Defensores de la vida en papel

Jaime Ortega, Alberto Haller y David Bander en Rambleta. / LP
Jaime Ortega, Alberto Haller y David Bander en Rambleta. / LP

Una librería, una editorial y un festival de autoedición relatan el riesgo de su trabajo

MARTA BALLESTER VALENCIA.

Apasionados de los libros y responsables de sus ventas. Jaime Ortega, encargado de la librería Per-r-ucho; Alberto Haller, de la editorial Barlin Libros; y David Bander, del festival dedicado a la autoedición Tenderete, se consideran «agitadores del papel» en medio de la tormenta. Ayer, en Els Matins de Rambleta debatieron sobre el futuro del libro impreso y el destino de sus respectivos proyectos.

«Queremos vivir del papel pero la actualidad nos lo pone muy difícil», confesó Ortega. Consideró que su vocación por el mundo literario es un riesgo y por ello en su librería plantean proyectos desde una óptica diferente para atraer a compradores porque «el libro por sí solo no se vale para mantener el negocio, así que lo mezclamos con cervezas y hamburguesas para llegar a fin de mes», relató.

La joven editorial Barlin Libros nació en la postcrisis y sus trabajadores se adaptan a los nuevos tiempos. «Ahora yo mismo maqueto, traduzco y soy comercial. Soy multifunciones para no externalizar procesos y subir gastos», explicó Haller. «Antes los vendedores de enciclopedias iban en Ferrari, pero nunca más volveremos a ese punto», expresó.

Ninguno culpa al libro electrónico de la crisis del papel sino a las plataformas de internet. «Amazon ha desconfigurado el sistema editorial y ha roto todas las reglas de la venta de libros», afirmó Ortega. El festival Tenderete se hace eco del auge de la autoedición. «Acogemos a gente que quiere publicar porque sí, sin esperar nada a cambio», alegó Bander. «Como creadores luchamos por una cultura libre y popular que no esté gestada desde arriba», apuntó mientras reclamaba más «compras» en este tipo de eventos.

La lectura es lenta y necesita tiempo en un día a día que transcurre a gran velocidad. Además, existen muchas otras formas de ocio que antes no existían e inundan ese tiempo. «La cultura se está banalizando. Estámos en un Apocalipsis cultural, pero aún así todavía se puede vivir del libro impreso en el formato tradicional», concluyó Ortega.

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