Sonsoles Ónega casa pasión y secesión en su nueva novela

Sonsoles Ónega. / EFE

Recrea el amor entre Carmen Trilla, la Greta Garbo de Barcelona, y Federico Escofet, oficial condenado por su fidelidad a Companys y la república

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

«Ante la adversidad la fuerza amor se intensifica; su poder se agiganta». Lo cree así Sonsoles Ónega Salcedo (Madrid 1977) que, en 'Después del amor' (Planeta), recrea la extraordinaria pasión que en tiempos de secesión unió a Carmen Trilla, la Greta Garbo de Barcelona, y a Federico Escofet, capitán del ejercito que se mantuvo fiel a la República y a Lluís Companys. Con este novelón a lo Ana Karenina sobre un amor «real y más poderoso que la vida», nacido en un encuentro fortuito en un tren, ganó Ónega el premio Fernando Lara en su XXII edición. Es la quinta novela de la periodista que encuentra en su oficio «gasolina» para sus relatos y que quiere seguir alternando la información y la ficción con la maternidad. «Todo un desafío», dice.

La heroína de esta historia «de sentimientos universales, de amor, resistencia, arrepentimiento y traición» es la bellísima Carmen Trilla. Sus hijas Rosa María e Inmaculada, hoy nonagenarias, compartieron con la autora la peripecia amorosa de su madre en un tiempo convulso de secesión, ira, guerra y muerte. Cuando romper un matrimonio para entregarse a un amor libre y sin bendiciones suponía una condena. «No es un novela sobre la Guerra Civil ni sobre la república o la secesión catalana», dice la autora de un relato que viaja de la Cataluña independentista de Companys al exilio y la II Guerra Mundial.

«El amor lo puede todo, lo conquista todo aunque genere los sufrimientos más profundos», dice la narradora de la extraordinaria pasión que unió «a un resistente, un militar íntegro, con galones en la Segunda República» como Escofet, y «a una gran luchadora por su independencia» como Carmen Trilla. Hija de la alta burguesía catalana, casada con un médico, la traición de su hermana le obligó a abandonar Barcelona en el tren en el que conoció a Escofet en septiembre de 1933.

En el alma de la novela late «el afán de independencia de una guerrera que se reveló contra su matrimonio roto cuando las mujeres no se rebelaban y estaban programadas para casarse, tener una familia y moldear un nido», explica Ónega. «Ahora usamos las herramientas que la política dio entonces a las mujeres para ejercer derechos básicos y conseguir la felicidad en el plano más íntimo, como fue el divorcio. Pero fueron muy pocas las que tuvieron un papel activo para cambiar la realidad», dice Ónega pensando en Victoria Kent y Clara Campoamor.

Doble homenaje

«La novela es un doble homenaje al poder del amor y a las mujeres que batallaron por su derechos, gracias a las que hoy podemos votar», reivindica. Mujeres que, como Carmen, tuvieron sentimientos de culpa al «aflojarse el corsé del matrimonio». Una culpa que según Ónega sigue lacerando a las de su sexo: «Es algo intrínseco en sus facetas más personales. Sentimos culpa por los hijos o por romper el matrimonio».

Los libros de Federico Escofet y la biografía del militar que escribió Xabier Febrés, junto a la «impagable hemeroteca de 'La Vanguardia'» han permitido a Ónega «reconstruir el itinerario real de ese amor, aunque en cada estación me he permitido ficcionar las escenas». «El periodismo de entonces fue brillante. No había tele y la radio iniciaba una era dorada. Las crónicas del proceso a Escofet son de una fidelidad y precisión pasmosas», se felicita.

Capitán de caballería, Escofet fue ayudante de los presidentes catalanes Maciá y Companys y jefe de los Mossos d'Esquadra, cargo al que accedió la noche del 6 de octubre de 1934, cuando la Generalitat de Cataluña proclamó de manera unilateral su independencia. Condenado a muerte, la pena capital se le conmutó por una condena menor que comenzó a cumplir en Cádiz. Herido en la Batalla de Teruel en la Guerra Civil, Carmen cuidó sus lesiones en un hospital de Barcelona. Pero emprenderían por separado el duro camino del exilio.

¿Viviremos otra declaración de independencia? «No sé qué pasará. Si tuviera la respuesta se la daría a Rajoy. Vienen tiempos muy convulsos en los que mirar al retrovisor quizá nos sirva. Lo que sí sé es que el puente del diálogo está roto. Que el afecto y el amor desde el Estado, si es que lo hay, no lo perciben en Cataluña» es el análisis de la periodista.

«Cuando Macià declaró la independencia, tres ministros del gobierno provisional de la República se plantaron en Cataluña de inmediato para tratar de reconducir la situación. Si hay cauces de diálogo de los que no tenemos conocimiento, está claro que han llegado tarde. Han tardado en entender la sensibilidad de lo que estaba pasando en Cataluña», dice Ónega. «Lo que tengo muy claro -agrega- es que en la solución no estará en una sentencia judicial. La política debe encontrar soluciones hay que reconducir la situación a través de diálogo, diálogo y diálogo».

El premio Fernando Lara coloca a Ónega en la grandes ligas editoriales, pero no piensa desertar del periodismo por la ficción. «La cohabitación me enriquece muchísimo. El periodismo para mí es gasolina y lo ha sido para esta historia», asegura. «Me hace tan feliz como escribir novelas. Mientras pueda hacer las dos cosas lo haré», dice esta madre de dos hijos que sueña con que la palabra «conciliación» tenga un significado pleno. «Las mujeres seguimos hoy incluyendo asuntos en la agenda política que de otra manera no estarían. Y entre ellos una verdadera conciliación. Sé que la gente bosteza cuando se dice, pero seguimos en una sociedad con inercias que penalizan a las mujeres que quieren tener una carrera profesional ya la vez ser madre y tener una familia».

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