«Prometo morir haciendo música»

Después de dos años de descanso y reflexión, el cantautor malagueño regresa a los escenarios «con plena libertad» Pablo Alborán Cantante

VÍCTOR NÚÑEZ JAIME

madrid. Dice Pablo Alborán que 'Prometo' (Warner) es «el más personal y el más libre» de todos sus discos.

-¿Después de un parón de dos años se ha hecho mayor?

-Pues sí. ¡He cumplido años! [ríe] Yo creo que sí he madurado. Sobre todo he aprendido a quererme un poco más. Y a tomarme las cosas de otra manera. Las buenas y las malas. Pero todavía me queda muchísimo más por madurar.

-En esos dos años, ¿qué ha dejado de lado en su vida?

-El fustigarme, el recordar constantemente momentos malos y extraños, o engaños. Y ahora le deseo lo mejor a todo mundo. Incluso a las personas que no me han hecho bien.

-¿Qué era lo que más le aturdía?

-Yo mismo. Quería controlarlo todo, quería que todo fuese perfecto. Pero en el trabajo hay que relativizarlo todo. Más cuando es un trabajo tan emocional como el mío.

-Además de eso, dijo que hacía una pausa para aprender inglés. Pero todavía no canta temas en ese idioma, ¿se apuntó a clases y al final no fue?

-Hay que aprender inglés. Pero no por una cuestión comercial, sino personal. De momento puedo comunicarme con productores y técnicos anglosajones. ¿Cantar en inglés? No sé si más adelante.

-¿La industria discográfica le hacía sufrir?

-Es que la industria... ¡es otra cosa! Haces un disco y entras en un mercado... y entonces ya eres un producto. Hay que competir y todo eso puede llegar a mermar o contaminar tu manera de componer. Y eso lo sufro. Porque puede llegar a desvirtuarte. Por eso en este disco quise sentirme totalmente libre.

-Tan libre se ha sentido que ha incursionado en la canción-protesta.

-Bueno, 'Boca de hule' puede entenderse así. Pero en realidad es una canción que pide amor y que es un grito de libertad. Habla de un encuentro cara a cara con el poder.

-Está empeñado en ser normal, pero su vida no es muy normal...

-Mi vida sí es normal. Mi trabajo es el que no es normal. Mi casa y mi familia son muy normales. Y cuando salgo con mis amigos hago lo mismo que un chico de mi edad. Dedicarme a lo que me dedico no ha cambiado mi vida cotidiana.

-Ya se le olvidó cómo hacer conciertos?

-Este disco a nivel sonoro es muy diferente. Intentar que la gente se emocione en un concierto y haya una conexión perfecta entre la voz y un piano o una guitarra, requiere un mayor esfuerzo. Porque, además, hay un momento en el que hay que pasar a lo electrónico. Ahora tengo un director musical que me ayuda a resolver todo esto.

-Por cierto, ¿qué promete?

-Prometo morir haciendo música, que es la única certeza que tengo en mi vida. Y no es cualquier cosa, ¿eh?, porque hay veces que uno puede llegar a perder la ilusión. Por fortuna, a mí la música siempre me levanta.

-¿Qué pasó con el sofá blanco que usaba para los vídeos que colgaba en 'YouTube'?

-Pues ahí está. Lo mandé a tapizar porque mi otro perro le mordió las esquinas. Y, metafóricamente, el sofá blanco está en cada escenario que piso. Siempre. Es mi punto de partida.

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