«El pensamiento profundo no funciona en redes rápidas y tiempos precarios»

Remedios Zafra ganó el Premio Anagrama de Ensayo por su obra 'El entusiasmo'. / ignacio pérez
Remedios Zafra ganó el Premio Anagrama de Ensayo por su obra 'El entusiasmo'. / ignacio pérez

Remedios Zafra Autora de 'El entusiasmo', premio Anagrama de Ensayo | La escritora, que visita Valencia, aborda la vulnerabilidad de los trabajadores de la cultura en la era digital

C. VELASCO VALENCIA.

Remedios Zafra, ganadora del último Premio Anagrama de Ensayo por 'El entusiasmo. Precariedad y trabajo creativo en la era digital', protagonizó ayer Els Debats del Magnànim en el colegio Major Rector Peset de Valencia en torno a la mesa 'Exprimiendo el entusiasmo. Cultura, explotación y género', que moderó la gestora cultural Maite Ibáñez. «El entusiasmo, que nace de una pasión por lo que hacemos y eso es movilizador, tiende a ser instrumentalizado por el sistema para aumentar la productividad y la competitividad entre trabajadores cualificados, trabajadores con altas expectativas pero desempleados o precarizados encadenando empleos temporales disfrazados de colaboraciones, prácticas, experiencia o inversión en visibilidad y prestigio».

El sistema cultural tiene un lado oscuro. «El entusiasmo no puede volverse hacia sí mismo y convertirse en el «pago» por el trabajo que hacemos. (Los creadores) no pueden resignarse a escuchar: 'qué suerte tienes por dedicarte a lo que te gusta', o 'hacerlo ha sido ya un pago'», explica a LAS PROVINCIAS. En este punto, la profesora universitaria considera que «la financiación se ha considerado cosa de mecenazgo, más una ayuda que un sueldo».

La economía colaborativa o la cultura del esfuerzo conllevan trampas de precariedad, sobre todo en el caso de las mujeres, apunta. «Hay espejismo en la cultura del esfuerzo y del 'si tú quieres, puedes' cargando toda la responsabilidad en el individuo y obviando la responsabilidad social. Una de las cuestiones claves ahora es que el neoliberalismo pone la responsabilidad en el individuo, alimentando su deseo y su esperanza pero también cargando sus espaldas, obviando la responsabilidad de lo social que tiende a desarticularse».

El ensayo de Zafra es de los que se lee con lápiz en la mano para subrayar. Su lectura no es cómoda, al contrario, causa desasosiego. Escribe: «La precariedad siempre tiene cuerpo y a menudo tiene vulva». Lo explica: «Cuando el Estado abdica en sus responsabilidades sociales las mujeres siempre salen perjudicadas. Las mujeres en nuestra cultura tienen un perverso linaje de precariedad normalizada. La apropiación de su tiempo, saberes y cuerpos se ha apoyado en no considerar como trabajo las prácticas que en el ámbito doméstico y de cuidados han realizado. La flexibilidad infinita, la polivalencia, la multiactividad, la invisibilidad y el no valor social han caracterizado el trabajo feminizado. Y me preocupa como ahora, que se vende una mayor igualdad, pasamos por alto que estas características también describen las prácticas de trabajo precario en los ámbitos culturales, y creativos, justamente cuando están más feminizados».

En su ensayo, apunta que la imagen y el pantallazo se han rebelado frente a la reflexión pausada, como si lo superficial usurpara el terreno del pensamiento. «Muchos piensan que la mera disponibilidad de información, datos y pruebas garantiza un mundo mejor informado y más libre, pero no. Al contrario, pareciera que los tiempos rápidos y saturados no promueven el esfuerzo y tiempo que precisa la conciencia, sino que derivan más hacia lo que reconforta, aquello que refuerza lo que ya pensábamos y rodearnos de los que piensan como nosotros. La caducidad marca esta velocidad que prima la vida en presente continuo, un habitar la red más apoyados en la impresión que en la concentración, en el ahora, porque mañana algo nuevo lo habrá sustituido. Transitar por la información como si fueran imágenes, casi surfeándolas (esta es una idea de Marisa Olson), tiende a pasar epidérmicamente por las cosas».

«La pareja velocidad y exceso me parece reveladora en este contexto porque contribuye a reforzar emociones e ideas preconcebidas, bajo la base de que no puede haber parada reflexiva sin tiempo para ello», apunta. «Los caminos del diálogo y del pensamiento profundo no suelen funcionar en las redes rápidas y en los tiempos precarios, requieren pausa, tolerancia a la ambigüedad, negociación,... pero se sugiere aquí que tal vez sean los verdaderamente revolucionarios para quienes crea», concluye.

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