Walter Isaacson: «El Louvre necesita valentía para restaurar 'La Gioconda'»

Walter Isaacson posa en Madrid. /Juan Carlos Hidalgo (Efe)
Walter Isaacson posa en Madrid. / Juan Carlos Hidalgo (Efe)

«Ser bastardo fue una bendición para Da Vinci», asegura el biógrafo del genio renacentista

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

Biógrafo de Benjamin Franklin, Henry Kissinger, Steve Jobs, Albert Eisntein y ahora de Leonado da Vinci, Walter Isaacson (Nueva Orleans, 1952) es una eminencia del periodismo. Formado en Harvard, profesor de la Universidad de Tulane, editor de Time, presidió la CNN y fue elegido entre las cien personalidades más influyentes del mundo en 2012. Al «bicho raro» que «fue y es» Da Vinci (1452-1519) dedica las casi 600 páginas de 'La biografía' (Debate), anticipándose a la pompa del quinto centenario. Nada humano fue ajeno al genio curioso y sin miedo al fracaso que fue aquel «inadaptado», un homosexual feliz a quien Isaacson declara «maestro de lo inconcluso».

- Leonardo tuvo más curiosidad que genio, dice.

Su genialidad no era innata, como en Einstein. Fue autodidacta. Ser cada vez más curioso y observador le hizo genial. No era brillante con las matemáticas, pero le encantaban. No sabía nada de física, pero la curiosidad por la mecánica y el funcionamiento las cosas le impulsó. Todos podemos alentar esa curiosidad e inculcar a nuestros hijos esa idea de maravillarse con el mundo.

- Bastardo, zurdo, homosexual, herético, distraído vegetariano ¿Un inadaptado?

Ser hijo bastardo fue una enorme suerte para él. Una bendición. No tuvo que ser un notario, como su padre y su abuelo. Tuvo también la suerte de no ir al colegio. No llenaron su cabeza ideas anticuadas. Desarrolló sus propias pasiones. Estudió la caída del agua por las rocas, el vuelo las aves, dibujó montañas, ríos y paisajes... Ir a Florencia muy joven también otra suerte. Era un inadaptado, sí, pero como dijo Steve Jobs, debemos celebrar resistencia de los rebeldes, de quienes piensan de forma diferente. Esas clavijas redondas que entran en agujeros cuadrados son quienes cambian el mundo.

- Su gran talento ¿fue casar arte y ciencia?

Creer que la belleza de la naturaleza y el arte estaban relacionados fue la clave de su éxito. Se llamaba a sí mismo artista-ingeniero. Como Jobs cuando crea el iPad, une arte y técnica. Cuando dibuja el feto en el útero materno o sus mapas, son trabajos artísticos y científicos. Su hombre de Vitruvio es el paradigma: hay arte, ciencia, matemática y anatomía.

- ¿Tuvo Leonardo un lado oscuro?

Estuvo deprimido y le atormentó el poder de la naturaleza. Se ve en los dibujos del final de su vida y en algún apunte de juventud. No completó muchos de sus cuadros, invenciones y diseños de ingeniería. Se preocupaba por el fracaso. Era un maestro de lo inconcluso.

- Su biografía parte de la fuente primordial, las 7.300 páginas de sus cuadernos.

No vayas a la jarra cuando puedes ir al pozo, decía él. Casi todos los que escriben sobre Leonardo se centran en sus 15 obras maestras. Yo fui a la fuente básica: sus cuadernos. En cada apunte, en cada página, ves cómo baila su mente, cómo trabaja con sus ideas conectando la belleza del arte, la ciencia, la ingeniería y la anatomía. Alternó bocetos para 'La Última Cena' con estudios sobre la cuadratura del círculo. Disecciona los músculos de un rostro para ver cómo funcionan y dibujar una sonrisa cuando empieza a pintar la 'Mona Lisa'. En su última escribe de la cuadratura del círculo antes de apuntar que la sopa se está enfriando.

- ¿Vale 'Salvator Mundi' los 450 millones pagados por ella?

Me sorprendió mucho que se pagará ese dineral. Pensé que se adjudicaría en la mitad, que ya era un precio fabuloso. Creo que es auténtica, una gran obra que muestra el amor y la misteriosa e intensa emoción que provoca Leonardo, sin ser su cuadro más emotivo. Atesora mucha belleza y eso la hace muy valiosa, pero nunca pensé que tanto.

- ¿Cuál es Leonardo favorito?

