Los poemas se convierten en viñetas

Viñetas de 'La voz que no cesa'. / lp

'La voz que no cesa' homenajea al poeta alicantino en el 75 aniversario de su muerte Ramón Pereira y Ramón Boldú adaptan al cómic la vida de Miguel Hernández

Carmen Velasco
CARMEN VELASCOValencia

Este año se conmemora el 75 aniversario de la muerte de Miguel Hernández (1910-1942), uno de los grandes poetas de la historia. De esta efeméride se sirve Astiberri para editar una edición revisada y ampliada de la biografía del poeta que se publicó en 2004. 'La voz que no cesa', de Ramón Pereira (Barcelona, 1980) y Ramón Boldú (Tarroja de Segarra, 1951), es un cómic oportuno que recuerda -que nunca está de más- la figura del autor alicantino, pero sobre todo vuelve a evidenciar que las viñetas son la herramienta narrativa válida para cualquier cuestión.

El cómic y la poesía se dan la mano de nuevo. Lo recuerda Joan Manuel Serrat en el prólogo de 'La voz que no cesa': «Quede claro que Miguel Hernández no es un poeta que dibuja como es el caso de Rafael Alberti o de García Lroca, para los que el dibujo adquiere vida propia más allá de su poética. Miguel Hernández usa el dibujo a modo de ilustraciones complemetnarias en los manuscritos de sus obras teatrales». Añade: «Todos los medios son buenos para acercarnos a la vida y la obra de alguien como Miguel Hernández. Por eso doy la bienvenia a este tebeo».

Por si el beneplácito del cantautor catalán no fuera suficiente, los autores han elegido con acierto los poemas del libro, algo que lo convierte es un homenaje ilustrado que se adapta a todos los públicos, tanto al lector frecuente de cómic como al habitual de la poesía.

'La voz que no cesa' es una obra eminentemente literaria. Recoge el periplo vital del autor de 'Llamo a la juventud', desde la infancia hasta su muerte. En las primeras viñetas se aprecia el trato del padre a su hijo. El primero priorizaba el trabajo de cabrero ante los libros: «Espero que dejes de perder el tiempo con las letras. Libro que te vea, libro que te quemo». La estancia del poeta en Madrid, su relación con Josefina Manresa y su estancia en la cárcel. En las viñetas se aprecia el respeto de los autores hacia Miguel Hernández. La contienda civil, el contexto histórico de la vida del poeta, sale reflejada sin maniqueísmo.

El cómic recurre a la escala de los grises en un guiño a la España que habitó el autor de 'Tristes guerras'.

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