«China no tiene complejos respecto a la democracia occidental»

El estudiante frente a los tanques en la imagen de Tiananmen.
El estudiante frente a los tanques en la imagen de Tiananmen. / AP

El escritor Víctor Sombra disecciona en la novela 'La Quimera del Hombre Tanque' los cambios del país asiático en los últimos 25 años a través de la icónica imagen de Tiananmen

ÁLVARO SOTOMadrid

Tomada en junio de 1989, la imagen de un estudiante haciendo frente a los tanques en la plaza de Tiananmen, en Pekín, se ha convertido en un icono de la lucha por la libertad política en el siglo XX. El conductor del primer tanque y el joven han representado, sobre todo para la mentalidad occidental, las caras de la tiranía y de la democracia. Nada indica que desde entonces, ambos se hayan vuelto a ver, pero sobre la ficción de un encuentro entre estos dos hombres pivota 'La quimera del Hombre Tanque' (Literatura Random House), la nueva novela del autor que escribe bajo el pseudónimo de Víctor Sombra (Salamanca, 1969). Tras 'Canje' (2014) y 'Aquiescencia' (2012), Sombra, que ha trabajado para las Naciones Unidas en Ginebra y también ha prestado servicios comerciales en mercados internacionales, publica un 'thriller' que disecciona la política y la sociedad del país más poblado del mundo.

-¿Por qué le interesa la situación en China?

-China es el país más poblado del mundo y está en camino de ser también el más rico (lo es ya, si lo medimos en términos de lo que se puede hacer con el dinero (PIB en paridad de poder adquisitivo). China es un país que mantiene elementos de distintos sistemas económicos (socialista/capitalista) y, dado su rápido crecimiento, se parece a los países más adelantados de Occidente, pero todavía recuerda en algunos aspectos a los países en vías de desarrollo. Es un país en mutación que, quizá por su propia complejidad, está demostrando una gran capacidad para adaptarse a una época de crisis y profunda transformación como la que vivimos, desplegando una extraordinaria combinación de tecnología punta, mercado y planificación económica. Un ejemplo de la capacidad de respuesta de China sería la crisis financiera de 2008, que apenas afectó al país. La doble dimensión pública y privada de los agentes económicos, en este caso los bancos, permitió que, mientras en Occidente las entidades financieras dejaban de prestar por temor al impago, provocando el desplome de la economía, en China se doblara el crédito, manteniendo el flujo de dinero en el sistema económico. Otro ejemplo más reciente sería el comienzo de una nueva política energética que se centra en dar respuesta al cambio climático, reducir la polución y apoyar las energías renovables. No me cabe duda de que lo que suceda en China, y sobre todo la respuesta que China sepa dar a los grandes desafíos globales, como el cambio climático, la crisis alimentaria o la desigualdad, decidirá en gran medida el curso del resto del planeta.

-¿Sería factible un encuentro real entre el conductor del tanque y el estudiante que se subió a él?

-El encuentro entre el Hombre Tanque y el tanquista en la avenida de la Paz Eterna es un hecho histórico documentado gráficamente. Sobre este hecho histórico se construye la hipótesis planteada por la novela, la de un encuentro entre el viandante y el tanquista, veinticinco años después. Este segundo encuentro, el abrazo de la novela, nunca ha ocurrido, ni ha sido intentado. A mi modo de ver, la posibilidad de ese abrazo exigiría superar el status quo actual, caracterizado por la mercantilización extrema y el autoritarismo político. Para hacer posible ese abrazo tendrían que producirse avances decisivos tanto en la participación democrática como en la protección social. Aunque sea un documento histórico, la imagen del Hombre frente al Tanque, censurada en China, no es neutral ni incuestionable. Para empezar, no sabemos quién era el viandante, ni siquiera si era un estudiante, ni tampoco qué fue de él. Tampoco sabemos quién era el tanquista. La imagen se ha usado para ilustrar el desalojo de Tiananmen, como si el viandante estuviera frenando el avance de los tanques sobre la plaza ocupada por los manifestantes. Esto es inexacto. La imagen se toma el 5 de junio de 1989, más de 30 horas después del desalojo. Los tanques están saliendo de la plaza y es el hombre con las bolsas en la mano el que se dirige hacia ella. Esta discordancia entre la imagen y el texto que habitualmente la comenta es un indicio de que hay muchas otras cosas inexactas en el relato de la masacre de Tiananmen. La imagen nos presenta un comportamiento individual, heroico, en el que un hombre solo se enfrenta al avance implacable, ciego, de los maquinas dirigidas por un régimen colectivista. Es una imagen ideal para ensalzar el individualismo, pero en realidad lo propio de Tiananmen fueron las multitudes, a veces de millones de manifestantes, desplegándose por la ciudad y ocupando la plaza. Había muchos estudiantes pero participaron también obreros, médicos, funcionarios, gente con bagaje e ideas diferentes, incluyendo muchos miembros del PCCh y hasta su secretario general, Zhao Zhiyang, que calificó las protestas de patrióticas y acabó confinado en su domicilio hasta su muerte. En esos días de junio había más de mil periodistas trabajando en Pekín. La imagen del Hombre Tanque ha ocultado muchas otras en que una multitud avanza, se indigna, canta, discute o ríe. Por cierto, algunas de las imágenes más importantes de aquellos días nos pertenecen. TVE es el único medio que se mantuvo en la plaza hasta el final, filmando el desalojo desde dentro, y, al alba del 4 de junio de 1989, a los últimos estudiantes que abandonaron Tiananmen. Parte de ese metraje ha sido incorporado a documentales nacionales y extranjeros pero ese material nunca ha sido editado de forma completa. Creo que TVE, como empresa pública que estuvo en 1989 en Tiananmen con recursos de los contribuyentes, tiene una obligación, no sólo moral sino también legal, de editar todas las imágenes que tomaron del suceso para hacerlas públicas, devolviendo así a quienes les enviaron a Pekín un patrimonio inmaterial irremplazable. Ese sería además el mejor homenaje posible al incomparable valor y profesionalismo de sus periodistas.

