Vida Festival, paradigma de la calidad y el buen hacer

Phoenix actuando en Vida Festival. / María Carbonell

El Vida Festival batió un nuevo récord alcanzando la cifra de 32.000 asistentes en el recinto de la Masía d'en Cabanyes (Vilanova i la Geltrú, Barcelona). Cuatro jornadas con Phoenix, The Flaming Lips, Real Estate, Fleet Foxes o Warpaint.

ALQUIMIA SONORA / MARÍA CARBONELL

El Vida Festival nace de la necesidad de dar continuidad y rentabilidad a la esencia del Faraday que agitó la actividad cultural y el ocio nocturno desde el escenario del Molí del Mar durante una década. Un festival de medio formato con un emplazamiento idílico, en plena naturaleza y con sus escenarios totalmente integrados en ella; la zona del bosque acoge a los de La Cabana, La Cova y El Vaixell, espacios con singularidad propia que hacen disfrutar de la música en directo de forma acogedora. Es uno de sus valores más destacados, una atractiva alternativa en la que fluye la intimidad (El Vaixell), la inquietud de conocer nuevas bandas (La Cabana) o el mágico efecto acústico de las cuevas (La Cova). Sus intervenciones en el espacio hacen que recorrer el recinto se convierta en una constante experiencia sensorial. Si sumas a todo esto una amplia oferta gastronómica, precios razonables, una programación amplia y nutrida de actividades dirigidas a los más pequeños y los mensajes del respeto a la música que lanzan, estamos ante el paradigma ideal de un modelo de festival de calidad y buen hacer.

Jueves 29 de Junio

El jueves el recinto abría sus puertas con la elegancia y sensualidad de la cantautora Marem Ladson en La Cabana. Las últimas horas de la tarde dejaron las actuaciones de Les Sueques, Joan Miquel Oliver, Alien Tango y Parcels. Nuestra primera parada en La Cova fue para ver a Rusos Blancos que nos cautivaron con su astuta y angulosa visión del pop; luminosos, orquestales, bailables, punzantes y ante todo, auténticos. De un directo brillante y con alta carga de belleza descendimos al escenario La Cabana; cambio de tercio para adentrarnos en la polvareda y oscuridad del hipnótico y desconcertante directo de Guadalupe Plata. Blues, rock, toques de jazz y la psicodelia convocados para desarmarnos de un plumazo.

Estrenamos el escenario Estrella Damm con la visita de los franceses Phoenix para presentar su último trabajo “Ti amo”. Un directo en el que nos faltó pegada, mucha pegada pero que cumplió con creces las expectativas del público. Con un setlist que se centró en mostrar sus puntos fuertes, maravillando con los temas más efectivos de “Ti amo”, como la canción que le da título con la que arrancaron o el hit bailable por excelencia de “J-Boy”, y rescatando las joyas de su amplia trayectoria como “Entertainment” o “Lasso”. Una actuación más que solvente con una puesta en escena con una buena entrega y un fantástico juego de iluminación a pesar de que fallará uno de sus recursos en el escenario a causa de una tormenta. Parece ser que el suelo luminoso que sí pudimos ver en imágenes en pantalla (la era del dron, ya saben) y sus efectos tenían que quedar reflejados en un enorme espejo. La cota de grandiosidad hubiera sido mayor sin duda, una lástima.

A la noche ya le llevábamos ganada unas cuántas horas y ya acuciábamos cansancio pero cogimos fuerza para recorrer una vez más todo el recinto para llegar a La Cova para ver a Las Bistecs. Kilómetros de más bien aprovechados porque su actuación fue una sorpresa extraña a la par que gratificante. Descubrir un directo dónde te puedan romper los esquemas de la música con tan solo un tema es algo muy atípico dentro del maremágnum de terrenos más que transitados. A Alba Rihe y Carla Moreno no hace falta encasillarlas, ellas mismas lo hacen definiendo su música como electro-disgusting. Música electrónica con performance mediante, con la intención de molestar y no dejar diferente a una sociedad saturada de información. Rompedoras, divertidas, honestas. En una palabra, maravillosas.

Los últimos cartuchos de la noche fueron quemados por la propuesta electrónica del dj Erol Alkan en el escenario Estrella Damm y la propuesta de rock, blues, garaje y punk del King Cayman en el escenario La Cabana.

