Tres librerías denuncian el veto del Gremi de Llibrers para volver a asociarse y participar en la Fira del Llibre de Valencia

Una de las casetas en la Feria del Libro de Valencia de 2016. / m. molines
Una de las casetas en la Feria del Libro de Valencia de 2016. / m. molines

Los negocios expulsados por criticar a la directiva en 2012 reclaman su ingreso en la asociación y la institución lo rechaza porque «no hay indicador de arrepentimiento»

AMPARO BELTRÁN VALENCIA.

El pasado siempre vuelve y no siempre el presente logra cerrar los conflictos anteriores. El Gremi de Llibrers eligió nuevo presidente en julio de 2016. Nacho Larraz sustiuyó a David Cases, quien a su vez reemplazó a Glòria Mañas. Durante el mandato de esta última, tres librerías fueron expulsadas de la institución gremial: Shalakabula, Gaia y Ramón Llull. El Gremi entendió que los establecimientos habían demostrado «deslealtad» a los miembros integrantes de la junta. Las librerías habían cuestionado a través de comentarios en Facebook la actuación de la directiva. Un burofax del Gremi con fecha 22 de noviembre de 2012 confirmó «la sanción de baja en la asociación». A partir de ese momento, los tres negocios quedaron fuera del Gremi y sin dejaron de disfrutar de ciertos beneficios (como la participación en la Fira del Llibre).

El pasado enero Francisco Pradas, Lola Samper y Almudena Amador, como representantes propietarios de las librerías, se dirigieron a la junta rectora, «conformada por personas de talante conciliador, algunas de reciente incorporación al gremio y otras de gran solera en el mismo», como indican en el escrito, para solicitar su reincorporación. En él hacen alusión a los supuestos motivos por la «injusta expulsión» y apelan a que «son tiempos de aunar esfuerzos y remar todos en una misma dirección».

Un mes más tarde, el 15 de febrero de 2017, reciben la respuesta a su solicitud: «Se rechaza la petición». En la respuesta, que firma el secretario Jorge Cabezas, se detalla que «si se aceptara la petición se pondría en duda las normas del buen funcionamiento del Gremi, las decisiones tomadas por la asamblea, que es soberana». La organización gremial añade en la respuesta: «Se constata que en las formas de la carta (de las tres librerías) no hay ningún indicador de arrepentimiento sobre las actitudes y acciones que motivaron la expulsión», según el documento al que ha tenido acceso LAS PROVINCIAS. El periódico ha contactado con los negocios afectados, quienes se consideran «vetados». Nuria Cuenca, de Shalakabula, afirma que solicitaron el reingreso por «probar suerte». La no readmisión es una «inquina personal» contra las librerías disidentes, apunta Cuenca, quien traspasa el negocio cultural tras siete años. Los motivos del cambio en Shalakabula son personales, explica Cuenca, pero entre ellos, se encuentra la falta de beneficios que reporta la participación en la Fira del Llibre.

La propietaria de la librería Gaia, Lola Samper, considera «una espina clavada» su expulsión de la agrupación, desde la cual no recibió en ningún momento las razones de su retirada. A día de hoy, el caso no está esclarecido y todo son «suposiciones». Samper, por el momento, desiste de la agrupación gremial y se conforma con que su librería «tire adelante y siga funcionando 23 años más». La dueña de Gaia no comprende que denunciar «determinadas acciones de determinadas personas de la junta directiva» se considere «práctica no muy clara» y motivo de deslealtad.

Almudena Amador, de Ramón Llull, tilda de «absolutamente infundada» su expulsión. La librera insiste en que jamás recibió argumentos jurídicos, ni se hizo mención ni por escrito ni verbalmente de en qué consistía la deslealtad grave y las obligaciones que incumplieron. «Seguir intentado trabajar dignamente» es el propósito de Amador, quien ha perdido la confianza en la corporación y manifiesta que no es posible la reincorporanción de su librería «mientras no haya transparencia ni se fiscalice la gestión».

La versión de la agrupación

Nacho Larraz, presidente del Gremi de Llibrers de Valencia desde julio de 2016, manifiesta que fue «una decisión que en su día se tomó y volver a replantear lo que han decidido unos compañeros (la junta directiva de 2012) con anterioridad no tiene sentido».

El actual responsable de la agrupación gremial considera que «el proceso (de expulsión) fue pulcrísimo y clarísimo». Todo lo que ahora se ponga en duda acerca de cómo se llevó a cabo la salida de las tres librerías son «reinterpretaciones», indica Larraz.

El presidente del gremio se excusa y se acoge a la cantidad de problemas que tiene la agrupación sobre la mesa para restar importancia a la no readmisión de las tres librerías, asunto que califica de «nimio y muy pequeño dentro del colectivo». El avance de la lectura en soporte digital, la realización y propuestas de actividades en instituciones públicas figuran en la agenda del Gremi como temas prioritarios, a tenor de las declaraciones de Larraz.

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