Vicente Navarro de Luján: «No se puede comparar la situación de la II República con la actual»

Vicente Navarro de Luján.
Vicente Navarro de Luján. / irene marsilla

El expolítico de UCD sostiene que el germen del fin de este régimen se encuentra en la cuestión religiosa y el apasionamiento con el que se vivió Vicente Navarro de Luján Investigador y profesor universitario

Arturo Checa
ARTURO CHECAValencia

El profesor Vicente Navarro de Luján acaba de publicar 'Entre la reforma y la revolución' donde analiza a fondo los seis primeros meses de la II República, incluido el proceso constituyente. Según el director de Proyección Cultural y Socialde la Universidad Cardenal Herrera-CEU en ese periodo se encuentran las raíces de su desaparición.

-Con tanto editado sobre la República, ¿cuál es el ADN distintivo de este libro?

-Efectivamente, la bibliografía sobre la etapa republicana es copiosa, pero está integrada por estudios generales sobre el periodo republicano y también hay una literatura muy abundante sobre la Guerra Civil, pero, sin embargo, no existe, que yo conozca, un estudio sistemático sobre la tarea desarrollada por el Gobierno Provisional durante unos meses trepidantes, de grandes cambios, y decisivos para el futuro de la República.

-¿Cuáles son las claves de esos seis meses de la República?

-En el fondo del libro, aunque no lo digo expresamente, latía en mí el deseo de que el lector vaya haciendo un análisis comparativo de dos modelos muy distintos de transición política: la vivida por España en 1931 y la experimentada en los años 1976-1978. Las claves de esos meses se hallarían en los siguientes fenómenos: deterioro profundo del orden público, incipiente insumisión catalana, falta de voluntad de acuerdo para redactar una Constitución en la que cupieren todos los españoles, recepción de la grave crisis económica de 1929, conflicto religioso y una ausencia de voluntad de concordia política.

-'Cuando no sabemos a qué puerto nos dirigimos, todos los vientos son desfavorables', cita a Séneca en el inicio. ¿Es una metáfora de la actual situación política?

-Creo que sí podría aplicarse propiamente a 1931, cuando se produce un vacío absoluto de poder. Considero que la situación presente de España es preocupante en determinados aspectos, pero bien distinta de la de aquellos tiempos, porque contamos con una Constitución de amplia base, con unos sindicatos que distan mucho de ser revolucionarios, porque estamos integrados en una superestructura política como es la UE, vivimos en una situación económica estable y con buenas perspectivas inmediatas, y disfrutamos de orden público. Son dos momentos históricos bien diferentes.

- Cuente el 'making of' de este libro. Cómo lo creo, tiempo que ha empleado, cómo ha volcado en él su alma de estudioso y escritor...

-El periodo republicano siempre me interesó y a lo largo de mi vida he ido leyendo mucho sobre esa etapa. No me costó mucho la redacción, porque disponía de muchas fuentes ya consultadas. Fue cuestión de ponerse a redactar y poco más. Muchas lecturas previas, pero poco más de dos meses de dedicación intensa a la redacción.

-Cuenta en su introducción que se sumergió en buscar respuestas porque ni en su familia las halló... ¿Sigue hoy ese silencio sobre nuestro pasado?

-Entre otros factores que motivaban mi interés estaba la experiencia vivida por personas de mi familia en aquella etapa, la ausencia de odio en los relatos escuchados, a pesar de que en mi familia hubo personas que fueron víctimas de uno u otro bando. Sin embargo, en mi casa nadie cultivó el rencor en el relato de los hechos pasados, sino que más bien nos transmitieron una necesidad política de concordia y diálogo, que yo plasmé en mi vivencia política personal como militante de la Democracia Cristiana primero, y de UCD después.

-¿Es revolucionario su libro al centrar la razón de la fractura de la República en la religión?

-Yo no llegaría a calificarlo de revolucionario, pero sí que he querido resaltar que el desencuentro grave y que provoca la ruptura del Gobierno es el tratamiento que la Constitución iba a dar al tema religioso, lo que supone la dimisión del Presidente del Gobierno y del Ministro de la Gobernación, así como la retirada de las Cortes de diversos grupos parlamentarios de significación derechista, e implica que todos ellos levanten como próxima bandera electoral la propuesta de reforma constitucional, incluso antes de que la nueva Constitución apareciera publicada en la Gaceta. Sin duda alguna, la causa de la primera fractura seria del nuevo régimen es el tratamiento dado al tema religioso, como el propio Azaña reconocerá en sus escritos.

-¿Hay en esto hoy un paralelismo con una ola de anticlericalismo y de división política?

-Aunque vivimos un proceso de regurgitación de un anticlericalismo que creíamos ya superado, no es comparable. Aunque hay un fenómeno que sí tiene un cierto paralelismo. Desde la fundación del PSOE, este partido nunca se había destacado por ser anticlerical, sino que ante el hecho religioso se producía con un cierto aire de indiferencia, pero sin embargo en el momento de redactarse la Constitución de 1931 el PSOE mantuvo posturas más extremas que las sostenidas en su historia pasada, por efecto del arrastre que le produjo el radicalismo del Partido Radical Socialista, frente al cual no quiso quedarse atrás en el debate constituyente. Hay un cierta semejanza ahora en la relación entre PSOE y Podemos, de suerte que la emulación hacia Podemos puede llevar a los socialistas del momento presente a posturas radicales que no forman parte de su tradición cultural y política.

-¿Le asusta algo del clima político que hay hoy en día? ¿O la palabra más bien sea decepción? O ninguna de ellas...

-Miedo no siento, preocupación sí, porque constato que determinados hábitos de diálogo y de encuentro que vivimos en la transición se han perdido, y se desea una relectura de la historia absolutamente tendenciosa y visceral. Me preocupa, por otra parte, el alejamiento de los jóvenes respecto de la política y la vida pública, pero han de ser conscientes de que el futuro se escribe con la participación de todos en su construcción.

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