Los torrestrella remontan al galope

La belleza del campo bravo en su esplendor. / APLAUSOS
La belleza del campo bravo en su esplendor. / APLAUSOS

Los toros de Álvaro Domecq vuelven a las ferias más importantes tras una gran temporada

JOSÉ LUIS BENLLOCH

Galope y bravura ha sido la fórmula con la que los toros de Torrestrella han recuperado prestigio. Entre las novedades que nos ha deparado la temporada 2017 destaca la recuperación de esta ganadería que gozó del máximo cartel y que en los últimos años, por culpa de los gustos de los toreros, traducidos en exigencias extremas y exageradas demasiadas veces, había desaparecido de las ferias importantes en las que fue fija. El carácter y la fortaleza de los toros que criase el patriarca Álvaro Domecq de pronto no encajaron en los gustos de las figuras del momento para sorpresa de propios y extraños. Ni un mínimo sentido del reconocimiento a tantas y tantas tardes de triunfo como habían propiciado fueron argumento suficiente para mantener en las grandes ferias a la divisa azul y oro de Medina Sidonia. Este año tres excelentes corridas en plazas de máxima categoría, Sevilla, Bilbao y Albacete, y una media general muy buena culminaron su remontada y le devolvieron cartel y actualidad.

Más allá del gusto de los toreros hay que aceptar en su descargo que en las dos últimas temporadas los torrestrella dieron mucho mejor juego que en años anteriores. Sevilla ya marcó el despegue. Esta misma semana, Álvaro Domecq Romero, titular actual de la vacada, recogió el premio que le reconocía como propietario de la mejor corrida de la Feria de Abril, sin ser la mejor de las que lidió en la temporada. En Bilbao, el jurado de la Junta Administrativa le dio el premio a la corrida más completa y brava de la Semana Grande y el jurado del Club Cocherito eligió al toro Apocado, de Torrestrella, como el más bravo de la feria, pero sería la corrida de la feria de Albacete la que más reconocimientos y halagos recibió por parte de público, prensa y hasta de los toreros menos dados a reconocer los toros encastados. Pese a todos estos reconocimientos, el ganadero sitúa a su mejor toro del año en Ejea de los Caballeros, concretamente 'Bizcochito', que, en su opinión, reunió todas las virtudes que busca: galope, bravura y hechuras.

-El galope es algo que siempre hemos valorado mucho en casa. No hay nada más bonito que ver arrancarse un toro al galope desde parado, es lo que denominamos nacer al galope. Y claro, para eso hace falta que tenga bravura.

-Y para que los toreros figura los demanden, deben ser lo que se dice bonitos.

-A mí también me gustan bonitos y reconozco que últimamente mis toros pesaban demasiado. Ahora lo estamos corrigiendo.

Por todo ello para la temporada 2018 han mejorado sus expectativas. Su presencia en Sevilla, Bilbao y Albacete parece segura y todo hace pensar que, a diferencia de otros años, por fin, la demanda estará por encima del número de corridas que hay en estos momentos en los cercados. Se trata de una camada corta, con mucha arboladura y variedad de capas, como corresponde a su ascendencia domecq y núñez, ésta por la vía de un célebre semental llamado 'Lancero'.

El castillo de Torrestrella

La ganadería, que pasta en la finca Los Alburejos, toma el nombre de un castillo vigía llamado Torrestrella, construido en una loma del término de Medina Sidonia, en la comarca gaditana de la Janda. Situada en la llamada Ruta del Toro, es vecina de otras ganaderías como Torrealta o Cebada Gago y muy próxima a la mediática Cantora de Paquirri. Finca referencial en la historia de la tauromaquia contemporánea, en la que don Álvaro, el caballero amigo y confidente de Manolete, criaba sus toros y los caballos de rejoneo con los que tanto él como su hijo fueron figuras del toreo a caballo. Nada de las costumbres y hábitos de los tiempos de don Álvaro ha cambiado. Se siguen corriendo a campo abierto todos los machos de cada camada, para recabar información del posible juego que den en la plaza pero también para practicar el acoso y derribo, ejercicio que de ser una tarea obligada en las ganaderías hasta mediados del siglo XX ha devenido en una práctica sociodeportiva que genera auténticas pasiones entre los ganaderos más jóvenes, a los que se han sumado numerosas figuras del toreo.

Investigación y genética

Pese al apego a las tradiciones, Los Alburejos, de la mano de don Álvaro, fue siempre una especie de laboratorio de la ingeniería genética cuya aplicación encontraba gran resistencia en el campo del bravo. Ante la necesidad de conservar las características de los mejores sementales, cuya vida está demasiado expuesta por su propia condición de bravos, se comenzó a extraer semen de los mejores ejemplares que se congelaba a la espera de ser utilizado a través de la inseminación artificial e incluso se pudo comerciar con ello, especialmente en ganaderías americanas. Otra experiencia, ésta más exclusiva, ha sido el trasplante de embriones de vacas bravas a mansas, con buenos resultados. El primer producto, un toro de pelo burraco fruto de esa experiencia, de nombre 'Bienmesabe', lo lidió Litri en Valencia, en las Fallas de 1996, con buenos resultados.

Dentro de esa línea de constante evolución habría que incluir también las instalaciones, entre las que destaca la construcción de una plaza cubierta, una de las primeras experiencias en ese sentido, que permite torear al margen del clima en una zona en la que el viento de levante sopla con furia inusitada e inesperada y convocar eventos comerciales y turísticos que se han convertido en ingresos atípicos hasta no hace mucho imposibles de imaginar en las ganaderías y, sin embargo, muy necesarios para la supervivencia de estas explotaciones.

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