La protección del mural de Renau obliga a aplazar la venta del edificio que lo alberga

La obra de Renau tendrá que esperar unos tres meses a que sea declarada Bien de Relevancia Local. / irene marsilla
La obra de Renau tendrá que esperar unos tres meses a que sea declarada Bien de Relevancia Local. / irene marsilla

El Ayuntamiento tardará aún tres meses en hacer efectiva la declaración de Bien de Relevancia Local del único fresco en la ciudad del artista valenciano

NOELIA CAMACHO VALENCIA.

La venta del palacete se Santángel, el edificio en el que se encuentra el único mural del artista Josep Renau en Valencia se retrasa. El procedimiento ya no es tan inminente gracias a que las Administraciones públicas han comenzado a dar pequeños pasos para proteger la obra y que no caiga en manos equivocadas.

El inmueble, situado en la calle Caballeros de la capital del Turia, tal y como adelantó LAS PROVINCIAS, iba a ser vendido como muy tarde en este mes de marzo que está a punto de empezar. Ya había ofertas sobre la mesa para adquirir un edificio que lleva en el mercado desde 2014. Sin embargo, el interés despertado por la urgente operación inmobiliaria ha hecho que el proceso se haya ralentizado. En primer lugar porque la Generalitat Valenciana, a través del departamento de Presidencia, preguntó por el coste y la superficie de la pieza. No hay que olvidar que, pese a que el palacete tiene un coste de 500.000 euros, la tercera planta del inmueble, donde está ubicado el único fresco de Renau en Valencia, podría comprarse por separado, es decir, podría desgregarse del resto del edificio.

No ha sido el único movimiento. Como publicó ayer este diario, el Ayuntamiento de Valencia ha iniciado los trámites para declarar el mural Bien de Relevancia Local (BRL), una catalogación que dotaría de protección a una obra que ha estado años sin ningún tipo de control por parte de las instituciones públicas. En este sentido, y como aseguraron ayer a este diario fuentes municipales, la declaración como BRL aún se demoraría unos tres meses, el tiempo que se tardaría en hacer efectivos los trámites para dotar de protección a la pieza. No obstante, desde el Consistorio insistieron en que el edificio ya cuenta con el amparo de la Comisión de Patrimonio, un ente que dictaminaría de forma negativa si los futuros dueños quisieran derribar o modificar el edificio.

Con todo ello, el mural sigue a la espera de que se materialicen todas estas intenciones. Su estado de conservación no es el esperable de un fresco único como es el mural de Renau. Y no lo es porque, durante años, nadie se ha decidido por salvaguardarlo de caer en el olvido. Ninguna entidad ha tomado las riendas de una problemática que se dilata en el tiempo. Sólo el Consell Valencià de Cultura (CVC) en 2015 alertó de la situación. Lo hizo a través de un informe que ayer mismo, y después de tres años, fue solicitado por el Ayuntamiento de Valencia. Así al menos se hizo constar en el pleno de la institución que tuvo lugar en la localidad valenciana de Gandia.

La esperanza por salvaguardar esta joya del arte valenciano pasa, inexorablemente, por las manos de Presidencia de la Generalitat, quien ha intercedido ante la falta de interés tanto de la Dirección General de Patrimonio de la Conselleria de Cultura como del Consistorio. Es más, como pudo saber este periódico, la Dirección General de Cultura y Patrimonio de la Conselleria de Cultura ya recibió en 2016 un informe en el que se le alertaba del peligro de desaparición de la pieza. En ese momento, la contestación del departamento que tutela Carmen Amoraga fue la de «solicitar al Ayuntamiento de Valencia a que proceda a realizar las anotaciones oportunas en la correspondiente ficha del catálogo del inmueble, a efectos de velar por su adecuada conservación».

El mural del artista valenciano ha sido repintado, sufre desconchones y grietas y requiere de unas manos expertas que le devuelvan el esplendor. De Renau se conoce su faceta como cartelista, pero no como muralista. Ni en Valencia ni en el resto de España se tiene constancia de otro fresco del pintor. Su atribución fue mérito de Manuel García, experto en el artista valenciano. El fresco, que se encuentra en el techo del baño, es muy colorido y refleja numerosos animales. El mural es de la década de los 30 y fue un encargo de los propietarios a Renau para personalizar la dependencia de la casa, que en los últimos años, cuando el palacete era un restaurante italiano, se utilizaba como baño.

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