El Prado celebra los diez años de la ampliación del museo a cargo de Rafael Moneo

MIGUEL LORENCI MADRID.

«Con la ampliación de Moneo en los Jerónimos hace una década el Prado vivió una revolución feliz que le catapultó del siglo XIX al XXI». Así resume el director de la pinacoteca, Miguel Falomir, la «década prodigiosa» que ha convertido al Prado en uno de los grandes museos del mundo. Lo hizo el día que en el que se cumplía una década de la inauguración de la ampliación más decisiva en dos siglos y en presencia de su artífice, Rafael Moneo. «No fue fácil, pero si me la planteara hoy haría lo mismo», dijo el arquitecto navarro, un premio Pritzker que cede el testigo a otro. Y es que cuando concluya la nueva actuación en marcha del Salón de Reinos de Norman Foster, el Prado será el único museo del mundo ampliado por dos ganadores del 'Nobel' de arquitectura.

«La ampliación marcó un antes y un después», dijo Falomir, muy satisfecho de que gracias a ella «se dispararan todos los indicadores del museo», que pasó de un poco más de un millón de visitantes a los tres millones del año pasado. Con un coste de 152 millones de euros, aportó mas de 22.000 metros cuadrados y también «trajo más rentabilidad, más medios y exposiciones más ambiciosas, multiplicó la oferta educativa y el patrocinio, y permitió restaurar más cuadros que nunca», enumeró. A su juicio, es la demostración de que «invertir en cultura no es un capricho ni una frivolidad; es algo tan esencial como invertir en infraestructuras. Si haces 50 kilómetros de AVE o de autovía, a todo el mundo le parece bien, pero a veces se piensa que invertir en el Prado es una frivolidad», lamenta Falomir.

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