Camela: «En Chile nos escoltaron los antidisturbios por los fans»

r. c.

Ángeles Muñoz y Dioni Martín son cuñados bien avenidos | Él era vendedor ambulante y ella, encuadernadora

ANTONIO PANIAGUA

Ángeles Muñoz y Dionisio Martín, Dioni, son el dúo Camela, uno de los grupos que más discos han vendido en España con un estilo inconfundible que algunos llaman erróneamente 'tecno-rumba', aunque de rumba no tenga nada. Son cuñados -Dioni está casado con una hermana de Ángeles, Lucía- y se han recorrido España con su pop aflamencado y sus canciones de amor y malquerencias. Por algo han sido llamados los Pimpinela españoles.

- Antes de dedicaros a la música, ¿qué hacíais?

- Dioni: Yo he sido vendedor ambulante toda la vida. Procedo de una familia que ha trabajado mucho en mercadillos vendiendo ropa. Mis padres ya son muy mayores y lo han dejado, pero mi hermana sigue vendiendo bañadores y biquinis. Y en invierno, la típica batita.

- Ángeles: Yo trabajaba en una tienda de encuadernación, algo que me gustaba mucho.

- Habéis vendido siete millones de discos. Vuestra carrera parece contradecir el principio de que es imposible triunfar sin salir en 'Los 40 Principales'.

- Dioni: Al principio no salíamos ni en radios, ni revistas ni periódicos. Nada de nada. Con nuestro primer disco, 'Lágrimas de amor', solo nos invitaron una vez a TVE, a un programa que presentaba Bárbara Rey, hace ya 23 o 24 años. Y eso que logramos vender un millón de discos.

- ¿Habéis triunfado también en América?

- Ángeles: Llegamos un poco tarde, pero en 2001 viajamos a Chile y para llegar a una tienda de discos donde íbamos a hacer un 'playback' tuvimos que ser escoltados por los antidisturbios. Había tal concentración de gente en la calle que fue lo nunca visto. Jamás había ocurrido algo así, ni con Marta Sánchez ni con Cristian Castro.

- Se ha dicho hasta el aburrimiento que vuestra música es la que se escucha en ferias y mercadillos y que se puede comprar en gasolineras. ¿Tiene eso algo de malo?

- Dioni: Algunos lo dicen con retintín. Pero a nosotros eso siempre nos ha dado igual. Nuestro primer disco era de una compañía chiquitita e independiente, de modo que nuestra música se vendía en los mercadillos y los expositores de carretera. Era su circuito. Con el segundo elepé ya no tuvieron más remedio que despachar nuestros discos en los grandes almacenes.

Novios y enamorados

- Vuestras letras hablan obsesivamente de amor y desamor.

- Ángeles: Es que se nos han acercado novios que nos dicen que se han enamorado con nuestra música, y gente que te cuenta que en muchísimos años de matrimonio, gracias a nosotros, nunca han tenido que usar la Viagra.

- Dioni: Como cantamos canciones de desamor, nos llamaban los Pimpinela españoles.

- ¿Qué es lo que más os indigna de la España actual?

- Ángeles: Que a la gente pobre le quiten las casas mientras los ricos se están forrando. Hay muchas injusticias, y no me excluyo. Puedo garantizar que somos de los artistas más baratos.

- ¿Y eso por qué?

- Ángeles: No hay que subirse a la parra ni volverse loco. Preferimos que la gente pueda pagar una entrada barata a que no pueda venir a nuestros conciertos. Tenemos fans de todas las edades y no todos los niños pueden pagar 20 euros, por ejemplo.

- ¿Cómo lleváis que algunos humoristas os imiten?

- Dioni: Yo es que me río hasta de mi propia sombra. Nos han imitado grandes humoristas como Los Morancos, Cruz y Raya y Carlos Latre, lo cual nos llena de orgullo. Es verdad que otros humoristas, a lo mejor, nos han tirado un poco por tierra, pero, si te digo la verdad, no siento ni frío ni calor. Te lo tomas a cachondeo y ya está.

- Tenéis fama de tratar muy bien a vuestros admiradores.

- Ángeles: De pequeña acompañaba a mi madre a los conciertos que ofrecían Manolo Escocar, El Fari, Rocío Jurado, Maricarmen y sus muñecos y gente así en Parquesur (Leganés). Como era una cría, me daban preferencia y siempre conseguía autógrafos. Mi madre los guardaba entre las hojas de un libro para que no se estropearan. Eso me ha hecho saber lo importante que son para algunas personas sus ídolos. Hemos llegado a estar firmando autógrafos y haciéndonos fotos con los fans durante tres horas después de un concierto que duraba dos. Nuestro mánager nos los reprochaba. Pero, ¡¿cómo voy a dejar sin autógrafo al último, si el pobre es el que más ha estado esperando?!

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