«Hay un filón en crear palabras con juegos malabares»

El autor de 'El diccionario de JLFJ', José Luiís Fernández.
El autor de 'El diccionario de JLFJ', José Luiís Fernández. / Txema Rodríguez

El docente valenciano José Luís Fernández crea un diccionario en el que trastoca con humor la estructura formal de los vocablos y su semántica

Marta Ballester
MARTA BALLESTERValencia

«Gente como Góngora, Gómez de la Serna, Cela, Cortázar o José A. Milián recomendarían la lectura de 'El diccionario de JLFJ'», asegura su propio autor, José Luis Fernández. Un docente que ama la lengua castellana y se dispone a desgranarla día a día con imaginación y humor, «la segunda palabra más bella de nuestro idioma». El humor lo es todo para él. Por ello ante todo quiere que su lector «pase un rato muy agradable, además de estimulante» con este libro. Leyendo las casi 1.800 palabras nuevas, una oferta de sorprendentes percepciones donde se podrán desdoblar esquemas de construcciones lúdicas, el lector podrá dar «valor estético a sus perfiles deductivos y de paso encontrar una razón para sonreír». Fernández celebra la reinvención de las palabras.

-¿Qué es 'El diccionario de JLFJ'?

-Un chispeante glosario de neologismos o insólitas acepciones semánticas de vocablos ya existentes. Casi 1.800 palabras, sorprendentes y rozagantes, nacidas de un placentero proceso de metamorfosis y reajuste. Apto para todos los públicos que deseen sonreír leyendo una pluralidad de palabras singulares.

-¿Qué ha inspirado la creación de estas nuevas palabras?

-La idea se me ocurrió abruptamente mientras daba clase de Lengua en el colegio del Pilar. Estaba explicando los sonidos del castellano y sus correspondientes grafías cuando una alumna con dudas levantó el brazo y me habló muy seria de 'grafrías' en lugar de grafías. Pensé entonces que había un filón en crear nuevas palabras con juegos malabares.

-¿Cómo ha sido el proceso de escritura?

-A partir de la escucha de cualquier discurso, selecciono palabras motivadoras para posteriormente cincelarlas con más tranquilidad hasta convertirlas en novedosas. La técnica trataría de libertar lo extraviado para proyectarlo al futuro hasta lograr una suma de infinitudes. Todas las palabras del diccionario han pasado por un proceso de purificación absolutamente gratificante; para ellas y para mí.

-¿Se considera un artesano de la palabra?

-Desde que estudiaba Filología me apasionaba la orfebrería verbal. Unos se dedican al barro y yo me dedico a los vocablos. Convertir la abstracción en emotividad garantiza opciones de asombro y reflexión.

-¿Qué tiene que tener una palabra para entrar en su diccionario?

-Inicialmente, la complejidad conceptual de la imagen que proyecta. Las deformaciones de las palabras han de reivindicar una invitación al aprendizaje. Esta sorpresa preliminar nos lleva a constatar que estas cortapisas son nomás una simulación que esconde nuevas realidades de identidad. Las palabras han de entrar para instalarse entre el vacío y la plenitud. Para ingresar y acomodarse en El diccionario hay que regalar lógica y esencia.

-¿Qué aprenderá el lector?

-A reírse sanamente y a descubrir el potencial creativo que tiene nuestro idioma castellano. El lector descubrirá en cada palabra, más allá de la sorpresa retórica, una descarga de armonía evidente. Los significados de las palabras son tan reales que no hay vía de fuga. Son casi 1.800 palabras nuevas que vienen para quedarse.

-¿Acabarán siendo aceptadas por la RAE?

-Si alguna lograra popularizarse, las opciones se incrementarían. El castellano es una lengua viva que evoluciona y necesita actualizarse. Algunas que podrían visibilizarse son: 'Adelgozar': deleitarse con la pérdida de peso; 'Abromador': chistoso atosigante; 'Disimolar': aparentar que te gusta; 'Enrocarse': empeñarse; o 'Gastomanía': arte de comer caro.

-¿Recomienda esta lectura a los alumnos de Lengua?

-A los míos no se la mando leer, porque piensan en obligatoriedad, pero sí que la sugiero. Siempre me ha gustado conjugar el lenguaje con el juego. Esta idea la traslado a los libros que escribo. Por eso ya mi primera obra 'Pinceladas de Harmonía' era fantástica para los alumnos de Bachillerato o segundo ciclo de la ESO.

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