Rivera Ordóñez asegura en Aula LP que abandona el toreo «amando la profesión»

Rivera Ordóñez, ayer, en el centro La Beneficencia. / irene marsilla
Rivera Ordóñez, ayer, en el centro La Beneficencia. / irene marsilla

El diestro, que se despide de la plaza de Valencia este sábado, lamenta el «ataque cruento» que sufre la tauromaquia

C. VELASCO VALENCIA.

Lunes torero fuera del coso. El ruedo se trasladó ayer a La Beneficencia, donde se celebró la última Aula LAS PROVINCIAS hasta septiembre. Francisco Rivera Ordóñez, 'Paquirri', cerró temporada. El nieto de don Antonio, el hijo de Paquirri y el hermano de Cayetano hizo alarde de ADN y de torería. El matador, que se despide de la plaza de Valencia el próximo sábado, aseguró: «Me voy amando mi profesión. Disfruto en la plaza, pero merece la pena irme bien». Cuando comentó a sus amigos y familiares que dejaba el toreo hubo una respuesta unánime: «Ya era hora de la retirada». Empezó a pensar en cortarse la coleta después del «accidente» de Huesca que, reconoció ayer, marcó «un antes y un después». En su meditada decisión ha pesado su esposa y sus hijas: «Mi familia se merece un descanso. Mi mujer Lourdes lo lleva fatal y mi hija Cayetana, también. La pequeña Carmen se refiere a los toros como 'muu malos'. La familia es la gran damnificada por la profesión porque la viven como una tragedia», confesó.

Rivera Ordóñez mostró el lado menos distante de su personalidad durante Aula LAS PROVINCIAS, que se celebró en un salón Alfons el Magnànim prácticamente lleno. Sincero, simpático y con sentido del humor, el hijo mayor de Paquirri no eludió ningún tema: la política, la profesión, la evolución del toreo, el futuro de la fiesta, la prensa rosa, la relación entre Ordóñez y Domínguín... La Valencia taurina, reunida ayer en la calle Corona, no perdió detalle de la palabra del diestro.

Cuando tomó la decisión de dejar el ruedo pensó en las palabras de José María García. El periodista, confesó, le dijo que un torero ha de marcharse dos o tres años antes de que le echen. Rivera Ordóñez considera que ese momento ha llegado. «Mi sangre es toreo. Es la profesión más bonita y la voy a echar mucho de menos». Su despedida en Valencia se materializará el próximo sábado en el coso de la calle Xàtiva.

Tomó la alternativa hace 23 años. Todo el recorrido, dijo, «valió la pena. Absolutamente». Sin dudarlo. Las cornadas y los golpes no han sido en balde. «Mi abuelo me lo planteó mucho más duro», reconoció. Habló de Antonio Ordóñez largo y tendido. Con ternura y con respeto, como nieto («me llamaba cariñosamente búho») y como profesional. «Fue un mal profesor. Era más que exigente, era espartano, pero me enseñó disciplina, que me ha servido para seguir mi camino», sostuvo. Luego bromeó con las clases que recibió de él: «Toreó conmigo de salón un día, bueno, qué digo un día, un minuto y medio. Vino y me dijo: 'Saca los brazos, espera al toro y llevarlo'».

Antonio Ordóñez sostenía que el torero «era un artista frustrado porque llega un momento que deja la profesión». «Lo voy a llevar mal, fatal, pero hay que saber irse», recordó. «No he heredado el carácter de mi abuelo, aunque algo tendré», comentó.

Abordó la relación entre Ordóñez y Dominguín. «Entre ellos todo era grande: el respeto, la admiración y el odio». Como anécdota contó cuando le dijo a su abuelo que deseaba tirarse en paracaídas. Ordóñez no entendía cómo su nieto, que iba para torero, quería lanzarse desde el aire. Francisco lo tentó: «Y si Dominguín se tira de paracaídas, ¿tú qué harías?». Antonio no abordó la cuestión y zanjó la conversación: «Vamos a cenar». Su nieto confesó ayer: «Si Dominguín se hubiera tirado en paracaídas, mi abuelo lo habría hecho si nada». El público sonrió.