Viernes 30 de Junio

El segundo día del festival fue el que copó las cotas de más intensidad con el punto álgido a destacar de la inolvidable actuación de The Flaming Lips. La tarde comenzaba con el directo de Gener que junto a Senior i el Cor Lomax y Tórtel fueron la representación valenciana del festival, la más significante hasta la fecha. De su presencia en el festival y de otros temas tendremos más detalle en un artículo especial que verá la luz los próximos días.

El Vaixell acogió las actuaciones de la catalana Pavvla y la murciana Lidia Damunt. Dos actuaciones que invitaban al recogimiento en lugares recónditos dónde refugiarse y dejarse llevar por un cúmulo de sensaciones; purificadoras, elegantes y con una huella tan personal que premió la oportunidad de su descubrimiento. Una apuesta en femenino que aunque no nadara en una súper abundancia sí que muestra una mayor cuota de representación en este festival.

Lo que acontecería unas horas más tardes en los escenarios grandes solo lo podemos calificar como una de las mayores muestras de lo que la música de calidad puede consagrar en sus directos. Dr. Dog dejaron ya una solvente y correcta actuación que fue un fiel reflejo del bagaje de musical que ejecutan de forma magnífica; sin alardes, con mucha modestia, firmaron un concierto esplendoroso.

Antes de las actuaciones más esperadas de la jornada nos acercamos a La Cabana para volver a ese firme afán de descubrir. Era el turno de The Secret Society, banda que no se prodiga mucho en el directo y que podríamos considerar casi como banda de culto. Otra de las joyas del Vida Festival, es brindar momentos únicos. Y éste, aunque solo pudiéramos disfrutar tres canciones, fue uno de los más capitales.

El paso de Devendra Banhart podría haber dejado mejores frutos aunque cumplió con creces las expectativas. Mensajes y más mensajes entre sus canciones que resguardaban el sentimiento universal del amor restaron el tiempo real de disfrutar en totalidad de su música. Destacamos temas como “Fancy Man” o “Long Haired Child” y la versión en castellano de “Sound+Vision” en el primero de los dos homenajes a David Bowie del festival, ésta última seguida de “Carmensita”.

Real Estate, The Flaming Lips y La Casa Azul; un trabazón de altura con poco lugar al descanso pero trazando una trilogía antológica en la historia del festival. Real Estate nos sonaron como una ecuación matemática casi perfecta. A pesar de los pequeños problemas técnicos, dejando de lado la menor brillantez en la parte vocal, y olvidando por completo al grupo de chicas que casi empañan uno de nuestros directos más esperados, los de Nueva Jersey controlaron a la perfección de sus melodías. Y en esa cualidad transitó gran parte de su concierto; los múltiples matices de sus guitarras y el don que tienen de enroscarte en espirales interminables de felicidad, los elevó en una de las grandezas de la noche.

Lo de The Flaming Lips fue de otra liga. De la de los campeones que embellecen sus canciones con un espectáculo variopinto y de tintes circenses. Parafernalia que acrecentó la exaltación del público durante todo el concierto. Un acierto comenzar con dos de sus temas más emblemáticos, “Race for the Prize” y “Yoshimi Battles The Pink Robots Pt 1”, que fue el momento de la lluvia de confeti y soltar globos de colores, muchos globos, muchos colores, un estallido de máxima felicidad que queda perpetuada en la memoria. Difícil no volver a él una y otra vez. La figura inabarcable y excesiva de Wayne Cone nos dejó momentos de gloria (a pesar de las bajadas de voz en algunos momentos); salir a lomos de un unicornio de altura considerable en “There Shoul Be Unicorns” o metido dentro de una bola gigante en la que se lanza al público en su versión de “Space Oddity”, es algo tan rotundamente fantástico ¿No creen?. Cerraron con “Do you realize??” con la palabra “Love” en las pantallas al ritmo de los latidos del corazón. Épicos y abismales.

El final de la fiesta aún no había llegado, fueron La Casa Azul (una de las primeras confirmaciones del festival) los encargados de rematar el grado de agitación que llevaba el público a altas horas de la noche. No desluce su regreso que no hayan entregado nuevo disco en mucho tiempo, tirando de clásicos como “Sucumbir”, “Siempre brilla el sol” o “Superguay”, el formato de banda con el que esta girando durante los meses estivales por el mapa festivalero engrandece la calidad y originalidad de su propuesta.

