Jorge Tabarés: «Hoy en día existe una ruptura entre el compositor y el intérprete»

El pianista valenciano Jorge Tabarés. / LP

El joven valenciano, que estudia en el Mannes College de Nueva York, defiende «la pasión por la música» y espera tocar en el Palau y Les Arts Jorge Tabarés Pianista

Noelia Camacho
NOELIA CAMACHOValencia

Apenas ha superado la barrera de los 20 años pero el pianista valenciano Jorge Tabarés tiene las ideas muy claras. Hace unas semanas que tocó en Valencia, su tierra. Concretamente en la Fundación Bancaja. En la actualidad, tras haberse alzado con numerosos premios y reconocimientos, estudia en el prestigiosos Mannes College de Nueva York, donde comparte clases con los grandes nombres de la lírica internacional. Con un brillante futuro por delante, el joven músico anhela actuar en el Palau y en Les Arts.

-¿Cómo se siente al tocar en Valencia, su tierra?

-Para mí es una tremenda alegría poder tocar en mi tierra. Amo muchísimo a mi país. Tenemos suerte de haber tenido tantos buenos escritores, poetas, pintores, músicos, filósofos... A veces muy ignorados por muchas personas. Me gustaría hacer muchos más conciertos en mi tierra, pero me llena de ilusión saber que con mi música estoy ayudando a mantener esta rica tradición cultural.

-¿Qué cualidades debe tener un buen pianista?

-En mi opinión, hoy en día existe una ruptura entre el compositor y el intérprete. Parece que el compositor es el único encargado de crear. Yo no comparto esta idea. El intérprete tiene casi la misma labor creativa que el compositor. Debe estudiar la partitura, llegar a entender las intenciones del compositor, entender el mensaje global de la obra, y después utilizar toda su imaginación para aportar a la obra detalles que no existen en la partitura. La partitura es sólo un puente que el compositor sugiere para llegar a una idea más grande. Es muy difícil desarrollar esta capacidad de deducir detalles que no están explícitos en una partitura.

-También es compositor, ¿hay apoyo para los autores contemporáneos?

-Por un lado, es evidente que las nuevas tecnologías nos ayudan muchísimo a los compositores a difundir nuestra música. En este sentido, para los autores contemporáneos su música es más accesible. Si hace más de cien años sentías curiosidad por saber cómo es la música de un determinado autor, no tenías más remedio que esperar hasta que alguien tocase algo suyo en un concierto. Por otro lado, en Mannes College, donde ahora estudio, y en general, en todo Estados Unidos, las universidades y conservatorios ponen mucha facilidad a los estudiantes compositores.

-Estudia en EE.UU. ¿Fue por decisión propia o es que en la Comunitat no encontró oportunidades?

-Fue decisión propia. Nueva York es una ciudad que empezó a cautivarme desde mucho antes de irme allí a estudiar. Diría que sobre todo fui influenciado por todas las experiencias fantásticas que me transmitían amigos músicos, que ya habían hecho su carrera allí, y que me animaban a que me aventurase hacia los Estados Unidos. Quien más me inspiró y me ayudó fue, sin duda, Josu de Solaun, un gran pianista valenciano al que admiro profundamente. También es cierto que Nueva York es una ciudad que ofrece un sinfín de posibilidades, no sólo a músicos, sino a todos los artistas en cualquier campo. Hay allí una cultura musical arraigada muy fuerte.

-Pertenece a una tierra de músicos, en la que hay una banda en cada municipio, dos grandes auditorios como el Palau y Les Arts... ¿Cómo radiografía el sector musical de aquí? ¿Se puede vivir de la música?

-Por supuesto que se puede vivir de la música. Se puede vivir de cualquier disciplina si te entregas con pasión a ella. Debo decir que no soy un profundo conocedor del sector musical valenciano ya que paso la mayor parte de mi tiempo en Nueva York. Sí que es cierto, que la música es una carrera tremendamente exigente, que te exige cultivar diversos aspectos para ganarte la vida, como son, la pedagogía, música de cámara, música como solista, o incluso composición.

-Con algo más de 20 años, tiene un palmarés lleno de premios y reconocimientos. Ha compartido clases con grandes nombres de la lírica internacional y estudia en Nueva York con una beca. ¿Qué aspectos de su corta pero ascendente trayectoria más valora?

-La verdad, estoy profundamente agradecido por cada profesor que he tenido a lo largo de este trayecto. En España, empecé a estudiar piano a los tres años, con el profesor Jesús García, en Valencia, y más tarde continué con Cristina Casale y Emmanuel Ferrer-Laloë. Ferrer-Laloë fue, sin lugar a dudas, quien más influyó en mí antes de irme a América. Él estudió con la grandísima pedagoga francesa Monique Deschaussées, y fue quien primero me dio a descubrir a uno de los pianistas que más admiro: Alfred Cortot. A los 18 años me fui a América y continué estudiando con Irina Morozova, una gran pianista y pedagoga rusa, mi máxima influencia musical hasta ahora. También me siento muy afortunado por haber podido conocer, y estar estudiando composición con Lowell Liebermann.

-En Valencia, ¿dónde le gustaría actuar? ¿Ha recibido alguna oferta o contacto de los grandes auditorios de aquí?

-Aún no he tenido la oportunidad de tocar en uno de estos dos grandes auditorios. Sin duda, me encantaría poder actuar en cualquiera de ellos. Ambos, el Palau o Les Arts son de enorme interés para cualquier músico, por supuesto.

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