«Necesitamos aprender a conversar con los pobres»

Ana Mercedes Botero, directora corporativa de Innovación Social en CAF, Banco de Desarrollo de América Latina.
Ana Mercedes Botero, directora corporativa de Innovación Social en CAF, Banco de Desarrollo de América Latina. / Virginia carrasco

La directiva colombiana Ana Mercedes Botero reclama iniciativas «de abajo arriba» para luchar contra el «problema altamente complejo»

ÁLVARO SOTO MADRID.

Dentro de poco más de una década el mundo se enfrentará a su examen más importante: la Agenda 2030, que marca ambiciosos objetivos en el desarrollo humano. Uno de los más importantes es la erradicación de la pobreza, una tarea para la que trabaja la colombiana Ana Mercedes Botero, directora corporativa de Innovación Social en CAF, el Banco de Desarrollo de América Latina. Botero ha presentado esta semana en España el informe 'Las dimensiones faltantes en la medición de la pobreza'.

-¿Cuál es la situación actual de la pobreza en Latinoamérica?

-Con la caída de los precios de las materias primas, en los últimos años la región ha sufrido y eso castiga siempre a los colectivos más vulnerables. Pero de manera colectiva se han visto grandes progresos. Depende de por dónde uno lo mire, el mundo está mucho mejor, pero sigue habiendo bolsones de pobreza muy graves, incluido en España. No hay que dejar atrás a colectivos olvidados por las políticas públicas, que son un rastrillo: cobija a mucha gente pero otros se quedan, no se alcanza a barrer todo. Los que quedan atrás son nuestra gran preocupación.

«Es muy importante conocer de la propia voz del colectivo vulnerable cómo percibe su situación» «La vergüenza por ser pobre provoca que alguien deje de salir de casa, lo que agraba su pobreza»

-Usted destaca la importancia del hogar.

-Los tres lugares básicos son el hogar, la escuela y el centro de trabajo, pero la familia, y sobre todo en edades tempranas, es imprescindible. Las habilidades blandas, el cariño de los padres y los hermanos, son fundamentales para empoderar a la gente, para darles herramientas que les ayuden a superar los obstáculos que uno encuentra cuando nace en hogares pobres. Especialmente entre 0 y 6 años, se está forjando el carácter de la persona y si los hijos, por ejemplo, ven malos tratos, acabarán replicando esos comportamientos.

-¿Cómo se puede entrar en los hogares?

-Necesitamos generar programas y acciones que sean cocreadas con los colectivos vulnerables. Nadie puede venir con la oferta de qué se debe hacer. Es muy importante conocer de la propia voz del colectivo vulnerable cómo percibe su situación y qué necesita. Desde el otro lado, desde quienes no vivimos esa situación, es muy difícil poder decir qué se debe hacer. Necesitamos aprender a conversar con los pobres, a hacerlos parte fundamental de las soluciones porque ellos mismos son protagonistas de su desarrollo. Ahora, no estamos acostumbrados a ello, trabajamos de arriba abajo y debemos aprender a hacerlo de abajo arriba para que sean copartícipes y opinen. La pobreza es un fenómeno altamente complejo y esa complejidad exige dos cosas: multiactores y multidimensionalidad. Cuanto más pobre se es, más compleja se vuelve la situación y el abordaje debe ser integral, no sectorial. Las mediciones tradicionales son muy valiosas, pero estudian condiciones materiales. Pero ¿qué hay del ser humano? Factores como la humillación o la vergüenza por ser pobre provocan que, por ejemplo, alguien deje de salir de su casa, lo que agrava su pobreza. ¿Cómo se descubre eso? Tenemos que ir detrás y ver qué siente esa persona para poder ayudarle. Volver a acercarnos a ese ser humano y fortalecer sus capacidades visibles e invisibles.

-¿Es el papa Francisco un ejemplo en la lucha contra la pobreza?

-Es un Papa muy cercano a la gente y nos habla de manera muy cercana y él ha hecho un enorme llamado a los valores, a la ética, de volver a los pobres. Estoy totalmente de acuerdo con esa filosofía. Es deber de todos acercarnos al prójimo. Algo tan sencillo como poner duchas, como él hizo en el Vaticano, es maravilloso. Veamos un caso concreto: si cada uno de nosotros adoptara, en sentido figurado, a un niño pobre y le pudiera asegurar un par de ropas dignas, alimentación sana e ir a la escuela primaria... Eso no cuesta nada, eso es casi lo que se gasta uno en maquillaje... Si ocurriera eso, uno entendería qué es lo que les pasa. Si en vez de hacer énfasis en el consumo excesivo lo hiciéramos en interactuar con esta gente...

-¿Qué proyectos concretos impulsan en CAF?

-Tenemos varios: empoderamiento de presos en las cárceles o educación financiera para grupos que tienen una relación ambivalente con el dinero. Pero hay un proyecto muy especial: trabajar con las habilidades sensoriales de las mujeres con discapacidad visual en la detección temprana del cáncer de seno. A las mujeres con discapacidad visual se las capacita en un método muy novedoso que les permite detectar malformaciones de tejido o tumores hasta 50% más pequeñas que lo que puede hacer un médico. Eso alivia un problema de salud pública y genera oportunidades de empleo para un colectivo que tradicionalmente está fuera del mercado laboral. En Perú ya tenemos cinco mujeres con discapacidad visual trabajando en la sanidad pública. Además, conseguimos reinterpretar la realidad y no ver la discapacidad, sino el talento. Somos un laboratorio de proyectos pequeños, pero estas iniciativas pueden convertirse en política pública.

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