «A la hora del programa muchos de nuestros espectadores me confiesan que no atienden al teléfono, ni a la puerta si llaman. Forma parte de la vida de muchas personas cada día», se enorgullece el presentador, al que se le empiezan a atisbar algunas canas cuando se le mira de cerca. «Creo que ahora tengo más ilusión que antes, cuando todo el mundo me llamaba 'el de Cifras y Letras'».

¿Y usted también se ve a sí mismo al llegar a casa?

Llego muy cansado porque grabo durante muchas horas. Prefiero ver ficción buena como 'House of Cards'. Aunque después de lo que hay montada ahora en la Casa Blanca, Frank Underwood (presidente de Estados Unidos en esa ficción) parece un aprendiz. La realidad, una vez más, supera a la ficción.

¡Comparta su secreto!

Me cuido mucho porque creo que la imagen es fundamental en televisión. Aunque deporte no hago ¡porque es malo! Mi secreto es la buena alimentación, tener buena genética y caminar mucho. Eso lo recomiendo, siempre que se pueda, claro. ¿Si aguantaré otros veinte años más? No lo creo, ya tendré edad de jubilarme.