Megan Maxwell, la escritora más leída en España: «El amor lo es todo, pero caduca como los yogures»

Megan Maxwell, en una habitación con vistas a Edimburgo. / Asís G. Ayerbe | Edición: V. Carrasco

Durante años fue secretaria en un despacho jurídico y escribía para amigos y familiares. Hoy sus libros se venden como churros gracias al tirón de 'Cincuenta sombras de Grey'

Rosario González
ROSARIO GONZÁLEZEdimburgo

Hubo una época en la que los lectores de novela romántica escondían sus afectos literarios bajo papel de estraza. Primero tenían que buscar los ejemplares, almacenados en pasillos recónditos de las librerías, pagar con un gesto de circunstancias, y forrarlos después como escolares para evitar miradas desaprobadoras mientras los devoraban en público. El fénomeno que supuso 'Cincuenta sombras de Grey' marcó un punto y aparte, elevando de categoría a la novela erótica y también a la novela romántica, que bajo su ala ha logrado un sitio destacado en las mesas de novedades e incluso un mano a mano con autores de renombre en el circuito literario. A muchos de ellos se les llevan los demonios con la irrupción; otros se consuelan en la esperanza de que esos lectores recién estrenados lleguen para quedarse, amplíen su radio de afectos, y lleguen hasta ellos.

No es una cuestión baladí. La mayor representante de ese género, Megan Maxwell, es de lejos la escritora más leída en España, aunque su nombre apenas se mencione en el circuito literario clásico. Los datos son apabullantes. Tiene 32 novelas publicadas, su obra se traduce a 10 idiomas y se distribuye en 24 países distintos. En los últimos cinco años ha vendido 1.700.000 ejemplares de sus libros y se ha convertido en la niña bonita de la editorial Planeta. Su DNI dice que se llama María del Carmen Rodríguez del Álamo Lázaro y que nació hace 53 años en Núremberg, Alemania, pero hace tiempo que abandonó su nombre para presentarse a los lectores con su alter ego literario. En casa la llamaban 'Nena', pero ahora hasta su madre la llama Megan.

El mismo nombre que corea su legión de seguidoras. Se autodenominan 'guerreras Maxwell' y la reconocen por la calle, en el aeropuerto... y en el supermercado. «El mayor número de fotos que me hago con seguidores es en la sección del pollo de Mercadona», bromea. Está viajanado a Escocia, escenario fetiche de algunas de sus novelas, y al aterrizar en Edimburgo se produce la magia. «¿Megan? ¿Eres tú? ¡Eres tú!». Dos chicas jóvenes se acercan a la autora emocionadas, le piden una foto y charlan unos minutos. «Ya no recuerdo cuándo fue la primera vez que me pararon por la calle, pero aún me sigo sorprendiendo del cariño que recibo», explica con naturalidad. Mantiene a su tribu unida dedicándoles tiempo y atención. Trabaja de 9 a 9 escribiendo y se ocupa personalmente de sus cuentas en redes sociales. Lo primero que hace por la mañana es actualizarlas y responder uno a uno correos y mensajes. Después de la cena llega la hora de responder a los seguidores del otro lado del charco. Es fácil que le den las tres de la mañana respondiendo a preguntas, sugerencias y parabienes desde su iPad.

Megan Maxwell.
Megan Maxwell. / Asís G. Ayerbe

Sus fieles la arropan allá donde va, e incluso se tatúan el mismo símbolo guerrero que Megan luce en el antebrazo

Sus fieles responden comprando sus libros, organizando quedadas y arropando a la autora en cada firma de libros. Incluso se tatúan el mismo símbolo guerrero que Megan luce en el antebrazo. «Una 'guerrera' me llevó al baño durante una quedada en el País Vasco, se desabrochó los pantalones y me enseñó el tatuaje que llevaba en el pubis: era la frase 'Pídeme lo que quieras', como el título de mi primera novela erótica», relata asombrada.

Ese género, el erótico, fue la clave de su ascenso hace cinco años a la lista de los más vendidos. En ese momento ya tenía un contrato editorial y publicaciones regulares, hasta que su editora le propuso escribir una novela distinta bajo el paraguas del éxito de 'Cincuenta sombras de Grey'. La acogida sobrepasó las expectativas. «Al principio no me veía capacitada, pero luego escribí 'Pídeme lo que quieras' y me gustó. Fue un poco chocante escribir algo con tantísimo erotismo, pero reconozco que disfruté muchísimo», explica Maxwell, que durante meses se documentó en 'San Google', como define al buscador de internet, y visualizó porno para aprender sobre posturas y prácticas sexuales. «Llegó un punto en el que cuando terminaba de escribir una escena erótica me fumaba un cigarrillo», cuenta divertida.

