«Hay que llevar la Constitución al taller»

El cantante ofrecerá un total de 25 conciertos en 2017. Abajo, en su primer recital en la universidad parisina. / LUCA PIERGIOVANNI

El valenciano Paco Ibáñez vuelve hoy a la Sorbona, el foro que le catapultó en 1969. Apuesta por renovar la Carta Magna en una España federal, alejada de «franquistas y bolcheviques»

JOSEBA VÁZQUEZ

Hay regresos inevitables. Paco Ibáñez Gorostidi (Valencia, 1934), el cantante que tanto debe a muchos poetas, el músico al que muchos poetas deben tanto, vuelve esta noche a la Universidad de la Sorbona, donde hace 48 años más de 6.000 estudiantes se congregaron para escuchar al hombre que ha puesto melodía a centenares de versos. El niño que vivió sus primeros pasos en Barcelona, correteó por los verdes prados del caserío materno Apakintza, en Guipúzcoa, y ya de joven compartió exilio francés con sus padres, cantará de nuevo en ese respetado foro académico dentro de los actos por el centenario del Instituto de Estudios Hispánicos de París.

- ¿Qué simbolismo guarda este nuevo concierto en el mismo escenario?

- El simbolismo de que voy al nido de la cultura. La Sorbona es una de las universidades más antiguas, existe desde el siglo XIII. Ahí se cultiva la cultura, el pensamiento, las emociones, los sentimientos. Aquel concierto era un homenaje a la rebelión de los estudiantes franceses del 68. La Sorbona sigue ahí, representando la cultura y el conocimiento.

- Aquel mismo año ofreció, también en París, el mítico recital del Olympia, pero hubo antes otro muy relevante: el de diciembre de 1968 en el Teatro de la Comedia de Madrid. Entonces aún vivía en Francia y, en plena dictadura, vino para homenajear a poetas represaliados por el franquismo.

- Eso ya fue de cante jondo, de verdad, je, je... Recuerdo que estaba todo lleno de grises, estábamos rodeados, y vinieron muchos poetas, Celaya, Caballero Bonald, Blas de Otero, Gloria Fuertes... Hubo un ambiente histórico.

- En 1971 la Dirección General de Seguridad le prohíbe cantar en todo el territorio español. ¿Llegó a verse en la cárcel?

- Hombre, cuando se fue el monstruo y muchos pudimos volver a España, resulta que en Barcelona a un policía que estaba en Pasaportes yo lo conocía desde hacía años. Me saludó y me dijo: 'Paco, lo siento pero te tengo que detener'. Sí, había dos órdenes de detención contra mí.

Poemas en vuelo

- Acaba de aludir a 'la marcha del monstruo' y se da la circunstancia de que Paco Ibáñez nació un 20 de noviembre...

- Sí, mira... coincidencias. Eso se llama el bien y el mal, las dos caras, je je...

- A falta de poco más de un mes para cumplir 83 años, acabará este 2017 con 25 conciertos. Parece un artista incombustible.

- Bueno, a nivel creativo los artistas somos incombustibles. No conozco un artista que desde que se levanta hasta que se acuesta no esté pensando en qué hacer, qué novedades plantear... Estamos inmersos en la creatividad, es como una enfermedad esa necesidad de crear.

- Su trayectoria comenzó hace 61 años, musicando el poema 'La más bella niña', de Góngora. Desde entonces ha adaptado más de 150 textos de autores españoles y latinoamericanos. Dalí llegó a decir que usted es «la más española de todas las voces».

- Pues mira, bien. Española o universal, he tratado de poner la voz que corresponde a la poesía. Neruda también me dijo 'tú tienes que cantar mis poemas'. Los poetas tienen la musa, la inspiración, y te sirven un milagro que yo soy incapaz de realizarlo y tú tienes la posibilidad de darles el vuelo porque, si no, esos milagros se quedan metidos en un libro. La poesía está hecha para ser cantada y oída; leída también se escucha, pero le ayuda una voz.

- ¿Tiene un poeta favorito y siente especial cariño por alguna canción?