-¿Cuánto ha cambiado el país desde los sucesos de Tiananmen?

-El país ha cambiado radicalmente desde Tiananmen y lo ha hecho en los dos ejes mencionados. De un lado, a fines de los 80 China era un país mucho menos desarrollado. De otro, el peso relativo del mercado era mucho menor. Sin embargo, es posible que los cambios no vayan siempre en la misma dirección. Muchos piensan que, tras un intenso periodo de liberalización económica y privatizaciones, pero también de gran erosión de la protección social, el presidente actual, Xi Jinping, puede intentar alcanzar un equilibrio en las encrucijadas entre mercado y planificación, y entre liberalización y protección social. Curiosamente, hace poco hablé sobre el futuro de la democracia en China con Eugeni Bregolat, que fue embajador de España en China durante los sucesos de Tiananmen. El embajador Bregolat me comentaba que el régimen chino está muy atento a las demandas de sus ciudadanos. Las encuestas le muestran que la polución, la lucha contra la corrupción y las desigualdades preocupan mucho más que la democracia. Por otra parte, el régimen chino es muy consciente de las limitaciones de los sistemas occidentales en temas como el cortoplacismo de los regímenes electorales, la apropiación del proceso democrático por distintos intereses económicos, los problemas de corrupción y falta de control sobre los representantes políticos. En otras palabras, el régimen chino no tiene complejos frente a la democracia occidental y de hecho está ensayando distintas vías, algunas de las cuales serán planteadas ante el Congreso del PCCh de este año, para incrementar la participación ciudadana sin adoptar el modelo político occidental.

-Uno de los personajes de la novela, Durry, se encuentra desubicado ante esa nueva China que se entrega al consumismo y al lujo y que representa otra de las protagonistas, Deng Yuhua. ¿Es un sentimiento compartido a lo largo del país?

-Como decía, hay amplios sectores en China que piensan que el modelo de Deng Xiaoping, implantado tras la masacre de Tiananmen y que combina la liberalización económica con el autoritarismo político, debe dejar paso a un mayor énfasis en la protección social, en temas como la educación y la salud, y a una mayor participación ciudadana. El caso de Durry va un poco más allá, ya que se trata de una persona que se cría y forma como comunista, pero que debe desempeñarse en un entorno que no se sabe ya si lo sigue siendo. Es el drama del comunista sin comunismo, el Homo Sovieticus, que ha sido tratado de forma brillante por Svetlana Aleixevich en un libro del mismo título. La acumulación de riqueza alcanza cotas descomunales en China. Esa opulencia parece incompatible con cualquier noción de comunismo, pero no hay que olvidar que el régimen sigue controlando los resortes que hacen que un determinado agente económico se comporte de un modo u otro. Por ejemplo, que un banco inmerso en la tormenta de la crisis financiera deje atrás el temor y doble sus préstamos. Si adoptamos el símil de una pecera el régimen deja que las criaturas acuáticas evolucionen como quieran, pero sigue controlando la composición química del agua, su temperatura y luz, y de esa forma puede modular, y hasta cambiar de forma radical, el ecosistema.

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