Schmidt explica al juez que la idea de buscar patrocinios partió del Consell

La exintendente del Palau de les Arts, Helga Schmidt. / Damián Torres
La exintendente del Palau de les Arts, Helga Schmidt. / Damián Torres

La exintendente dice que los contratos bajo sospecha se negociaron «en alto» por la entonces consellera Trini Miró

A. Rallo
A. RALLOValencia

La exintendente Helga Schmidt ya ha presentado su escrito de defensa en el juzgado para tratar de desmontar los argumentos que han llevado a Anticorrupción a solicitar siete años de cárcel por el desfalco en el Palau de les Arts. La ex directora artística muestra su más absoluta disconformidad con las tesis de la fiscalía y elabora una explicación de los hechos en los que ella prácticamente sigue las órdenes que le llegan desde la Generalitat. Así, una de las irregularidades que se le imputan es la creación de la sociedad Patrocini, una empresa para la búsqueda de colaboradores económicos para la institución cultural.

La exdirigente sostiene que nunca tuvo la máxima capacidad de decisión como intendente. Por encima, se situaba la Comisión Ejecutiva, el Patronato, la consellera y el presidente. Apunta al Patronato como el órgano del que surge la propuesta de crear Patrocini. «El alto nivel artístico y fama internacional que iba cobrando el Palau contrastaba con la escasez de patrocinadores», contextualiza la acusada. Bajo esas circunstancias, «el Patronato, presidido por el presidente -en aquel momento Francisco Camps- y compuesto mayoritariamente por personas del Consell, concibe la idea de encargar a personas del mundo empresarial y económico la tarea de conseguir benefactores o mecenas.» Esta idea, según Schmidt, es la que le transmiten los altos cargos y, además, le ponen en contacto con José Antonio Noguera, abogado valenciano y apasionado de la ópera. Otro de los ahora acusados por la supuesta trama delictiva.

«No había alternativa»

La constitución de la sociedad «fue aprobada por el Gobierno de Valencia», insiste la gestora cultural. «No había alternativa ni sustituto razonable» a la idea que habían impulsado por el alto grado de especialización del encargo. Los miembros de Patrocini tenían contactos al más alto nivel, recoge en el escrito.

A continuación, desmonta una de las acusaciones del ministerio público respecto a que ese trabajo ya lo hacían los empleados del coliseo. «Eso es no entender absolutamente nada del funcionamiento de un teatro de ópera». Se trataba más de una labor burocrática y de acompañamiento de los mecenas, según su versión. Pone como ejemplo: entrega de entradas, señalamiento de los asientos, agasajos de carácter social. De hecho, «nunca consiguieron patrocinadores que aportaran dinero al Palau».

La máxima responsable no duda en apuntar a otra figura clave de los gobiernos de Francisco Camps, la que fuera exconsellera de Cultura, Trini Miró. Fue ella quien negoció «en alto» los primeros contratos del Palau con Patrocini y otros de Viva Europa, el festival que también cuestiona la acusación pública.

De igual modo, Schmidt mantiene que no era necesario un concurso público para adjudicar esta tarea y remite al informe que elaboró el entonces presidente del Consell Jurídic, Vicente Garrido. No elogio precisamente la actuación del letrado en otro aspecto de la investigación. La fiscalía, en cambio, argumenta que incumplió la legislación al formar parte al mismo tiempo de Patrocini -fue consejera- y desarrollar su puesto de alta dirección en el Palau. Recuerda la exdirectora que Garrido no le advirtió de este error. Sólo cuando se reincorporó al trabajo una empleada de su confianza, que estaba de excedencia, es cuando se percata de la irregularidad.

Desconoce la legislación

Además, añade la defensa que Schmidt es de nacionalidad austriaca y desconoce los particulares de la legislación española. Del mismo modo, explica que Patrocini opera más como un órgano de la Generalitat con un encargo concreto, aunque admite un error al optar por la fórmula de la sociedad mercantil. Su presencia «fue meramente testimonial y no percibió remuneración alguna».

También trata de rebatir a la fiscalía cuando apunta que utilizó el apellido Pittioni para tratar de camuflar su presencia en la controvertida sociedad. «Esto carece de todo fundamento», responde. Así, recuerda que en el mundo artístico de primer nivel resulta habitual la utilización de «pseudónimos transparentes». Cita, por ejemplo, a Caravaggio, Donatello y El Greco, entro otras figuras de prestigio universal). Y recuerda que utilizó el apellido Schmidt desde que iba a la ópera en Viena y fue presentada como la hija del profesor Heinrich Schmidt, segundo marido de su madre. Además, subraya que numerosos encabezamientos de documentación que consta en la causa firma como Helga Pittioni (conocida como Helga Schmitd).

El hecho de que en el contrato se optara por la fórmula ahora discutida responde a que la persona que redactó el documento desconocía este particular, siempre según su versión.

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