Un corazón que latía por las dos orillas

La cantante y actriz María Dolores Pradera, en un imagen tomada en 2012.
María Dolores Pradera

Por encima de estilos y modas, María Dolores Pradera paseó su poderosa voz por toda la música hispana | Fallecida con 93 años, se hizo eterna con un vasto repertorio cantando «con tanto corazón como cabeza» a lo largo de siete décadas

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

María Dolores Pradera pudo ser una gran dama del teatro y el cine, pero eligió convertirse en la gran señora de la música. Dejó las tablas y los platós para surcar las olas de las músicas de raíz latina. Para derramar lisura con su fina estampa y regalar a varias generaciones el poder, el calor y el señorío de una voz única y ya eterna. Nadie pudo imitar la profunda elegancia vocal de esta doble e ilustre embajadora de la canción, capaz de fundir en su garganta y en su alma América y España, respetada y admirada aquí cuando cantaba las canciones de allá, y viceversa.

Mezcla de elegancia, sobriedad y pasión, durante siete décadas tendió puentes entre todas las orillas, acentos y compases de la música hispana. Abordó un repertorio tan vasto como múltiple, insuflando vida a temas clásicos y populares que siempre cantó «con la cabeza y con el corazón» y «buscando cariño antes que admiración».

Su poderosa voz, «un poco hombruna», según ella, se hizo eterna con un repertorio muy variado

A los noventa y tres años se apagaba su portentosa voz y se agigantaba su leyenda. Se hacía eterna una voz consagrada a engrandecer lo mejor y más rico de la canción española e iberoamericana. Una vida de dedicación absoluta al trabajo que amó y que la obligó a vivir a caballo entre dos continentes geográficos y musicales, a cruzar el Atlántico mil veces, a viajar sin desmayo de la ranchera al fado, de la copla al bolero, de la milonga a la samba, del flamenco a la chacarera.

El resumen de este inacabable viaje está en el casi medio centenar de discos que lega -una treintena de oro y platino- con el inconfundible sello y la clase de 'La Pradera'. En la hondura de una voz «un poco hombruna», según ella, pero reconocible para abuelos, hijos y nietos de una misma familia, toda una rareza en estos tiempos de vértigo digital y un logro al alcance de muy pocos artistas. «Este es un mundo difícil en el que siempre se está empezando, incluso cuando te reconocen toda un vida de dedicación a la música», declaraba orgullosa al recibir la Encomienda de la Orden de Isabel la Católica y convertirse con pleno derecho en «Ilustrísima».

Nacida en Madrid el 29 de agosto de 1924, «recriada» en Chile, nunca se propuso María Dolores Fernández Pradera desempeñar ninguna embajada. Empeñada en ser actriz tras crecer en plena guerra civil, no acabó el bachillerato. Cimentó su carrera dramática como meritoria en los escenarios teatrales, donde se presentó adoptando el apellido materno tras la temprana muerte de su padre. Memorables fueron sus interpretaciones en dramas de Casona, Chéjov, Benavente o García Lorca y sus versiones de 'La Celestina', 'El jardín de los cerezos', 'Mariana Pineda' o 'Fortunata y Jacinta'.

Participó en una veintena de películas tras debutar en 1941 como extra en 'Porque te vi llorar' y rodar luego títulos como 'Altar Mayor', 'Yo no me caso', 'Inés de Castro' o 'Embrujo'. El actor Fernando Fernán Gómez, que confesaba enamorarse «siempre de las más guapas», la llevó al altar. Estuvieron casados desde 1947 hasta 1957. El matrimonio tuvo dos hijos, Fernando y Helena, pero se rompió para siempre.

Sensibilidad y personalidad

Comenzó a coquetear con la canción en los cincuenta. Debutó en la 'boite' de Alazán y grabó su primer disco en 1960 sin bajarse de las tablas. Pronto superó modas, fronteras y estilos con un repertorio que incluía baladas, boleros, coplas, rancheras o fados. Hizo propios temas de la peruana Chabuca Granda -'La flor de la canela' sería para muchos 'La flor de la Pradera'-, de Horacio Guarany, -'El corralero'-, Mercedes Sosa, Alfredo Zitarrosa o Violeta Parra, Armando Manzanero, Vicente Fernández o Juan Gabriel, entre los de allá, y Quico Sánchez Ferlosio, Amancio Prada o Carlos Cano, entre los de acá.

Excelente persona, artista de fina sensibilidad y poderosa personalidad, devino en una de las mejores embajadoras de España en América y de América en España. Con su voz honda y su manera de decir, tan intensa en la ironía como en el drama, incorporó un buen puñado de canciones a la banda sonora de nuestras vidas.

Con su estilo sobrio, ataviada casi siempre en el escenario con ponchos, mantones o túnicas, y acompañada por las guitarras de sus inseparables Santiago y Julián López Hernández, 'Los Gemelos', o por los Sabandeños en otras ocasiones, no dejó de llenar teatros, vender discos y actuar en televisión. De concitar el favor de públicos de todas las edades y latitudes. De ganarse el respeto de la crítica y de la profesión interpretando temas como 'Amarraditos', 'La flor de la canela', 'Fina estampa', 'Toda una vida', 'Que te vaya bonito', 'Dos amores', 'Limeña, 'El tiempo que te quede libre', 'El rosario de mi madre', 'Contigo en la distancia' o 'Caballo prieto azabache'.

Activa casi hasta los noventa años, alternó el bolero con el fado, la copla, la milonga o la samba

Realizó dúos memorables con artistas de generaciones y estilos tan diversos como José Carreras, Raphael, Paloma San Basilio, Enrique Bunbury, Amaia Montero o Ana Torroja. Enferma, dejó los escenarios entre 1984 y 1987. De vuelta y recuperada, no paró hasta 2012, cuando una afección respiratoria la obligó a cancelar su última gira. Su última actuación tuvo lugar en junio de 2013, en la madrileña plaza de toros de Las Ventas, donde interpretó una de sus canciones más icónicas, 'Fina estampa', otro icono de Chabuca Granda.

Su carrera se resume en discos como 'A mis amigos' (1988), 'María Dolores' (1989), 'Entrañable' (1990), 'Por Derecho' (1992), 'As de corazones' (1999), 'Canciones del alma' (2003) o 'Al cabo del tiempo' (2006). En sus dos últimos discos, de 2012 y 2013, recopiló grandes éxitos cantando junto a Pablo Alborán, Miguel Poveda, Estrella Morente, Joaquín Sabina, Miguel Bosé, Ana Belén, Rosana, José Mercé o Joan Manuel Serrat. «Soy una especie de madre de todos mis amigos», decía esta muy querida 'Mamá grande' de la canción folclórica.

Adiós real a la gran dama de la canción

Los Reyes destacaron la capacidad para «tender puentes entre culturas» de esta «enamorada de la música iberoamericana» al ofrecerle su «adiós emocionado» a «la gran dama de la canción» a través de la cuenta oficia de Twitter de la Casa del Rey. Por su capilla ardiente desfilaron colegas y amigos como Rosa León, Massiel, Rosana, María Teresa Campos o Iñaki Gabilondo, además de políticos como Manuela Carmena o Ángel Garrido.

Su hija Helena Fernán-Gomez la despedía «como una gran madre, una gran mujer y una gran amiga además de una gran artista». El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, hizo lo propio y a través de Twitter trasladó su pésame a «la familia, compañeros y seres queridos de la actriz y figura muy relevante de la canción española».

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