Mas toreros que toros en Utiel

José Padilla. / CARLOS ALARCÓN
José Padilla. / CARLOS ALARCÓN

Padilla, Gómez y el rejoneador Galán, por la Puerta Grande

En la Utielana, Feria de la Virgen del Remedio, los toreros estuvieron por encima de los toros. Ese sería el resumen técnico de lo sucedido. Eso y la eficacia estoqueadora fue lo que permitió llenar los esportones de orejas. Nueve en el computo total, tres por coleta. Si esto del toro fuese cuestión de orejas y números, habría que hablar de un éxito, no es exactamente el caso, la realidad fue otra. Si hablamos de emociones lo más intenso, lo realmente emotivo llegó mientras Padilla daba la vuelta al ruedo tras estoquear al cuarto. De pronto una pandilla de chiquillos, una docena al menos, apareció por la boca de un burladero, menudos como polluelos, felices, con cara de héroes se sumaron a la vuelta al ruedo del Pirata y cualquier atisbo de disgusto o crítica se transformó en ternura. Y hasta se me olvidaron las penas. O casi.

Lo peor fue el ganado del Marqués de Quintanar. Una corrida puede ser chica y brava. O guapa y mansa. Pues ni una cosa ni otra. Fea y mansona. Con una salvedad, el que cerraba plaza, que fue feo pero con buena clase, en realidad el único que embistió bien y por abajo. Ante semejantes argumentos los matadores, Padilla y Alberto Gómez, como queda dicho recurrieron al oficio y a la disposición para salvar la tarde. Así que por ellos no quedó. Las dos faenas de Padilla tuvieron la virtud de ir a más. A su primero, chico, chiquitín y bonito, que salió haciendo cosas de corraleado le dio confianza, le desengañó y acabó robándole unas tandas zurdas que tuvieron su mérito a falta de más toro. Su segunda faena tuvo un guión parecido, el toro de poca ninguna clase y poca vista, no fue peor porque no tuvo más poderes y sólo al final se dejó hacer, momento que Padilla aprovechó para recetarle unos naturales a pies juntos y enredarle en los efectos especiales de Pirata.

Alberto Gómez se topó con un imposible, su primero, desrazado y flojón que llegó a echarse en un par de ocasiones con tal de no pelear. El voluntarismo de Alberto fue premiado con una vuelta al ruedo. En compensación tuvo el mejor toro de la tarde, el castaño que cerró la tarde, al que toreó con pausa a natural. El toro embistió templado y largo y él lo toreó con pausa y buen gusto. La compensación fueron dos justa orejas.

La corrida estuvo prologada por el rejoneador Sergio Galán que se enfrentó a dos toros de Bohórquez, de buena clase el primero y poca vista el segundo. En ambos hizo exhibición de monta y torería, contó con preciosas cabalgaduras, cortó tres orejas y naturalmente se lo llevaron en hombros por la Puerta Grande de la Utielana.

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