Los 'ismos' periféricos que inspiró Pessoa

El escritor portugués Fernando Pessoa./EFE
El escritor portugués Fernando Pessoa. / EFE

El Reina Sofía ilumina la secreta y rara vanguardia portuguesa a la luz del «múltiple» creador de los heterónimos

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

Cuando en la vanguardia imperaban el cubismo, el futurismo o el orfismo, en la cabeza múltiple y especular de Fernando Pessoa (1888-1935) se fraguaban movimientos alternativos como el interseccionismo, el sensacionismo o el paulismo. Unos 'ismos' sobre los que el poeta y gran fingidor teorizó en las revistas en las que compartió protagonismo con los artistas portugueses de su época. Fueron los forjadores de una singular, rara y periférica vanguardia lusa, casi secreta y aún hoy mal conocida, que el Reina Sofía enfoca y reivindica ahora a la luz del «múltiple» y universal creador de los heterónimos.

«Todo arte es una forma de literatura», escribió Pessoa a través de Álvaro de Campos, una de sus 136 identidades literarias contrastadas. La frase sustenta y da título a una muestra para la que ha sido crucial la generosidad de la Fundación Gulbenkian de Lisboa y que reúne casi 300 obras, la mitad pinturas.

Pessoa sólo publicó un libro en vida, su célebre 'Messagem', pero se prodigó en revistas como 'A Águia', 'Orpheu' o 'Presença', poderosas cajas de resonancia entre la intelectualidad portuguesa de su tiempo. Junto a sus manuscritos, en ellas están algunas claves de la modernidad plástica lusa, surgida como contestación a una vanguardia europea que retorcieron Pessoa y sus coetáneos artistas, él en los escritos, ellos en los lienzos y con una senda propia.

El primer ministro de Portugal, Antonio Costa, durante la inauguración de la exposición 'Pessoa' en el museo Reina Sofía.
El primer ministro de Portugal, Antonio Costa, durante la inauguración de la exposición 'Pessoa' en el museo Reina Sofía. / EFE

«Las ideas son sensaciones», escribe Pessoa alentando una vanguardia alternativa nada mimética «que miraba lo que ocurría en Europa para diferenciarse de ella», según explica João Fernandes, subdirector del Reina Sofía y comisario de la muestra junto a Ana Ara. Reúne más de 160 pinturas de 20 artistas y material documental de colecciones privadas e instituciones como la Gulbenkian -que cede 56 obras- o el Centre Georges Pompidou de París. Pessoa es el hilo que hilvana las corrientes estéticas lusas surgidas hace un siglo y revisadas ahora a través de obras de José de Almada Negreiros, Amadeo de Souza-Cardoso, Eduardo Viana, Sarah Affonso, Júlio o los 'portuguesizados' Sonia y Robert Delaunay. Unos artistas «por descubrir a partir de los conceptos de Pessoa», según los comisarios.

El retrato «interseccionista» de Pessoa realizado por su amigo José Almada Negreiros en 1964, icono de la Gulbenkian, abre la exposición. Esa tela reina en un espacio dedicado a la figura, las identidades y el pensamiento de un Pessoa «providencial para dotar de características propias a la desconocida vanguardia portuguesa» y que según Fernandes, «refresca un momento singular de las vanguardias europeas».

«Pessoa construye conceptos de vanguardia y es el punto de partida de movimientos como el interseccionismo», dice Fernandes de un 'ismo' que casa «la simultaneidad mental de la imagen objetiva y subjetiva, surgido de la confluencia de sensaciones y percepciones y por oposición al cubismo». Opuesto al futurismo, el sensacionismo sirve «para pasar de la mera emoción sin sentido a la emoción artística o susceptible de volverse artística al ser intelectualizada», según Pessoa. Define el paulismo como «el culto insincero de la artificialidad».

«Pessoa no es un vanguardista, pero comprende que hay cambios. Se aleja de lo que le llega y crea su vanguardia con unos 'ismos' distintos a los europeos y en los que lo local, lo popular y la idiosincrasia portuguesa enlaza con lo universal», resume Fernandes. «Me siento múltiple. Soy como un cuarto con innumerables espejos fantásticos que distorsionan en reflejos falsos una única realidad que no está en ninguno y está en todos», escribe en sus diarios un Pessoa que perfila muchas de las ideas que se filtran en la muestra que recrea la escena vanguardista portuguesa, y «muy consciente de sus propias contradicciones también en este campo», según Fernandes.

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