«Mi flamenco es promiscuo y marciano»

Francisco Contreras, el 'Niño de Elche', posa en la sede de su discográfica en Madrid. / Alberto Ferreras
Francisco Contreras, el 'Niño de Elche', posa en la sede de su discográfica en Madrid. / Alberto Ferreras

«La intoxicación musical es una riqueza», dice el heterodoxo artista ilicitano, que pone de nuevo el género patas arriba con su quinto disco Francisco Contreras, 'Niño de Elche' Cantaor

MIGUEL LORENCI MADRID.

«Experimental, promiscuo y un poco marciano». Así es el flamenco del 'Niño de Elche' -Francisco Contreras (1985)-, cantaor iconoclasta que vuelve a poner el género patas arriba con 'Antología del cante flamenco heterodoxo', un doble CD y triple vinilo que llega el 23 de febrero. En un caleidoscopio de 27 temas, reinventa todos los palos. Saetas, fandangos, seguiriyas o tanguillos se mezclan con música electrónica, clásica o rock. Escritor, 'performer', compositor y agitador, «intoxica» su flamenco con Shostakóvicho 'Esquirla'.

-Su flamenco es impuro, extraño y ¿un poco marciano?

-Si conociese a los marcianos, quizá me sintiera reflejado. Quién sabe. Soy flamenco 'ex'. Merodeo la zona flamenca pero tengo un gran contenido flamenco. ¿Marciano? Pues seguramente sí.

-Heterodoxo, desde luego.

-Sin duda. Transito por los caminos que abrieron otros heterodoxos, que son muchos más de los que pensamos. Músicos entrometidos que con sus intoxicaciones hicieron otro el flamenco.

-Además de promiscuo, en el mejor sentido, su flamenco es experimental y radical.

-La promiscuidad musical es una riqueza, en especial para el flamenco, que siempre se ha movido ahí. Soy experimentador porque soy flamenco, pero no todo lo que hago es experimental. No hay nada raro en ser un flamenco experimental y radical. Son actitudes, no posicionamientos. Radical es moverse hacia la raíz. Es apasionante empezar un proyecto siendo uno y acabar siendo otro. Transformarse en lo musical, lo político y lo ideológico. Desplazarte, moverte es un éxito. Si te transformas, quizá transformes al público.

-Mezcla a Guy Debord con la mística. ¿Le interesa más la filosofía que la 'jondura'?

-Todo está muy unido. La 'jondura' no está solo en el flamenco. No sabemos si es más jondo Debord, Val del Omar, Cagancho, Lola Flores, Valcárcel Medina o Andy Warhol.

-Alterna lo tierno y lo salvaje en este su quinto disco.

-Esa tensión es lo más cercano a lo que podemos entender como lo natural, si es que existe. La química, que es lo que somos, también trabaja en esas tensiones.

-¿Reclama comprensión o respeto para su flamenco intoxicado?

-Respeto. La comprensión ni depende de mí ni es una necesidad. Intoxicarse ha sido muy enriquecedor para el flamenco, que es un arte degenerado. Como decía José Luis Ortiz Nuevo, se ha construido desde esa degeneración.

-¿Qué es el duende?

-Manuel Agujetas decía que es el coco. Se puede traducir en mil cosas. Darle el sentido que más te interese según qué momento. Pero hay que activarlo. Con drogas, con sesiones de respiración de varias horas, de improvisación... El duende necesita siempre al otro y eso es lo interesante. Si lo encuentras y nadie lo percibe, lo que hagas pasará sin pena ni gloria.

-A Camarón lo condenaron los puristas y a usted no le regalan los oídos.

-Me enfrento a ellos. Es novedoso y no están acostumbrados. Les digo que luchan por una utopía, que es la ortodoxia, y que tienen todas las de perder. Tratar de construir la ortodoxia es un oxímoron. Incluso Antonio Mairena construye su ortodoxia desde la heterodoxia y la vanguardia. Es la paradoja del flamenco.

-¿Flamenco y música clásica se enriquecen?

-Depende de la época y el artista. Son dos géneros bastante anquilosados, incluso cuando se juntan. Y lo hacen sin violencia, sin intoxicarse en exceso. Para que haya intoxicación debe haber iconoclastia, heterodoxia y actitudes más radicales. Ahora la lógica artística hace que se den poco.

-El flamenco ¿necesita revoluciones?

-Nace de la revolución sociopolítica. No de la grandilocuente que se proponía en el siglo pasado, sino de las pequeñas.

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