«Trato de crear ficción histórica, no fantasía»

El escritor alicantino Juan Francisco Ferrándiz regresa al panorama literario con 'La tierra maldita', una fascinante narración sobre la Barcelona del siglo IX

N. CAMACHO VALENCIA.

Al alicantino Juan Francisco Ferrándiz (Cocentaina, 1971) se le puede considerar ya como todo un referente en lo que se refiere a la novela histórica. Si en su anterior texto 'La llama de la sabiduría' (2015) logró descubrir una Valencia oculta, ahora nos traslada a la Barcelona del siglo IX. Lo hace con 'La tierra maldita', un libro que desvela secretos de lo que él considera «una época bastante desconocida».

El lector debe situarse. Año 861. El ambicioso sacerdote Frodoí es nombrado obispo de Barcelona. Su ánimo se hunde en la desolación porque ese pedazo de tierra está situada en los confines de la Marca Hispánica, ciudad que ha sufrido numerosos ataques de los sarracenos y es, en ese momento, un enclave inhóspito y devastado. Pero este intrépido religioso se empeña en sacar al lugar de la miseria. Su misión lo enfrentará a las intrigas de una nobleza corrupta y a la superstición de un pueblo sin fe.

«Esta historia, aunque es ficción, tiene tintes de realidad. Lo que he querido es trazar una trama en la que los personajes empiecen de cero aunque hay optimismo y esperanza. Va creciendo conforme se lee. Hay sufrimiento, hay batallas... he sido más ambicioso que nunca. Sobre todo, al atreverme a describir una conspiración de nobles. Lo que yo he querido ha sido vibrar junto a los lectores y que los protagonistas vayan consiguiendo lo que quieren», asegura el escritor.

Sobre el personaje principal, ese sacerdote «enviado por Dios para evitar la aniquilación total de Barcelona», Ferrándiz cuenta que «está gustando mucho a los lectores». Porque, afirma, a través de sus ojos «se está descubriendo a una Barcelona que no se había visto nunca». «No es esa ciudad medieval que aparece en otras novelas, ese lugar burgués, sino que es una ciudad de mil habitantes, perdida en mitad de la frontera, encerrada en sí misma y condenada a morir», dice.

Es inevitable preguntar a Ferrándiz por la posibilidad de leer esta gran epopeya histórica en clave política. «Yo la escribí antes de que pasara todo esto. Los problemas de entonces no son los de ahora. En aquel momento luchaban por sobrevivir, ahora no es ese el motivo. Pero, en esta novela, sí que se ve el nacimiento de una entidad. Lo digo así de abierto. Porque en ese momento se están creando identidades como la gallega o la castellana. Forman comunidades y es lo normal. Tenemos un pueblo de godos que han tenido que cortar su lazos con Toledo y con el resto de España, relaciones familiares y de negocios, porque hay una frontera que es tierra de nadie. Hablamos de gente aislada, de la que Francia no quiere saber nada. Van pasando los siglos y generaciones y se crea una identidad», confiesa el autor.

Ferrándiz, sin embargo, no busca entrar en el género fantástico ni elucubra con leyendas. «Trato de crear ficción histórica, no fantasía. Sin embargo, al que le gusten las novelas con tintes fantásticos, esta le va a encantar porque no es esa novela medieval pura y dura, de nobles», asegura.

Por ello, no ha caído en la tentación de basarse en hechos fantásticos. «El freno se pone leyendo muchas novelas de ese género. Entonces, coges músculo en este tema y sabes qué línea no debes cruzar. Encima, yo soy un enamorado de la mitología. Me interesan mucho las leyendas. Pero el haber leído tanto te hace percibir lo que es creencia y lo que no. He intentado no pasar esa línea. A mí me gusta, a nivel de lector, saltar esa barrera. Aunque, en este caso, no lo he querido hacer. Yo quería contar lo que pasaba en una tierra maldita. Lo que más o menos pasó. No obstante, mis personajes sí que cruzan esa línea, es la pura naturaleza humana», dice.

Se muestra «muy contento» de que a Ildefonso Falcones le haya encantado la novela. Porque, el final, lo que nos descubre esta novela es esa «última frontera, un lugar maldito».

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