«La realidad es más delirante que cualquier ficción»

El escritor valenciano Juan José Millás./Efe
El escritor valenciano Juan José Millás. / Efe

El escritor Juan José Millás publica 'Que nadie duerma', la historia de una mujer bondadosa que lucha por su libertad en un mundo «extraño»

ÁLVARO SOTOMadrid

Igual que a Lucía, la protagonista de su novela, a Juan José Millás se le colaban por las paredes y por las rendijas de su casa las óperas que su vecino ponía a todo volumen. Y esa música estremecía al escritor. «El mejor arte es el que te pilla a traición. Ese te llega hasta el tuétano», asegura Millás (Valencia, 1946), que vuelve a transitar en su nueva novela, 'Que nadie duerma' (Alfaguara), entre la realidad y la ficción, un sendero que domina con maestría.

La protagonista del libro de Millás, Lucía, es una antigua programadora informática que decide cambiar de trabajo y convertirse en taxista, una profesión que le permite convertirse en una especie de 'Don Quijote' del siglo XXI, y conocer gente superficialmente (un enfermo de cáncer, una representante de artistas), lo que ella desea porque tiene problemas de sociabilidad. A la vez, es una mujer de bondad infinitiva que debe enfrentarse a la maldad del mundo. Y todo ello mientras fantasea con convertirse en pájaro, en una de esas metáforas características de la literatura de Millás, y de fondo con la ópera 'Turandot', la que oye el vecino del que se ha enamorado.

«Llamamos cordura a un modo de locura. Lucía es un personaje delirante, pero la realidad es más delirante que ella, porque la realidad es más delirante que cualquier ficción que podamos imaginar», cuenta el escritor, que admite la existencia de un 'sello Millás', una manera de afrontar la escritura muy personal y que cuenta con infinidad de seguidores.

«A lo más que puede aspirar un escritor es a tener una voz propia. Si después de tantos años pensara que mi voz no tiene ninguna particularidad, creería que soy un fracaso», argumenta el autor de obras como 'La soledad era esto' (Premio Nadal), 'Dos mujeres en Praga' o 'El mundo', con la que se adjudicó el Premio Planeta y el Premio Nacional de Narrativa.

Cree Millás que su afición por la fantasía se remonta a su niñez, cuando la imaginación era su respuesta a la extrañez que le producía el mundo. «A mí todo siempre me ha extrañado mucho, el lenguaje, las relaciones con las personas, y convertí eso en un modo de vida. Se escribe desde el conflicto con la realidad, porque si no estás enfrentado con la realidad no escribes, igual que uno se hace lector porque existe un conflicto entre la realidad y él que se calma leyendo», argumenta el escritor.

     

Mundo extraño

     

¿Y es el mundo de hoy más extraño todavía que antes? «Estamos en un momento histórico que lo tiene todo como para extrañarse», afirma Millás; «venimos de conquistas políticas, sociales y económicas que creíamos que estaban aseguradas y que se están yendo al carajo. Por la edad que tengo sé lo duro que ha sido alcanzar muchas cosas y me produce una gran frustración ver que están desapareciendo tan rápidamente».

En este punto, la Lucía de la novela aparece como un 'alter ego' del escritor. «Ella es una mujer ingenua que está en busca de un orden que ya no existe, es un ángel en el mundo en el que ya no queda lugar para la bondad. Si en una entrevista de trabajo a uno le preguntan si es buena persona y contesta que sí, ya puede estar seguro de que no le van a coger», avisa Millás, que, además, se muestra escéptico sobre el papel de la cultura como asidero de los buenos sentimientos. «Los supuestos amigos de Lucía son gente de la cultura y, sin embargo, le fallan, porque la cultura nos está fallando a todos, entre otras cosas porque está desapareciendo», lamenta.

El taxi y Madrid, la ciudad en la que se desarrolla 'Que nadie duerma', son dos escenarios de una obra que en algún momento se convierte en puro teatro. «El taxi es un objeto de una gran carga simbólica. Cuando un taxista va de un lado de otro, en realidad está yendo de un lado a otro de sí mismo. Los viajes físicos se metaforizan en viajes reales», argumenta. «También para el pasajero, el taxi es un objeto muy raro, es una burbuja donde tiene con un desconocido una intimidad física muy grande que se convierte en intimidad verbal, porque en los taxis se hacen confidencias increíbles», dice Millás.

Finalmente, la ambición de la mujer por convetirse en pájaro es también un símbolo de misterio y de libertad. «A su madre le cortaron las alas. ¡Qué expresión tan fea, cortar las alas, quitar libertad! Los pájaros conocen algo que nosotros desconocemos y podemos decir que son el origen de la música», culmina Millás.

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