Las Provincias

El 'outsider' de la música clásica

James Rhodes, ayer, en el Palau de la Música de Valencia. :: damián torres
James Rhodes, ayer, en el Palau de la Música de Valencia. :: damián torres
  • En vaqueros, en penumbra y conversando con el público. El pianista James Rhodes, que actúa el día 26 en Valencia, derrumba estereotipos

Zapatillas deportivas, vaqueros oscuros y sudadera negra con las letras en blanco 'Chopin'. El compositor polaco junto a otros, como Bach, Beethoven y Rachmaninov (nombre que lleva tatuado en su antebrazo derecho), han convertido a James Rhodes en un superviviente. «La música me ha salvado la vida». El pianista inglés lo escribió en el libro 'Instrumental. Memorias de música, medicina y locura' (Blackie Books) y lo repitió ayer sobre el escenario de la sala Rodrigo del Palau de la Música, donde presentó su concierto del próximo 26 de noviembre. «Es inimaginable estar vivo sin música y lo mejor de todo es que no es necesario tocarla, sino que basta con escucharla», comentó.

Con Rhodes no valen las etiquetas, los clichés, los estereotipos. No importa cómo viste, sino quién es, qué hace y cómo ha superado su pasado. «Siempre me siento una rara avis», dijo. En el escenario y fuera de él. El pianista británico se autodefine como «outsider».

Concertista de prestigio, contó los abusos que sufrió cuando era niño a cargo de su profesor de boxeo en un libro tan conmovedor como brutal. «Todos los días me llegan correos de gente con problemas. ¿Cómo ayudarles? Que acudan a las asociaciones y si encuentran a la persona adecuada, que hablen con ella», asegura el músico, quien no oculta ni maquilla su pasado: «Yo ya estoy bastante jodido, no puedo salvar a nadie». La música fue su aliado (así lo cuenta en 'Instrumental') y considera que puede ser el salvavidas de otras personas: «Incluso los sentimientos de mayor sufrimiento se vuelven bellos con la música clásica».

Armado con un piano es capaz de tumbar muros y romper barreras en el mundo de la música. Ya ha conseguido algunos logros, por ejemplo, fichó por Warner pero tras la experiencia fundó su propio sello. Más casos. Logra que los programadores de los auditorios más exclusivos acaten sus normas: Rhodes habla con el público antes y después de cada interpretación, viste 'jeans' y zapatillas, las luces están apagadas durante el espectáculo y no hay programa de mano del concierto. Así será su actuación en Valencia con el leit motiv de la fantasía y con piezs de Chopin, Rachmaninov, Schubert, Bach y Beethoven. «Es difícil cambiar las tradiciones», afirmó. Rhodes se siente un intruso en el universo musical, por eso trata de crear un mundo a su medida y llegar al público. Sin postureo. «Los auditorios son los últimos reductos para estar durante minutos sin televisión, sin teléfono y escuchando música... para poder escapar». Otra muestra: «Jamás le diría a un joven que Beethoven es más importante que One Direction o Justin Bieber», según Rhodes, quien abogó por «no segregar» la música.

Su próximo reto: «Todo el mundo puede tocar el piano. Con prácticar todos los días 45 minutos durante seis semanas es posible». Bromeó: «El domingo se puede descansar». Su nuevo libro, que se publicará en breve, ofrecerá las instrucciones para conseguir que todos se pongan manos al piano.

El concierto de Rhodes, en palabras de la concejal Glòria Tello y del director del Palau, Vicent Ros, encarna el espíritu de hacia dónde se quiere dirigir el coliseo.