- No. Es como si a una madre que tiene veinte hijos le preguntas cuál es el preferido; son todos, los veinte son un solo hijo. Depende de la canción y el tema. Por ejemplo, tomas 'Como tú', de León Felipe, si te identificas totalmente con ella y consigue expresar lo que tú quieres, en ese momento León Felipe es el mejor poeta del mundo. Sucede lo mismo cuando Celaya dice 'nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno', esa frase tan contundente que todos los niños tendrían que aprender y repetir mil veces... Si la gente interiorizara ese verso no estaríamos ahora con todo lo que está pasando en España, la tristeza esta con los catalanes humillados y vapuleados durante años y años. Ahora nos valemos de una Constitución que está obsoleta, que chirría por todos los lados y creo que lo que hay que hacer es arreglarla, recomponerla. Por ejemplo, el artículo 149 dice que un referéndum necesita una autorización; entonces, ¿qué libertad es esa? Quizás hay que considerar que esa Constitución ha cumplido su tarea y habrá que llevarla al taller a hacer una reparación. No hay que estar ni con los franquistas ni con los bolcheviques.

- Precisamente, el último de sus conciertos del año lo dará en Hospitalet en noviembre y usted vive en Barcelona desde hace más de veinte años. Con lo que está pasando, ¿es reeditable aquel 'España en marcha' que escribió Gabriel Celaya?

- No sé cómo se ha llegado a esta situación, por culpa de unos y otros. Hay que contemplar que esta Constitución ya está viejecita y apenas puede caminar sola. Pues vamos a reforzarla, a ponerle vitaminas para que pueda caminar sola. ¿La independencia de Cataluña? No creo que le convenga ni que sea la mejor opción para los catalanes. La mejor opción es que no se calumnie a Cataluña en el resto del país y que le den un estatuto en el que los catalanes se sientan representados dentro de una España federal. Lo que está ocurriendo es una reacción a lo que les han quitado.

Juventud comprometida

- ¿Le preocupa de algún modo una posible desmembración de España tal y como la conocemos?

- Es que no hay que plantearlo así. Planteado así parece que tienes que elegir entre el negro y el blanco, y no es así; hay muchos matices. Si cada uno tiene su terreno donde puede vivir y realizarse, ya está. Se trata de crear un marco de convivencia. Lo que está pasando ahora es muy grave; yo quiero mucho a Cataluña y me duele mucho lo que está sucediendo. El verbo principal para esta situación es dialogar.

- ¿Se siente conocido por las generaciones más jóvenes? ¿Aprecia en ellas un nivel de compromiso social similar al de la juventud de los sesenta y setenta?

- En mis conciertos también hay juventud que no quiere ser analfabeta. ¿Su compromiso? No lo sé. Por el momento no es tan palpable, pero seguramente sí porque, generación tras generación, la juventud ha demostrado su sensibilidad y sus ganas de ser ellos mismos y de que no les sirvan comida hecha por los demás.

- Se confiesa admirador de cantantes como Negrete, Brel, Piaf, Léo Ferré, Atahualpa Yupanqui, Mikel Laboa, Imanol,... pero ha dicho que Brassens es el Bach de la canción.

- Cuando escuchas a Bach, aunque no lo quieras, dices ¡qué grande!, no cabe en este mundo, no cabe en el universo... Y cuando escuchas a Brassens te pasa lo mismo; es un obrón de arte y para mí es el más grande trovador de la historia a nivel mundial.

- Ha conocido y entablado amistad con celebridades como Neruda, Alberti, Dalí, Oteiza, Goytisolo, Caballero Bonald, González Tuñón, Atxaga... Esto tiene que proporcionar un bagaje excepcional.

- Claro que lo llevas dentro. Es un enriquecimiento. He tenido esa gran suerte de haberlos conocido, de acordarte de su mirada o de palabras que te han dicho en momentos que has compartido con ellos. Es un privilegio.

- Habla castellano, euskera, catalán, francés... ¿Por qué no inglés?

- También hablo hebreo. Inglés no. Primero porque no me atrae y segundo porque hoy en día el inglés no es un idioma de comunicación, es un idioma de colonización que te hace perder tu personalidad. Yo no paro de pelearme aquí en Francia con el 'okey'. Si en Francia se dice 'd'accord'... Así con multitud de términos en inglés. Los vascos, por ejemplo, ahora han puesto el Basque Culinary Center. ¿Por qué ese nombre? ¿Cómo se dice cocina en euskera? Sukaldea, ¿no? ¡Pues ya está! ¿Es que sienten vergüenza de ser vascos? No puedo entender ni soportar ese servilismo a un idioma que te está deformando, que te quita tu identidad.

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