«El Museo del Prado tiene una vocación nacional pero no abrirá franquicias»

Miguel Falomir, ayer, antes de recoger el premio Universitat-Societat de la UV. / irene marsilla
Miguel Falomir, ayer, antes de recoger el premio Universitat-Societat de la UV. / irene marsilla

Miguel Falomir, director de la pinacoteca, hace balance de su primer año al frente de la máxima institución artística de España y reivindica al Bellas Artes «como el gran museo valenciano»

NOELIA CAMACHO VALENCIA.

Recién llegado a la capital del Turia, el director del Museo del Prado, el valenciano Miguel Falomir, atendió a LAS PROVINCIAS antes de recoger el premio Universitat-Societat del Consejo Social de la Universitat de València. Minutos antes, Falomir aseguró a este periódico que El Prado tiene una vocación española. A su vez, reivindicó al Bellas Artes como el «gran museo valenciano» y dijo que en la capital no sobran centros culturales.

-En marzo cumplirá un año en la dirección del museo. ¿Qué balance hace de este tiempo?

-Ha sido un año de adaptación. Nada te prepara para ser director del Prado, ni siquiera los dos años que he estado como titular adjunto. El museo tiene dos grandes proyectos para los próximos años: uno es el bicentenario, que empieza en noviembre, y luego el proceso de ampliación. Básicamente, lo que he hecho este tiempo es planificar lo que van a ser estos dos grandes proyectos. El trabajo tiene una parte intelectual, pero mucha parte administrativa, de dotar al museo de la plantilla adecuada. Y buscar el dinero para llevar a cabo estas iniciativas.

-En los últimos tiempos hemos sido testigos de la apertura de franquicias de museos en otros países. Dos ejemplos, el Louvre en Abu Dabi o el Pompidou en Málaga. ¿Pasa por sus planes para el Prado esta idea?

-No. El Prado fue pionero en expandirse fuera de su sede. Pero desde el siglo XIX, siempre ha sido un museo de vocación nacional que, como todas las pinacotecas, tiene un espacio físico que en este caso es Madrid. Ya en aquel momento se empieza una política de depósitos y hay más de dos mil obras depositadas en museos nacionales y en edificios públicos. Para nosotros es más importante reforzar los museos ya existentes que ir abriendo franquicias, que también desvirtúan lo que es un museo.

-¿Sigue en la pelea de buscar más presupuesto?

-Eso es algo que le pasa a todos los directores de museos. Puede que algunos piensen que el Prado está en una situación privilegiada, pero es cierto que el museo es la única institución cultural española que no recibe dinero público suficiente ni siquiera para cubrir las nóminas de sus empleados. Es un centro que, desde hace más de diez años, tiene la oportunidad de buscar sus propios fondos. Lo ha hecho de forma tan excepcional que ha llegado hasta más del 70% de autofinanciación.

-Hace unos meses, el Prado inauguraba una muestra de Cai Guo-Qiang. ¿Se abre un nuevo camino para el arte contemporáneo en la oferta cultural del museo?

-No. Lo importante de la pinacoteca es que tiene que llegar a la sensibilidad contemporánea. Pero lo que no vamos a ser nunca es ser un museo de arte contemporáneo per se. Para eso ya está el Reina Sofía, donde, por cierto, otro valenciano, Manuel Borja-Villel, lo está haciendo magníficamente bien.

-En un momento en el que se habla de una crisis de las autonomías, ¿sirven los museos para vertebrar un país?

-Yo nunca he tenido ninguna duda de que el Prado es un museo estatal, no madrileño. Por desgracia, debe haber gente que piense que no es así. Pero un ciudadano inglés no piensa que el British Museum es un museo londinense, sino británico. Esa es una idea que aquí parece que no está tan clara. La situación de un país no se resuelve desmembrando sus instituciones culturales.

- Imagino que conoce la realidad cultural de Valencia, ¿qué le parece que el IVAM quiera establecer una nueva subsede a costa de otro museo como el MuVIM?

-Conozco la realidad valenciana pero no lo suficiente para opinar. Aunque, en un principio, ningún centro cultural está de más. Pero también es verdad que aquí ha habido un periodo de inflación de instituciones museísticas, sobre todo, hemos creado instituciones que se han llamado museos que eran salas de exposiciones, dignísimos, pero que no tenían colección propia. Eso está muy bien cuando la economía va muy bien, cuando va mal, se quedan vacíos y ponen a la vista sus carencias.

-¿Cómo ve el rumbo que ha tomado el Bellas Artes de Valencia?

-El Bellas Artes tiene, principalmente, un problema presupuestario y un problema de plantilla que es atroz. Es un museo, que yo no voy a entrar si es el segundo, el tercero o el cuarto de España por colecciones, pero sí que sé que por trabajadores no está ni en quinta posición. Lo primero que hay que hacer es dotar a las instituciones de un personal mínimo para llevar a cabo exposiciones. Hasta que eso no se resuelva, es imposible pensar en grandes proyectos. Siempre ha sido el gran museo valenciano y debe seguir siéndolo, pero es una pinacoteca, no un santuario donde se obran milagros. Se puede tener todo el talento del mundo pero si no hay unos recursos mínimos...

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