El respeto entre toreros no es igual ahora que hace décadas, pero Rivera Ordóñez dijo estar «maravillado» con todos sus compañeros. Narró cómo su enemistad con Joselito se dio la vuelta y ahora son «buenos amigos». «Tras una conversación telefónica se zanjó la cuestión» y bromeó: «Estuvimos a punto de solucionar las diferencias con las manos». No llegó la sangre al río. No hizo falta.

Cornadas y miedo

De heridas y golpes los toreros van sobrados. «El toreo es fiesta y pagamos el precio con cornadas, que son como medallas para los soldados». Rivera Ordóñez confesó que tiene las rodillas hechas polvo y que tiene problemas musculares. «Me recupero bien de las cornadas, pero siempre hay prisa por volver al ruedo. Si no toreo no gano dinero y de mí dependen muchas familias».

Delante de un toro, no lo ocultó, se siente miedo, pero el verdadero terror, añadió, es «no salir con tu sueño realizado y no abandonar la plaza con éxito que uno busca».

«Hay toros que te hacen pasar mucho pavor. El miedo es frío, te inmoviliza, pero también tiene un lado bueno porque te agudiza los sentidos. Si no hay miedo, no hay valor», aseguró el torero y se ganó el segundo aplauso del público. El primero fue cuando entró en el salón de la conferencia de Aula LAS PROVINCIAS.

Rivera Ordóñez recibió el calor del público y también lo reclamó para El Soro, que acudió a la conferencia en La Beneficencia. «Estoy hablando de cuestiones de las que habitualmente no hablo y lo estoy haciendo delante de una persona que es todo un ejemplo de superación, como es El Soro», dijo Rivera Ordóñez. El público volvió a aplaudir y el de Foios subió al estrado. Recordó a Paquirri, su toreó y su valor. Contó una anécdota de cuando el protagonista de la charla era pequeño y no podía dormir de noche. Tuvo palabras para el homenajeado: «Me quito el sombrero».

Entre el público se encontraban alumnos de la escuela de tauromaquia de Valencia que subieron al escenario, se hicieron fotografías con el torero e intercambiaron palabras. Rivera Ordóñez les aconsejó: «Ir despacio. No tengáis prisa».

Paquirri admitió que el toro y el toreo «ha cambiado una barbaridad. A veces no lo reconozco. Se han perdido muchas cosas y me da pena. Ahora se torea en vaqueros, algo que no comparto. Antes de ser torero hay que parecerlo», explicó el diestro.

Defendió las mejores condiciones para los novilleros y los toreros porque «no puedes jugarte la vida en la plaza y no sacar ni para comprar un capote». Agradeció la presencia del diputado de Asuntos Taurinos de la Diputación de Valencia, Toni Gaspar: «Da gusto que haya un político en la sala porque la fiesta sufre un ataque cruento». También se mostró beligerante con los críticos taurinos: «Con ellos ni hago las paces ni las voy hacer. Cuando un torero no hace una faena buena o no está bien en la plaza, no es para machacarle. Los matadores vivimos para el triunfo».

«Los críticos taurinos se han dejado llevar por la inercia de la prensa rosa. No le he bailado el agua a ningún crítico ni lo voy a hacer», añadió. Continuó: «Los toreros nos dejamos la vida en la plaza y cuando nos encontramos con críticas dañinas duelen mucho. Yo ya he dejado de leerlas. Me llevo mejor con la prensa rosa que con la taurina. Me costará perdonarles», afirmó. Y animó al público a «no juzgar sólo con lo que aparece en la pantalla del televisor».

En el Aula LAS PROVINCIAS con Francisco Rivera Ordóñez participaron José Luis Benlloch y Pedro Toledano, críticos taurinos del periódico, Nacho Lloret, gerente de Simón Casas (empresa que explota la plaza de toros) y Toni Gaspar, diputado de Asuntos Taurinos de la Diputación de Valencia, encargado de cerrar la charla. Al acto asistió Gonzalo Zarranz, presidente del Consejo de Administración de Federico Domenech.

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