Quince años de Escènia

Escena de 'Verona' / Helena Odóñez

El festival de Foios supera su adolescencia con una programación de calidad'Cantando Malvas', de Octàmbuli, cierra hoy una edición en la que destacó el thriller 'Verona'

J. V. PEIRÓ

Foios, muy activa en el ámbito cultural, celebra la decimoquinta edición del festival Escènia, con una programación joven de calidad repleta de estrenos destacados de la temporada. A lo largo de estos años, han pasado por él autores y compañías que hoy están en la vanguardia del teatro valenciano, como Xavo Giménez con 'Penev', Víctor Sánchez con 'Nosotros no nos mataremos con pistolas' o Teatre de l'Abast con 'L'ànima bona de Sezuan' de Brecht, por citar algunos, junto a representaciones de Foios Escola Teatre y foráneas de Bilbao, Barcelona o Madrid.

En esta emblemática edición, la organización ha ofrecido singulares creaciones como 'Suggestió' de Eugeni Alcañiz y Emili Chaqués, 'Ni buena, ni noble, ni sagrada. Bankia' de la compañía La Pajarera, nacida del taller de Paco Zarzoso, y 'Como si el fuego no fuera contigo' de Mafalda Bellido, ya reseñadas en estas páginas. De Madrid llegó la compañía Ala Ancha con una de las obras más interesantes del evento: 'Verona' de Jorge García Val y el valenciano Javier Sahuquillo, un 'thriller' con raíces en la actualidad, la historia y la literatura. Su estreno en el festival de Almagro de 2016 y en Madrid la avalaban para que -por fin- se representara en alguno de nuestros escenarios.

Y no defraudó, a pesar de la complejidad de su estructura en paralelo de tiempos y espacios distintos, que resultó deliciosa para unos y dificultosa para otra parte del público por sus muchos y bruscos giros argumentales. Después de una presentación danzarina y una secuencia de la protagonista escondida en su tumba con gags cómicos bufonescos, se despliegan dos tramas superpuestas. Una, desarrollada al fondo del escenario, es la historia de Romeo y Julieta inmortalizada por la novela de Brandello y posteriormente por Lope de Vega y Shakespeare, aunque aquí los amores son entre Roselo Montés y Julia Castelvín, los montescos y capuletos con los apellidos que usó Lope. Lo más atractivo de su alambicado desarrollo son las frecuentes alusiones hilarantes a iconos y costumbres de actualidad.

La segunda es el interrogatorio policial al joven Anselmo para esclarecer el suicidio de Julia. La historia de época no lo es tanto porque lo sucedido es producto de un videojuego cuyas consecuencias provocan una reflexión catártica sobre el poder de lo virtual sobre lo real, con menores implicados y posibles casos de pederastia, y de las redes sociales y su aleación de la mentira y la realidad. En el fondo, la tragedia de raíz amorosa o sexual no ha muerto: ha encontrado otro disfraz.

La obra exige mucha atención por su cantidad de subtramas, con ingeniosas transiciones entre las escenas, muy bien interpretadas por un joven reparto con buenas dotes declamatorias y dinámicas, a pesar de los vaivenes del verso a la prosa, de lo grave a lo cómico, y los cambios de tono y de personaje. Imponente Ariana Calahorro (Julia) junto a un gran Toni Misó, diestro policía que nos reserva la sorpresa final. La escenografía abierta aprovecha todo el espacio de la sala y la iluminación de Rubén Valero refuerza y comunica. Sin olvidar la importancia de la música en todo momento, como ambientación o como sustento temático.

Hoy finaliza esta edición de Escènia. Están a tiempo de asistir a la entrega de premios y al singular espectáculo escénico de música vocal 'Cantando Malvas' de Octàmbuli. Ahora, a por la mayoría de edad.

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