«Muestro un lado cruel que pensé que no tenía»

Carme Chaparro saca su «vena periodística» y su faceta como madre para dar forma a su primera novela, 'No soy un monstruo'

MARTA BALLESTER valencia.

«Quien empiece a leer este libro no lo podrá abandonar», advertía Carme Chaparro en la presentación de su primera novela 'No soy un monstruo'. Ganar el Premio Primavera 2017 y ser el segundo libro más vendido de España demuestra la adicción que causa en el lector, tanta o más que la de su autora por la actualidad y su profesión. Precisamente han sido «la vena periodística y la faceta como madre» las que le ayudaron a dar forma a esta historia de ficción salpicada de realidad. Porque ante todo «quería ser honesta con los sentimientos de los personajes», alega.

Una novela negra que «nace de sorpresa un día con un final impactante que nadie esperará». De atrás hacia delante fue creada sobre un hilo conductor: la angustiosa desaparición de un niño. Para Chaparro tan duro fue contar los sucesos de menores como Diana Quer o los hermanos Ruth y José Bretón en los informativos, como recordarlos para escribir otros inventados. «En la tele se sufre, pero al final aprendes a separar. Escribiendo el dolor es diferente. Aunque no son veraces las desapariciones, es como hacer psicoterapia, hurgar en lo profundo de tu cerebro y de tu alma y vomitar cosas que a veces no sabías ni que llevabas dentro», afirma.

Por ello, tuvo que parar de escribir dos semanas a mitad de la novela. «Estaba angustiada. Mi amiga y actriz Toni Acosta me dijo que estaba haciendo como los actores, meterme tanto en el personaje que utilizaba mis sentimientos para exteriorizarlos», confiesa. Muchas son las cosas que tiene en común con todos ellos, que alternan la voz en primera persona en cada capítulo.

De Inés, la periodista que narra los sucesos y se hace eco de las novedades de cada caso comparte, por un lado, el hecho de ser madre de un niño de la misma edad que su hija. «Me ponía a pensar en qué pasaría si se pierde la mía y lloraba», expresa. Y por otro, comparten los horarios complicados de la profesión. El libro le ha servido a Chaparro también para hablar de la parte oscura del periodismo: la competencia, la lucha por la exclusiva, las horas de más, los sueldos ínfimos, la necesidad de tener buenas fuentes, la presión de los jefes o el daño que están haciendo las redes sociales, «precipitando las noticias demasiado rápido sin apenas contrastar». «Me salió de forma natural esta crítica. Quería ser honesta mostrando al público la manera en la que trabajamos y los problemas que nos encontramos», explica la periodista.

De Ana Aren, la inspectora de policía encargada de encontrar a los niños perdidos, comparte además de los desayunos con coca-cola, su parte emocional y sensible. De ella ha aprendido mucho, sobre todo del mundo policiaco. «Menos mal que tengo tres buenos amigos policías con los que cree un grupo de whatsapp llamado 'Comando che', en honor a nuestra serie de dibujos favorita 'Comando G', para preguntarles todo tipo de dudas sobre la jerarquía en una comisaría, cómo es una sala de autopsias, de interrogatorios, cuál es el orden de actuación ante estos sucesos.... Gracias a ellos esta parte es creíble», agradece.

Pero la trama principal de una policía y una periodista intentando resolver la desaparición «del tesoro de cualquier padre», los hijos, da paso a otras muchas historias secundarias, familiares, profesionales, todas ellas relacionadas con el dolor. «Las desgracias ajenas nos hacen sentir afortunados. Nos ayudan a valorar y ser felices con nuestras vidas. Así es en la vida real y así lo demuestro en el libro», describe la autora. Leer esta historia hará sentirse afortunado al lector, pero también le advierte de que «en sólo 30 segundos tu vida puede dar una giro de 180 grados y convertirse en una pesadilla».

Pesadilla la que viven todos los personajes que son llevados al extremo junto al lector. «Nadie sale indemne de este texto, ni yo misma, que he descubierto y muestro un lado cruel que pensé que no tenía», expresa. Su compañero Mario Moros le dijo, «con la cara de niña buena que tienes y lo cruel que llegas a ser desarrollando la historia de los protagonistas», y es que Chaparro confiesa ser adicta a inventar y crear. «Es la manera de ser totalmente diferente a como soy en la vida real, explorando otros límites», declara.

Son esos extremos a los que nos lleva la vida los que hacen despertar al ser oscuro que hay dentro de cada uno. «Todos tenemos un monstruo dentro. Hay gente que se vende por dinero y otra que lo hace por emociones. En mi caso sin duda, quien le hiciese daño a mis hijos despertaría el monstruo que hay en mí. Son límites ante los cuales no sabes como reaccionarías hasta que te pasa y que a veces pueden llegar a justificar tus actos», explica.

Las desgracias, la presión o el amor sacan lo peor de uno mismo. La escritura, en cambio, ha extraído lo mejor de Chaparro, que seguirá estirando las horas del día para pensar en una segunda entrega, con estos mismos personajes que «aportan tanto».

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