«La literatura es un espacio para las emociones que no son fáciles de compartir»

El escritor José Ovejero en LAS PROVINCIAS. / irene marsilla
El escritor José Ovejero en LAS PROVINCIAS. / irene marsilla

El autor madrileño vuelve al cuento con 'Mundo extraño', un libro que mezcla su corriente desaforada con la realista José Ovejero Escritor

MARTA BALLESTER VALENCIA.

José Ovejero pensaba que se había quedado estancado en el género del cuento, pero resurge con 'Mundo extraño', una serie de relatos divertidos o feroces, que van con soltura de lo íntimo a lo desaforado y de lo cotidiano a lo absurdo, a menudo dentro de la misma historia. Así de disparatado, como la vida misma. Detrás de su ironía hay una reflexión sobre cómo es la sociedad. El escritor disfruta ahora de su último título, pero ya tiene escrito su próximo: una obra de poesía, 'La mujer lenta', que le valió en 2017 el premio Juan Gil-Albert.

-¿De qué se compone este 'Mundo extraño' que ha creado en su nuevo libro?

-Tiene que ver más con una atmósfera que con una trama, un proyecto o un mensaje. Es un libro donde hay muchas emociones juntas. Puedes pasar del horror a la risa o de lo real a lo absurdo en un momento. Diría que este 'Mundo extraño' es terrorífico, pero a la vez comprensivo. Es como un espejo cóncavo en el que te ves un poco monstruoso, pero al fin y al cabo eres tú. Va a traer quebraderos de cabeza al lector porque bajo la ironía también hay una experiencia de dolor.

-¿Qué quería transmitir al lector?

-Quería crear cuentos que afectaran al público, es decir, que no lo cerrasen y ya está. Busco que el lector según vaya leyendo, aunque entre en ese universo absurdo que he creado al principio, poco a poco se vaya dando cuenta que ese 'Mundo extraño' es el suyo. No es que yo cree e invente mundos disparatados, sino que así es nuestra vida.

-Un golpe de realidad, pero ¿se sentirán identificados ante tanta honestidad?

-Cierto es que hay toda una parte de nosotros que ocultamos. Nadie es lo que aparenta. Pero somos conscientes de que todos tenemos una parte oscura, deseos inconfesables, miedos que no somos capaces de compartir con los más cercanos y todo ese mundo que esta ahí en ebullición por abajo es lo que de vez en cuando asoma en mis cuentos. Creo que está bien echarle un vistazo de vez en cuando. Pienso que la literatura es un espacio protegido para esas emociones que no son fáciles de comunicar, ni sencillas de compartir y de reconocerse a uno mismo.

-En algún relato hace referencia a sus obras y a su profesión de escritor, ¿Qué hay de usted en estas páginas?

-Hay algún relato donde efectivamente me baso en mi propia experiencia y cuento ciertos puntos oscuros de esta profesión, pero al mismo tiempo es ficción. Por tanto es una mezcla de la que el lector debe desconfiar.

-¿Qué temas trata de desenmascarar en este libro?

-Hablo de la muerte, de la familia, del fraude, del papel de la mujer o del triunfo profesional. Pero confieso que tengo debilidad por los dos cuentos de adolescentes. Les tengo especial afecto porque me parecen personajes muy vulnerables, muy frágiles, de esos que te gustaría acompañar en el camino y ayudarles.

-¿Qué le ha aportado personalmente adentrarse en esta historia y en estos personajes?

-He descubierto muchas cosas al escribir cada relato. Han despertado nuevos sentimientos en mí. Pero lo que de verdad me ha aportado es esa sensación de decirme que ahora puedo hacer cualquier cosa, porque pensaba que no podía escribir de esta forma. Pero me dije olvídate de los cánones del cuento, de lo que tiene que ser y juega en serio. Y sin ponerme limitaciones ni expectativas propias he jugado a lo que he querido y me ha encantado.

-¿Por qué después de diez años decide volver al cuento?

-Es un género que siempre me ha gustado mucho. Yo empecé escribiendo cuentos, pero me pasé a la novela porque cedí a la presión editorial. Además pensaba que ya había explotado todo en mis cuentos y quería explorar un espacio nuevo pero no sabía ni cuál ni cómo. Al final encontré la manera de unir las dos corrientes más claras que hay en mi literatura, que es una corriente intimista y psicológica, como puede estar en 'La invención del amor'; y una más absurda y delirante como puede haber en 'La comedia salvaje'. Ambas pueden dialogar en cuentos porque al final con las dos estoy hablando de la realidad que nos rodea. A lo que aspiro es a hacer lo que a mí me parece que es la mejor literatura, que es aquella que combina juego inteligente con el conocimiento.

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