Ara Malikian: «Mi pelo es un poco salvaje y yo lo trato como tal»

EFE

El violinista libanés de origen armenio intentó encajar en el mundo «arrogante» de la música clásica, pero no era feliz | Lleva 17 años en España, donde se enamoró del gazpacho el primer día que llegó | Mañana actúa en Valencia

SUSANA ZAMORA

-Cuándo decidió soltarse la melena?

- Hace ya algunos años. Por entonces, me sentía atado, tenía que encajar en un mundo que no era el mío. Por eso, me alejé de aquel ambiente tan encorsetado, estricto, arrogante y estirado. Intenté encajar durante años, pero cuando salí de él se me abrió una galaxia a mi alrededor.

- ¿Le han criticado mucho por eso los puristas?

- Cuando empecé, apenas hablaban de mí; luego empezaron a burlarse; después, a criticarme y, ahora, que saben que voy por mi cuenta, ya nadie dice nada. Se metían más conmigo cuando estaba dentro que ahora.

- ¿Se considera una nota discordante en la música clásica?

- No, porque yo nunca he hecho las cosas para ser, simplemente, diferente. He querido hacerlas a mi manera porque así lo entendía y me hacía feliz.

- Por su violín ¿mata?

- No. Le tengo un gran cariño, porque arrastra una gran historia familiar, pero no suelo personalizarlo con nombres y tampoco le hablo como a una persona. Es un trozo de madera muy valioso para mí, que me ha ayudado a ser feliz.

- ¿Lo cambiaría por un Stradivarius?

- Nunca. El violín de mi abuelo es como un amuleto para mí.

- El nombre de su tour 'La increíble gira de violín' es una declaración de intenciones. ¿Quién es más increíble usted o su violín?

- El violín, por supuesto. El adjetivo de increíble no lo uso como impresionante, sino como difícil de creer, porque durante mi juventud inventaba historias sobre él para que pareciera más importante y más glamuroso. El violín salvó a mi abuelo del genocidio armenio hace 100 años. Alguien se lo dejó y así pudo formar parte de un grupo musical e ir al Líbano, donde rehizo su vida.

- ¿Se volvería a «disfrazar» para volver a tocar en una orquesta?

- El disfraz de la orquesta ya lo tiré a la basura. Fue una época en la que aprendí mucho, en la que toqué música sinfónica y ópera, pero es pasado. He descubierto otras cosas y soy muy feliz fuera del foso.

- Cualquiera diría viéndole sobre un escenario que su vocación fue la de ser acróbata...

- Para mí es algo natural. La música me hace feliz y me lleva a mover el cuerpo. Durante años me sentía frustrado, porque estaba prohibido moverse. Ahora, que he descubierto mi manera de ser en el escenario, lo estoy disfrutando.

- Cuando usted descansa, ¿también le da vacaciones a su violín?

- En general, tengo poco tiempo para descansar y cuando lo hago son por periodos de tiempo muy cortos. Los suelo aprovechar para descansar físicamente, pero nunca puede pasar un día sin que toque el violín. Tengo que seguir estudiando diariamente para mantener la forma.

- Tuvo una infancia complicada y parte de ella la pasó en refugios antiaéreos. ¿Guarda cicatrices que aún le duelen?

- Son recuerdos que tengo escondidos que no me gusta contar. Si uno se queda en lo dramático, no hay forma de seguir adelante. Para lograr ser feliz, hay que olvidar las cosas trágicas.

- ¿Cómo vive la realidad de los refugiados?

- Hay más de 65 millones de refugiados en el mundo y no se encuentra una solución para ellos. El problema no es solo dónde viven, sino su falta de futuro.

- ¿Le ha llegado a guardar rencor a su padre por las horas que le obligaba a ensayar de pequeño?

- No. Practicaba muchas horas, pero le estoy muy agradecido.

- ¿Nos desvelaría su truco para mantener esos rizos tan ideales que luce?

- (Risas). Apenas le presto atención a mi pelo. No uso nunca el mismo champú, ni tengo el mismo peluquero, me corto donde puedo y como puedo. Mi pelo es un poco salvaje y lo trato como tal.

- Tanto dar vueltas por el mundo y acaba en España...

- He vivido muchos años entre Alemania, Inglatera y Francia. Cuando lo perdí todo en un incendio en Alemania, menos mi violín, para mí fue una señal de que necesitaba un cambio y pensé en España, donde había dado algún concierto. Desde el primer día me hicieron sentir muy bien.

- ¿Le dolió que tardaran en darle la nacionalidad?

- Dolerme no, pero cuando uno quiere hacer las cosas legalmente encuentra más obstáculos que cuando utilizas los enchufes.

- Con 17 años ya en el país, ¿se ha acostumbrado al gazpachito en verano?

- No es que esté acostumbrado, es que me enamoré del gazpacho el primer día que lo probé.

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