Las personas de su entorno recibieron el cambio entre la sorpresa y el escándalo. Muchos continúan preguntándole si lo que narra está inspirado en experiencias propias; otros han terminado por confesarle que sus propias filias discurren de forma paralela a lo que narra en sus ficciones. «Una novela sobre el mundo 'swinger', intercambio de parejas, orgías y demás, pues es un poco chocante. Lo que pasa es que todo el mundo cree que todo lo que escribo lo practico, y para nada. Es cierto que rompe muchos tabúes, pero sobre todo muestra la importancia que tiene la comunicación en las parejas, hablar sobre lo que gusta y lo que no y marcar sus propios límites». La respuesta de los lectores ha sido, sobre todo, gratitud por mostrar diferentes formas de vivir la sexualidad sin que los personajes parezcan unos depravados, incluyendo tramas románticas en circuitos como el del intercambio de parejas. «En una firma llegaron socios de un club de parejas para darme las gracias por mostrar su mundo sin apostar por lo sórdido, y me contaron que hasta tienen mis libros firmados en las paredes», relata agradecida.

Megan Maxwell.
Megan Maxwell. / Asís G. Ayerbe

La vida antes de Megan Maxwell

Todo este torbellino se ha formado en el último lustro, pero Megan Maxwell empezó a escribir hace 23 años, armando relatos y novelas que imprimía de forma casera y distribuía entre familia y amigos. Sus protagonistas, siempre mujeres fuertes, estaban inspirados en mujeres de su entorno como su madre, que la crió sola tras frustrarse su historia de amor con un soldado americano, y cuyos detalles sirvieron de inspiración para una de sus novelas. El punto de inflexión llegó cuando nació su primer hijo. El pequeño tenía bajas las defensas, y decidió dejar su trabajo en una asesoría jurídica para dedicarse a su cuidado. «Acostumbrada a trabajar toda la vida, de repente me vi en casa limpiando mocos, y la literatura fue mi vía de escape». Con más tiempo libre del que podía gestionar, se matriculó en un curso online de escritura romántica y su profesor, que también era editor, le propuso publicar. A partir de ahí comenzó a llamar a la puerta de concursos y editoriales hasta que en 2009 consiguió su primer contrato literario. Al año siguiente ganó el Premio Internacional de Novela Romántica Seseña y, en 2012, publicó la primera novela erótica que desató el fenómeno.

Además del género erótico, Megan Maxwell escribe novela romántica, contemporánea, 'chik-lit' (traducido como 'novelas para chicas') y medieval. De ésta última proviene el apodo de las 'guerreras', en honor a las protagonistas fuertes y valientes que pueblan sus páginas. En cada subgénero marca su propio estilo, aunque todas las novelas comparten un final feliz porque «para finales infelices ya tenemos la vida», según explica la autora, que aunque defiende que «el amor lo significa todo», también piensa que «caduca, como los yogures».

Por eso sus tramas incluyen cada vez más temas sociales, que reflejan las historias que sus lectoras comparten con ella. «Las 'guerreras' somos personas que, cuando nos caemos, nos levantamos y seguimos caminando, pero es estando arriba cuando uno puede tirar de abajo, por eso en mi caso, teniendo la suerte de saber que te van a leer, me gusta tirar desde arriba para que la gente tome conciencia de los problemas que rodean a la mujer; por eso intento apoyar la trama con algo que conecte con esas mujeres que tienen problemas en el mundo laboral, que ganan menos dinero o que sufren maltrato... Desde mi posición hay mucha gente que me escucha y tengo que aprovechar para que se tome conciencia de muchas cosas».

Megan Maxwell. / Asís G. Ayerbe

Sus mensajes positivos son una extensión del propio carácter risueño de la autora, que solo cambia el gesto cuando recuerda cómo en algunos circuitos desdeñan su trabajo y lo despachan bajo el epíteto despectivo de «novelita rosa». «Hay ciertos 'culturetas' que piensan que el género romántico no es literatura y creo que están equivocados; cualquier tipo de novela tiene un inicio, un nudo y un desenlace y la novela romántica es exactamente igual, cuento una historia de amor pero cuento mucho más al incluir un trasfondo social, y ellos igual te están contando una historia de asesinatos pero seguro que detrás hay una historia de amor», defiende. «Me gustaría que el día de mañana no tuviera que escuchar eso de 'Ah, tu escribes novelitas rosas', porque yo lo que escribo son novelas románticas, que es un tipo de literatura que muchísima gente lee y demanda».

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