Gala Dalí, retrato íntimo de una intrusa

Gala y Dalí. /Archivo
Gala y Dalí. / Archivo

«El machismo y la misoginia no le perdonaron su transgresora osadía y su libertad», asegura Monika Zgustova

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

 Desde su infancia Elena Dmítrievna Diákonova (Kazán, 1894 - Portlligat, 1982), a quien el mundo conocería como Gala Dalí, se sintió distinta y estuvo familiarizada con los amores difíciles y a contracorriente. «Su hermano mayor y su padrastro se enamoraron de ella, y eso el complicó su vida emocional», explica Monika Zgustova (Praga, 1957) que ha investigado a fondo su vida para a escribir 'La intrusa' (Galaxia Gutenberg), el retrato íntimo de quien fuera esposa del poeta Paul Éluard, amante del pintor Max Ernst y musa del genial Salvador Dalí.

«Sin ella ni Dalí, ni Éluard ni Enrst habrían sido lo que fueron», dice Zgustova de «una mujer extraordinaria, fascinante y decisiva para el arte del siglo XX» pero a quien «el machismo y la misoginia han querido convertir en una arpía». «Misteriosa, altiva, silenciosa, enigmática y libérrima, ni hombres ni mujeres le perdonaron que fuera tan transgresora», destaca Zgustaova, periodista, escritora y traductora checa afincada en Barcelona desde hace décadas. Ha rastreado la vida de Gala desde su infancia en Moscú, a su paso por un sanatorio antituberculoso en Suiza, su traslado al París de la vanguardias y su decisivo viaje a la Costa Brava en 1929, cuando conoce a Salvador Dalí y cambia su vida que concluiría a su lado medio siglo más tarde.

«Fue extraordinaria en todos los sentidos, pero su fuerte personalidad se volvió contra ella», explica Zgustova. «A salvo de cualquier prejuicio, le daba igual lo que pensaran o dijeran de ella, de modo que se ganó la animadversión de una sociedad machista y misógina que, aún hoy y aunque sólo sea España, la tacha de bruja, de mujer implacable fría e innaccesibile», dice su biógrafa. «Fuera de aquí se la tiene por una mujer fuerte e interesante», agrega Zgustova, autora de novelas como 'Vestidas para un baile en la nieve' o 'Las rosas de Stalin'.

Sin tópicos

Derriba tópicos como que Gala fuera promiscua y encadenara amantes de usar y tirar. «Es una leyenda que, ya madura, se acostara con jovencitos para que Dalí disfrutara mirando. El mito y la fabulación se imponen a la verdad», lamenta Zgustova. «Era fiel y leal en el amor, fieramente honesta en todas su relaciones. Mujer de un solo hombre, se entregaba completamente. Pero era muy libre, de ahí que siguiera teniendo relación con Éluard cuando ya estaba casada con Dalí».

Tuberculosa en la adolescencia, conoció en un hospital de Davos a un jovencísimo Paul Éluard, su primer marido. «Para los padres del futuro poeta fue una intrusa, como lo sería después en el matrimonio de Ernst y cuando irrumpió en la vida de Dalí, diez años más joven. Fue demonizada por el intransigente padre del pintor que de nuevo la trató como una intrusa», dice Zgustova. «También se había sentido una intrusa en el colegio de niñas ricas de Moscú, en el sanatorio antituberculoso donde era la única mujer y la única rusa, y en el grupo surrealista de París donde jamás fue bien recibida», enumera Zgustova explicado el título del libro.

Saca a la luz episodios desconocidos, como su temprana relación con la poeta rusa Marina Tsvetáieva -«que tuvo en ella enorme influencia»-, la tóxica relación de Gala con el mayor de sus tres hermanos -«que enfurecía de celos al verla con otros chicos»- y con su padrastro -«al que Gala mitificó pero que le trasladó su amor por la literatura hasta convertirla en una voraz lectora que devoraba un libro cada día».

Unas relaciones «que provocaron extraños sentimientos y emociones». «No es raro que se acostumbrara a los amores prohibidos, ocultos, complicados o directamente imposibles», dice Zgustova. «Era consciente de su atractivo y sabía que ejercía un gran poder sobre los hombres, que caían como moscas rendidos ante su encanto y su potencial erótico», asegura Zgustova. Cuenta como «el bruto de Luis Buñuel estuvo a punto de estrangularla mientras la miraba con los ojos exorbitados por el deseo», y como se relacionó también con Giorgio de Chirico, que escribiría un ensayo sobre sus conversaciones con Gala.

Era amante de Max Ernst cuando en 1929 viajó con él a la Costa Brava «de muy mala gana» y conocer «a un Dalí que, con su sexualidad poco definida, salía de un historia muy fuerte con Lorca y vio en la belleza andrógina de Gala a a una mujer masculina o un efebo femenino», aclara la biógrafa. Enamorada del joven artista se instaló en invierno en una cabaña junto al mar sin comodidad alguna y estuvo a punto de morir de pulmonía.

«Dalí y Gala fueron amigos, amantes y colaboradores. Gala le permitió tratar con la realidad, le ayudaba en su trabajo como su agente, en su relación con marchantes y galerías y como correctora de sus escritos», explica Zgustova. «No participó en la creación de sus cuadros, como se ha sugerido, pero Dalí nunca habría sido el genio que fue sin ella. Tampoco Éluard habría sido poeta ni Ernst tan gran pintor. Para los tres fue mucho más que su amante», insiste Zgustova.

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