'Mona Lisa' desde luego. Une arte, ciencia y espiritualidad. En todos sus cuadros hay una honda conexión con la naturaleza, pero en especial en 'La Gioconda'. La ciencia de la sonrisa es fascinante. En función de cómo la miremos, parece que sonríe o no, y eso la hace tan misteriosa. Uno de su discípulos hizo al mismo tiempo la copia del Prado, que de alguna manera es más bonita. Su restauración ha sido fabulosa. Los detalles, los colores de las mangas y el vestido no se ven en el original, que es mejor porque la sonrisa es mucho más misteriosa. En la cima de su carrera, consiguió la profundidad conexión con la naturaleza, las emociones humanas, la ciencias y el arte en esa conmovedora y enigmática sonrisa.

- ¿Se debe restaurar la 'Mona Lisa' del Louvre?

Sí. Me gustaría que el Louvre el gobierno francés tuvieran la valentía para limpiarla, para ver lo que Leonardo pintó. Si analizamos la 'Mona Lisa' del Prado vemos lo importante que sería restaurar la original para recuperar la viveza y el brillo de los colores originales. La del Louvre está cubierta de barniz oscurecido y amarillento que oculta el color rosado de las mangas que vemos en la del Prado. Era el tono de las coloridas túnicas que vestía Leonardo.

- El maestro, ¿metió la pata en 'La Última Cena'?

Le encantaba experimentar y era un gran procrastinador. No pintó un fresco al estilo tradicional. Fue una idea genial de ejecución defectuosa. La pintura al óleo y temple sobre yeso seco que empleó se deterioró pronto y no aguantó el paso del tiempo. Casi se había desvanecido. La versión restaurada es increíble, pero es obra de los restauradores y no de Leonardo, que no era perfecto.

- ¿Todos los genios cometen errores?

Claro. La mejor lección de Leonardo es que no temas equivocarte y fracasar. Que seas capaz de arriesgar y cometer errores. Los grandes inventores, antes y hoy, son los que no tuvieron miedo de intentar algo y fallaron. Como Leonardo, aprendemos que hay que ir un poco más allá de lo que eres capaz porque nunca seremos innovadores si no metemos la pata. En los lugares donde realmente se innova es donde no se tiene miedo a fracasar.

- ¿Le atormentó su homosexualidad?

No. Nunca fue una pesada carga como lo fue para Miguel Ángel, siempre entre la agonía y éxtasis, atormentado por la religión y sus deseos sexuales. Leonardo era un gay feliz. Vivió en Florencia en los años 70 y los 80 del siglo XV, cuando la mayoría de los artistas eran gais, como Donatello Cellini, y se les aceptaba. En los 90 hubo un retroceso. Savonarola les persiguió y les llevó a la hoguera. Pero Leonardo ya se había ido a Milán. Rubio, atlético, fuerte, afable, buen conversador, elegante, refinado y sofisticado, tuvo compañeros como Salai y Melzi, jóvenes muy bellos, y parecía realmente cómodo con su sexualidad.

- De Da Vinci a DiCaprio, de Leonardo a Leonardo en el cine. ¿Qué le parece?

Me agrada mucho. DiCaprio se preocupa por el medio ambiente y la naturaleza tanto como por el teatro, el espectáculo y la actuación. Da Vinci fue fan del teatro como del medio ambiente y la ciencia. DiCaprio podría ser alguien del Renacimiento, con una gama de intereses tan amplia como Da Vinci. Es el adecuado para entender e interpretar su alma. No le conozco en persona, pero admiro su trayectoria.

- ¿Qué conecta a genios como Steve Jobs, Leonardo y Einstein?

Su amor al arte y a la ciencia. Cuando Einstein se bloqueaba con las ecuaciones de la relatividad tocaba a Mozart al violín. La música le conectaba con la armonía de las esferas. Tenían curiosidad por cualquier tema imaginable. Los tres eran rebeldes y cuestionan todo cuanto sabían. Leonardo no va a la universidad pero cuando la gente le habla sobre la sabiduría que han recibido se pone a investigar.

- ¿Quién es el Leonardo de nuestros días?

Steve Jobs se acercó. Sabía que la verdadera creatividad parte de la conexión entre la belleza y la ingeniería. Al contrario que otros líderes de las tecnológicas, creía realmente que la belleza era importante. Que el diseño es más profundo que la belleza de la superficie. Admiraba Leonardo como un santo patrón.

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