Ponce hizo toreo del caro en Teruel

Ponce durante su actuación ayer en Teruel.
Ponce durante su actuación ayer en Teruel. / FOTOS APLAUSOS/BASCON

Cortó dos orejas a los toros de Adolfo Martín pero no puedo salir a hombros con Morenito en el homenaje a Víctor Barrio

JOSÉ LUIS BENLLOCH

Camino de Pamplona en el mapa taurino aparece Teruel con su feria del Ángel. Ayer fue escenario de una excelente tarde de toros en la que Ponce sublimó el toreó y le quitó una velocidad a la lidia para hacerse definitivamente eterno. Eterno y joven, eso es lo que parecía cuando remataba su segunda faena de rodillas con aires novilleriles. La plaza se puso en pie y lo celebró al grito de torero torero. Era lo que tocaba. Teruel es menos universal que Pamplona, no hace falta recordarlo, en realidad ha tenido que reivindicar su existencia a golpe de slogan publicitario y aún sabiendo que existe queda lejos de la exposición mediática que supone San Fermín, pero es feria igualmente entrañable y festiva para sus gentes que también la viven a pulmón libre. Este año en lo taurino todo ha estado recargado de una emotividad especial, maldito sea el porqué. Se cumple el primer aniversario de la muerte de Víctor Barrio. ¡Que pena! Por la muerte de un hombre joven cuando más cerca parecía de alcanzar sus sueños de siempre y por el resentimiento social que despertó.

Pero la fiesta sigue y la mayoría mantiene viva la admiración hacia los toreros a la vez que ejerce el respeto a las ideas ajenas. Ayer se llenó la plaza como no se recordaba, torearon los mismos compañeros de Víctor Barrio en aquella infausta tarde, Curro Díaz y Morenito, que tuvieron que hacer un sobreesfuerzo de concentración y se incorporó Enrique Ponce que quiso homenajear de esa manera al compañero caído lidiando una corrida de Adolfo Martín nada menos. El maestro cuajó una tarde de pura excelencia. Su primera faena nació desde el dominio absoluto. Dominio de los tiempos, del escenario, de la distancia y de las alturas, también desde el temple, para torear a cámara lenta, por los dos pitones en muletazos que terminaban al final, allá donde rompen las olas y la fuerza del toro se hace playa. Lo aderezó todo con golpes de inspiración, con ese toreo por abajo que interpreta elegante y exclusivo. Mató de medía fulminante y al usía le pareció que aquello en Teruel no valía más de una oreja. Otra oreja le concedió en su segundo por una faena más buscada ante un toro noble y remiso. Los alardes finales de rodillas enardecieron al respetable y el presidente volvió a considerar que aquello valía otra oreja aunque una faena y otra se pareciesen como una pera y un tomate. Nada a tener en cuenta después de ver torear como se vio torear a Ponce en Teruel, el día que se homenajeaba a Víctor Barrio.

Morenito no se quiso quedar atrás y toreó con mucha reunión y muy asentado en los dos, con gusto y sentimiento. También cortó una oreja de cada toro. Curro Díaz, el menos afortunado en el sorteo, logró perlas sueltas y aunque no cortó orejas dejó la impronta de su toreo artístico. Los toros de Adolfo nobles e interesantes. Hubo brindis al cielo y a los compañeros, muchas emociones sueltas, Inma Vilchez cantó una soleá muy sentida antes de que las cuadrillas rompiesen la formación y al final ni Ponce ni Moreno se fueron en hombros porque a la autoridad le pareció poco bagaje artístico lo sucedido. Ni en Madrid.

Román volvió a nacer

La víspera, en la apertura ferial, hubo truenos y lluvia, cielo cárdeno y amenazante, buena entrada, homenajes y silencios de respeto, hasta dos, a la memoria de Víctor Barrio y de Fandiño, toros de Julio de la Puerta, con más fachada que fondo y un resultado artístico muy dispar. Excelente la faena de Paco Ureña, que va cuajando en un gran torero. Disgusto del mismo Ureña en su segundo que dio muestras de estar reparado de la vista e hizo imposible el lucimiento. Torerísimo por momentos Varea, que todo seguido se difuminaba en unas lagunas que tendrá que evitar si no quiere lastrar su futuro. Y sin inspiración ni suerte esta vez Padilla.

A la misma hora en Pamplona, Román, única representación valenciana en estos sanfermines, se jugó la vida frente a los toros de Cebada Gago. En realidad volvió a nacer si tenemos en cuenta como le cogió, le sacudió y corneó su primero sin más consecuencias que el destrozo indumentario. Con ese y con su segundo estuvo valentísimo, se ganó al público, cortó una oreja y ni uno ni otro le hicieron perder la sonrisa. Lo pude seguir en directo, milagros de la ciencia, desde la plaza de Teruel mientras las cuadrillas discutían si era milagro o ciencia que un toro tuviese la vista clara por la mañana y nublada por la tarde. ¡Pícaros!. No me quiero desviar, decir que Román sigue avanzando. Y sigue San Fermín.

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