Sábado 1 de Julio

La mañana del sábado contó con las actuaciones de Bigott y Parcels en La Daurada Beach Club, situada en el Muelle de Poniente de Vilanova i la Geltrú junto a la playa de Ribes Roges, con unas vistas que son un auténtico balcón al mediterráneo.

Comenzamos la jornada con la actuación de Enric Montefusco en el escenario La Masia temiendo a la lluvia y al viento. Pero todo quedó en la tormenta emocional que supone disfrutar de “Meridiana”, primer trabajo del catalán (ex-Standstill). Sin sorpresas y con el planteamiento ya más que establecido durante estos meses de rodaje, su presencia en el festival no supuso más que otra buena muestra de que haga lo que haga, va a llegar a lo más alto. Solo ofreciendo su talento y carisma; sin pestañear, con humildad y con total honestidad. La banda que lo acompaña engrandece y profundiza la suerte lírica e instrumental de su nuevo trabajo. Directos, orgánicos y enigmáticos. El final bajando al público que han venido marcando todos sus conciertos en esta ocasión tuvo fallos técnicos (quedándonos sin amplificación) que impidieron a muchos de los presentes llegar a escuchar y conectar de esa forma tan visceral que pudimos vivir en su paso por Valencia.

El concierto más multitudinario en El Vaixell fue el de la portentosa Rosalía junto a Raül Refree, que ya puede considerar el escenario su segunda casa. ¿Qué podemos destacar de este concierto? El talento a raudales de la propuesta y el respeto del público con el entorno y la intimidad que aquella actuación requería.

Mishima abría el escenario Estrella Damm en un atardecer rojizo y tan bello que parecía dibujado para lo extraordinario de su música en estado puro. Ya caída la noche, nos metimos en La Cova para caer en la profundidad de la sonoridad que Pau Vallvé y su banda nos arrojaron. Contundencia, un gran muro de sonido bien construido y medido, y la brillantez de su lírica, fueron más que suficientes para ofrecer uno de los directos más válidos. Todo ello desde la sencillez que le caracteriza. Delicioso y emotivo.

El paso de Fleet Floxes era uno de los más perseverados por el público y por la misma organización. Las sensaciones fueron positivas para los presentes, desde aquí solo podemos decir que calidad la tienen, a raudales, pero nos faltó un poquito más de pegada o de entrega o vete tú a saber qué más. No, nos llegó a convencer. Eso sí, tienen maestría en prodigar un folk tan emotivo y delicado con el que pudimos conectar en algunos momentos.

La sorpresa fue la de Warpaint que se marcaron un directo enérgico dentro de la que puede ser una puesta en escena más comedida. Aún así creo que han ido soltando lastre y se han liberado de corsés, hecho que hace ganar enteros a sus canciones. Oscuridad, hipnotismo, explosiones de baile y virtuosismo en los instrumentos. De los claros triunfos de la noche. Y de ahí a otro encuentro en clave femenina con las madrileñas Las Odio que pusieron el fin a nuestro Vida Festival. Con tan solo un disco, “Futuras esposas”, publicado este mismo año, han conseguido revolucionar el panorama musical. Aunque sea el de los pequeños recintos. Presentes en muchos festivales y girando por el circuito de salas seguro que irán cogiendo ese rodaje que tanto les hace falta para ir perfilando de una manera más sólida sus directos. Eso sí, desde que las vimos en su primera visita a Valencia hasta esta enérgica actuación que fue directa al grano y sin concesiones, podemos asegurar que ya han cogido fondo. Más liberadas, más divertidas, más perfectas.

El Vida Festival este año ha conseguido crecer en cuanto a público asistente. Un crecimiento que no queda solo en números sino que adquiere también un matiz admirable al seguir conservando su filosofía de programación para traernos a un festival bandas más difíciles de ver. Sin repetirse, ni copiar carteles de nombres vacíos y saturados hasta la extenuación, con el firme objetivo de deleitar al respetable. Para su próxima edición ya han anunciado que no quieren seguir creciendo en cuánto al tamaño de su recinto se refiere y a Nick Mulvey como su primera confirmación.

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