Amparo Tórtola: «Duele mucho que no aprendamos de nuestra historia»

Amparo Tórtola, en la plaza del Patriarca. / J.J. MOnzó
Amparo Tórtola, en la plaza del Patriarca. / J.J. MOnzó

La periodista y escritora viaja en su novela a la Valencia de los años 30, los campos de concentración franceses y el Chile que acogió a miles de refugiados

CÉSAR CAMPOY VALENCIA.

Hace poco más de dos años, cayó en sus manos un artículo sobre el éxodo de los refugiados republicanos en la Guerra Civil. Allí apareció el nombre de un barco, el Winnipeg, fletado por Pablo Neruda y su compañera, la pintora Delia del Carril, con un destino salvador, el de Valparaíso. Poco tiempo después, la hija de Amparo Tórtola le sorprendía con una grata noticia: había visitado el enclave chileno y le había comprado un libro cuyo protagonista era, precisamente, aquel paquebote en el cual 2.000 españoles huyeron de la miseria. Aquella fue la señal definitiva para que la periodista se embarcara en la creación de 'Apenas unos segundos' (Samaruc), una historia sobre desaliento, esperanza, amistad y libertad.

-Digamos que el destino le invitó a iniciar esta aventura.

-Sí. A partir de ese momento comencé a documentarme. Y a medida que tiré del hilo surgieron el resto de escenarios y protagonistas. Para narrar esta historia tenía muy claro que debía contar con una saga de mujeres, desde la bisabuela hasta la bisnieta.

-Pero, no estamos ante una novela de mujeres.

-No necesariamente. Podía haber incorporado la figura de un hombre, pero creo que esas cuatro figuras femeninas me ayudan mucho a la hora de exponer esas cuatro etapas históricas, esa evolución. Desde aquella bisabuela, prácticamente encerrada en casa, hasta una figura, la de la narradora, independiente, que se mueve libremente por el mundo.

-La figura de Neruda está presente, pero de una manera peculiar.

-¿Quién soy yo para discutir la valía artística de Neruda? Me parece un escritor y un poeta maravilloso. Conozco su obra y la he disfrutado muchísimo. Eso sí, como ocurre con muchos artistas de su época, como Diego Rivera y Frida Kahlo, las mujeres estaban escondidas. Yo no sabía quién era Delia del Carril. Empiezo a investigar y me doy cuenta de que es una mujer al nivel intelectual de Neruda. ¿Cuál era el problema? La sombra de Pablo era inmensa. Eran hombres que responden a la mentalidad de una época, y a una manera de pensar.

-La mayoría de los escenarios le son muy familiares: Valencia, Madrid... ¿También Valparaíso?

-Nunca he estado allí, pero tengo amigos y me he documentado muchísimo. Si me pones delante un plano de la ciudad te localizo las calles rápidamente.

-Aborda, entre otros, un par de capítulos trascendentales en la historia de España: el Winnipeg y los campos de concentración en el sur de Francia. Básicos en nuestro devenir, pero, ¿desconocidos para demasiada gente?

-Se ha escrito y se ha investigado mucho sobre la Guerra Civil, sabemos mucho, pero a veces se nos escapan las anécdotas. Y las anécdotas tienen una importancia brutal.

-No obstante, el concepto solidaridad en el caso de los campos de concentración franceses es bastante discutible.

-Dejó mucho que desear. A mucha gente se le escapa cuáles eran las condiciones reales de vida de los que allí estuvieron. Escuchar testimonios reales de mujeres y hombres que estuvieron allí me hizo sentirme muy mal. Había un trato tan degradante... Muchas personas no saben cómo se vivía allí, y cómo muchas de las mujeres españolas embarazadas que estaban allí acabaron muriendo. Ellas y sus bebés recién nacidos, porque aquello no reunía las mínimas condiciones higiénicas. Esto, que puede parecer anécdótico, para mí es lo más importante porque, al final, es lo que te permite hacerte una composición de lugar.

-Sin embargo, sobre todo desde tierras sudamericanas, se vivió un espíritu de acogida que, tal vez hoy, se echa de menos, ¿no?

-No aprendemos, y eso es lo que más te duele, porque te das cuenta de cómo somos capaces de lo peor, cómo olvidamos lo que ha pasado a lo largo de la historia, cómo fuimos tan sumamente torpes y cómo volvemos a repetir aquello.

-Entender el presente siendo consciente del pasado. Sin duda, uno de los pilares del libro. No obstante, cada uno es capaz de construir o redefinir un pasado, o de adaptarlo a sus necesidades, ¿no?

-Las cosas nunca son blancas o negras, los matices son tremendos, y cada uno es fruto de sus vivencias y de su propio pasado. Además, tenemos un bombardeo de información a dario tal, que nos acaba convirtiendo en seres absolutamente insensibles. Sería ideal que tuviéramos conciencia de que todos dependemos unos de otros, y de que lo que hoy le pasa a una persona, mañana nos puede pasar a nosotros.

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