David Livermore, un motero afincado en el Saler

El ya exintendente de Les Arts, Davide Livermore. / Irene Marsilla
El ya exintendente de Les Arts, Davide Livermore. / Irene Marsilla

Nieto de jinete y amante de la velocidad, el exdirector artístico del Palau de Les Arts nunca se ha sentido atado al cargo. Presentó su dimisión dos veces harto de que se criticara su contrato y no fue admitida

C. VELASCO

El abuelo y el bisabuelo de Davide Livermore se dedicaron profesionalmente a las carreras de caballos en Inglaterra. Él no eligió ser jinete. Se decantó por la música, donde ha ejercido de pura sangre al frente del Palau de les Arts, un coliseo que nació como caballo ganador de la política cultural valenciana pero que ha perdido demasiadas carreras: la de la imagen internacional (la operación policial con la que se detuvo a Helga Schmidt dio la vuelta al mundo), la de los patrocinadores (están bajo mínimos históricos con apenas 220.764 euros), la del apoyo del Ministerio de Cultura (sólo 600.000 euros frente al Liceo de Barcelona -7,1 millones- y Teatro Real -9,3 millones-), etcétera...

Livermore recaló en la intendencia de Les Arts en un momento convulso, después de la destitución de Schmidt, imputada por los delitos de prevaricación, malversación y falsedad documental durante su gestión en el coliseo valenciano. Ahora se abre juicio oral contra ella y el director de escena dimite. Livermore defendió ayer la programación artística que su antecesora desplegó en el auditorio. Se limitó sólo a reivindicar su figura dentro de la lírica internacional. No tienen relación aunque fue la exintendente la que lo fichó para dirigir el Centro de Perfeccionamiento Plácido Domingo.

La única condición que impuso Livermore para asumir la intendencia en enero de 2015 fue continuar con su carrera de director de escena. Català aceptó la no exclusividad de Livermore, algo que también toleró el conseller Vicent Marzà.

El intendente costea la rueda de prensa de su dimisión de su bolsillo y abona 1.068 euros Los hijos de Livermore han hecho camisetas con las cifras de su sueldo: 135.000 euros

El intendente se alquiló un apartamento en la Patacona. Desde su casa a Les Arts se movía en moto, una potente BMW que aparcaba dentro del auditorio, al lado de los vehículos al servico de los VIP e invitados del coliseo. Hace meses cambio la Patacona por El Saler, pero no se ha despegado de las dos ruedas. Ni de la velocidad. Fue rápido en comunicar su decisión al conseller Marzà. Lo hizo el 26 de julio de 2016, el mismo día que LAS PROVINCIAS publicó la incompatibilidad de su contrato. Al leer la información en la que el auditor de Les Arts avisaba a la Generalitat de que el intendente no puede ser director de escena en otros teatros.

Un año después, el 26 de junio de 2017, remitió una misiva similar al secretario de Cultura, Albert Girona, que ha sido el interlocutor de Livermore ante la conselleria de Cultura. En la carta, volvía a poner a diposición su cargo dado que no se había encontrado la vía para solucionar los problemas de su contrato.

En dos ocasiones se frenó su marcha. No ha habido una tercera. Ante el borrador del informe del auditor de Les Arts de 2016, Livermore no quiere correr más. Se va. Él tampoco se ha dejado domar: no ha querido renunciar a su carrera como director de escena. En esta cuestión no ha dado su brazo a torcer. Lo dijo ayer y lo repite siempre: a él le contrataron como artista y por su carrera. Públicamente ironiza: «Soy una vieja puta de escenario». Con esta expresión se refiere a que lo ha hecho todo en la ópera, donde se ha labrado buenas relaciones personales. De hecho, uno de los grandes tenores del momento, Gregory Kunde, es amigo suyo.

Livermore ha demostrado que no se aferra al cargo, pese a que la intendencia de Les Arts le ha dado muchas alegrías y satisfacciones. Está encantado con el equipo del coliseo, aunque no toda la plantilla comulgue con la gestión del turinés.

Livermore se va harto de que se cuestione su contrato, por el que cobra 68.000 euros más dietas (135.000 euros anuales), y cansado de trabas administrativas que, según sus palabras, denotan que Cultura «no sabe qué es la ópera ni cómo se trabaja en Les Arts».

El contrato ha sido objeto de crítica fuera de Les Arts y también motivo de chanza en la familia del intendente. Sus hijos, tiene tres, han hecho una camiseta con las cifras del sueldo de su padre: 135.000 euros. No tiene inconveniente en hablar de su salario ni en exigir más dinero para los profesionales del coliseo. De hecho, su despedida de ayer la arrancó mostrando una factura. Dijo que paga de su bolsillo la rueda de prensa, una cantidad que asciende a los 1.068 euros.

Livermore deja Les Arts, pero quizá no abandone El Saler. Le gusta Valencia y, pese a la renuncia al frente del auditorio, confiesa a sus amigos que vivirá aquí. Desea continuar en esta orilla del Mediterráneo. De momento no planea mudanza e incluso quiere asistir al estreno de 'Don Carlo' el próximo sábado. Ha dicho a su círculo íntimo que no lo hará como intendente, sino que comprará una entrada. Aquí también necesitará algo más que velocidad porque apenas quedan localidades para las funciones de la pieza de Verdi. Livermore abandona el coliseo y deja el caballo de Les Arts para otros.

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