Leonardo Padura: «Cuba rejuvenece sin Fidel»

Padura posa tras una entrevista. /Víctor Lerena (Efe)
Padura posa tras una entrevista. / Víctor Lerena (Efe)

«En la novela negra nórdica hay mucha porquería muy bien promocionada», dice el escritor cubano

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

Leonardo Padura (La Habana,1955) publica 'La transparencia del tiempo' (Tusquets), la octava y crepuscular entrega de la serie de Mario Conde. Trasunto del escritor, nostálgico y sexagenario, el expolicía es hoy un mercader de libros. Padura ha convido con él 27 años y miles de páginas que son la crónica viva de una Cuba cambiante. Premio Princesa de Asturias de las Letras en 2015, sitúa Padura en Cataluña parte de un relato que atraviesa ocho siglos: de la Corona de Aragón a la guerra civil. Comienza con el robo en La Habana de la negra Virgen de Regla, originaria del Pirineo, cuya historia se remonta a las cruzadas y el Temple. Hermano de Chandler, Hammet, Montalbán, Camilleri o Mankell, el autor cubano más traducido de la historia dice que el futuro de su país «es una gran incógnita».

-¿Quién envejece mejor, Padura o Mario Conde?

Nadie envejece bien. Pero peor es no envejecer y quedarse en el camino. Hay que asumirlo con dignidad. En el caso del escritor, encendiendo luces de alerta. Con 25 años afrontas bien una novela que te exige cinco. Con 62 años es distinto. La tentación es simplificar. Un riesgo. Aún tengo cosas que decir y a Mario Conde le queda cuerda para rato. Esta es una novela crepuscular, sí, pero las sombras se alargan. Hay claridad. La próxima será la de la noche. Podría volver al pasado policial de Conde, pero quiero que sea testigo de los acontecimientos en mi país.

-Cuba ¿envejece o rejuvenece sin Fidel?

Desde que Fidel enfermó y dejó el poder a Raúl Castro en 2008 se han acumulado pequeños cambios sin alterar la estructura esencial ni en lo político ni en lo económico. La transformación se ha dado en lo social. El mundo ha cambiado más en veinte años que en varios siglos y a velocidad de vértigo. El país rejuvenece sin Fidel. Pero dentro de la misma estructura. Progresa en lo social y sigue estancado en la economía, que es la asignatura pendiente del sistema cubano, que no participa directamente en la revolución tecnológica. Esperemos que lleguen a entender que la dinamización es absolutamente necesaria para el desarrollo del país.

-¿Cuál es el horizonte de Cuba?

Una gran incógnita. Una enorme interrogación. La política interna es un juego de naipes en el que alguien ha robado la mitad de la baraja. Nadie sabe cómo irá la partida. Ni siquiera el mejor jugador puede predecir la mano que lleva el otro. Habrá cambio de gobierno con continuidad política. Raúl Castro no deja el partido. No sabemos si el relevo generacional de los históricos de la revolución llevará a un posible relevo estructural.

-Su novela trascurre en parte en España y Cataluña. ¿Cómo ve el 'procés'?

No me atrevo opinar. Pero me dan mucho miedo los fundamentalismos de izquierda y de derecha. Y aún más el fundamentalismo nacionalista. Me aterra. Creo en la pluralidad, aunque hoy se orientan los pensamientos al dictado de fundamentalismos políticos, económicos, religiosos y sociales. Tras un proceso político como el que vivió España en el siglo XX lo más preciado que tienen es la libertad de expresión. Y hay que respetarla para bien y para mal. Es lamentable y doloroso que el odio se encalle. No aprendemos de la historia y pienso en la España anterior a la guerra civil. Si no piensas igual que yo, te excluyo: eres mi enemigo, se dice, cuando todas las opiniones deberían tener su espacio.

-¿Hay una omnipresencia tiránica del género policíaco?

No creo que sea así, aunque sea mucho más visible. En los últimos treinta años la novela negra ha sido aceptada en la corriente principal de la literatura universal. Antes era literatura de segunda. Carne de kiosco. Pero ahora tiene un espacio primordial. La novela negra es excepcional en España, Francia y Estados Unidos. Lo de la literatura nórdica tiene mucho de diseño comercial. Hay grandes autores cómo Mankell o el islandés Arnaldur Indridason. Pero también mucha porquería muy bien promovida desde sus países. Los suecos pagan para que se hagan traducciones y han logrado una enorme presencia en el mundo editorial.

-Vuelve a mezclar el género policial con el histórico y lo social...

Los espacios canónicos me resultan estrechos. Recurro a todo. La posmodernidad literaria trajo la liberación de ciertos temores, como que los críticos te descalifiquen o etiqueten. Ahora soy un escritor transatlántico y no pasa nada. Utilizo todo el arsenal de posibilidades narrativas para expresar mis obsesiones. Y entre ellas, la relación del hombre con la historia; cómo la historia te golpea, te arrastra y te coloca en otro lugar sin saber cómo ni por qué. Practicó todas las libertades para poder hacer la literatura que quiero y esta es una novela policíaca con pasajes históricos y reflexión social.

-Cree agotadas todas las ideologías. ¿Por la derecha y la izquierda?

No soy politólogo ni sociólogo ni filósofo. Pero es así. Siento que nos falta un modelo utópico de los que siempre tuvo la humanidad. Desde los griegos se aspiraba a mejorar la sociedad en todos los planos. En el siglo XX era el de la igualdad de derechos, el del engrandecimiento de la libertad. Pero todo eso se pervirtió o se perdió por múltiples razones. Nos falta un modelo utópico claro. Es como si esperáramos que vinieran desde fuera para organizarnos, como en 'La guerra de los mundos', de Orson Wells.

-¿Se le pasa por la cabeza dejar La Habana?

Cada vez que doy con un lugar precioso. Pero necesito Cuba para escribir. Mi casa, mi familia, la gente de mi barrio... Oír hablar en español con acento cubano. Si en lugar de guagua digo autobús, me traiciono en lo esencial. Un escritor pertenece a una cultura, que pertenece a un país. Un novelista es y depende de una ciudad -más si escribes novela negra- y la mía es La Habana. Un escritor es su memoria. No puedo ser otra cosa que un escritor cubano. Tengo pasaporte español y podría vivir aquí. Pero no sé quien ganó la liga en España en 72, y puedo recitar los nombres del equipo que ganó el Campeonato Nacional de Béisbol en ese año. Acabaré mis días en La Habana.

-No hay Nobel cubano y hay quien ve a Padura como el primero posible.

De eso ni se habla. Los premios honoríficos como el Princesa de Asturias me encantan. Pero los otro no. Si escribes para ganar premios estas perdido. Te perviertes. Y hay grande escritores y 'nobeles' reciente que lo han hecho. El trabajo del escritor es hacerlo lo mejor posible.

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