Las Provincias

«Los mineros vivían como animales y solo esperaban una excusa para poder montar la revolución»

Alfonso Zapico dedica a un lector 'La balada del norte (Tomo 2)'.

Alfonso Zapico dedica a un lector 'La balada del norte (Tomo 2)'. / Elvira Mejías

  • Alfonso Zapico presenta la revolución de 1934 con la segunda entrega de 'La balada del norte

Alfonso Zapico (Blimea, Asturias, 1981) ha tenido que pelear mucho por 'La balada del norte' (Astiberri), su novela gráfica en tres tomos. Ha tenido que pugnar contra el olvido y la leyenda, contra los silencios de su casa, contra las facciones de la España cainita y su versiones, contra el espacio y el tiempo. Incluso contra sus propios sentimientos. Pero ha conseguido retratar la Asturias de preguerra con uno de los retratos de ficción que más se acercan a la realidad en forma y fondo. Ahora publica el segundo tomo de lo que será una trilogía y que ha dibujado en Angulema, la ciudad francesa en la que reside desde hace siete años.

Se nota que se ha documentado mucho para preparar sus novelas. ¿Era tan importante?

Hay mucha documentación porque es una novela de ficción con un fondo histórico de 1933 y la revolución de 1934. Entonces sí que he cogido mucha documentación, aparecen muchos personajes reales, pero no he querido ser un historiador. Hay hay algunos hechos que cambian un poco y algunos lugares inventados están hechos como sitios reales, pero lo interesante es que el lector cuando entra dentro de la historia ve que esas personas son reales, que esas minas de carbón son reales, que cuando se cuenta en el primer libro la vida ordinaria de esos valles en las minas de carbón es todo real. Muchas anécdotas que cuentan los personajes son reales. Hay documentación que a veces no se percibe pero no deja de ser una novela.

¿Habló con algunos de los que estuvieron allí?

Sí, sí. He hablado con testigos directos.

¿Fue más fácil retratar algo aparentemente más cercano para usted?

Un libro que hice antes ('Dublinés'), que fue la biografía de James Joyce me costó muchísimo menos porque no tengo ninguna conexión con Irlanda ni con Joyce aparte de lo que quería hacer y lo que me gustaba del autor, pero todo era muy lejano y me costó mucho menos. Aquí, en cambio, ha sido al revés porque yo pensaba que como conozco el escenario, el tema y un poco los personajes y la manera de hablar todo iba a ser más fácil. Ha sido al contrario, ha sido más difícil porque tanta cercanía a veces como te impone y cuesta más hablar de lo propio que de lo ajeno. Me ha ayudado haberlo hecho en Francia.

¿Hasta qué punto se notaba cercano?

Yo vengo de un pueblo minero donde todo el mundo tenía una conexión directa con el mundo de las minas de carbón. Había mineros en todas las familias, en todas las partes se vivía el cierre de las minas de carbón y las huelgas. Era algo muy cotidiano y muy cercano a todos y lo sentíamos muy directamente. La historia en sí de los años treinta y de la Guerra Civil es diferente y en cada casa había un mundo. En la mía, es una cosa de la que no se ha hablado nunca. Hay casas en las que se ha recordado mucho, se ha tirado de la memoria, se ha hablado mucho de lo que pasó los años treinta y la gente se ha esforzado por mantener la memoria, pero en mi casa ha sido al revés, siempre ha habido mucho silencio. Esto ha sido un trabajo muy personal de hurgar en la memoria, pero más en la de los demás que en la mía propia.

¿Sigue presente en la sociedad aquella revolución?

En Asturias está muy presente, pero se conoce mal porque cuando se habla de la Revolución de Octubre en las cuencas mineras hay una visión muy utópica y muy heroica de los mineros que fueron a Oviedo con la dinamita y todo. Y en la capital es al revés, hay una visión muy negativa porque dicen: 'Vinieron estos, nos destruyeron la ciudad y nos lo pusieron patas arriba y casi nos desgracian'. Luego en la Guerra Civil hubo un poco lo mismo, pero en el fondo siempre se habla de la revolución y nadie se para a pensar en porqué, en las consecuencias, en qué es lo que pasaba en los años treinta, en cómo vivía toda esa gente. Es muy abstracto y cada uno de la película como quiere y yo creo que esa reflexión sí que merece la pena.

¿Es esa la razón por la que se le ocurrió esta obra?

Sí. El motivo es que es una manera de conocerlo. Pero llega en el momento justo porque esta sociedad tan particular que es la minera de los valles de Asturias desaparece ahora completamente, se muere, porque cierran las últimas minas, quedan muy pocos mineros, la gente mayor se muere y la gente más joven emigra, se va fuera, los pueblos se quedan desiertos y son dos valles que se vacían. Desaparece también la memoria y estos recuerdos que son un poco la imagen de marca de la sociedad. Una manera de rescatarlos y preservarlos es esta.

¿Qué dificultades encontró?

Es verdad que por ejemplo muchos historiadores y muchos novelistas y mucha gente han escrito mucho sobre la Revolución de Octubre y la Guerra Civil. La gente discute mucho y se hace muchas preguntas sobre si es un poco parte de la Guerra Civil, si es la puerta de entrada, si es la justificación... y cuando hablas realmente con gente que vivió simplemente te lo explican diciendo que ellos vivían como animales y solo esperaban una excusa para poder montar todo lo que montaron. Son dos versiones completamente diferentes: la académica del historiador y la de la gente que lo vive sus propias carnes. Es verdad que también merece la pena meterse en los zapatos de la gente, no justificar aquello porque tampoco me interesa discutir si fue un golpe de Estado o una revolución, pero sí me interesaba meterme en los zapatos de esa gente.

Se intuye que se encontró más versiones desde posiciones ideológicas que desde los hechos.

Yo tengo la suerte de haber empezado en Francia, pero cuando empecé a recoger la documentación depende de dónde preguntara las respuestas eran diferentes. Yo estaba interesado sobre todo en saber lo que había en la cabeza de aquella gente cuando pasó aquello porque no soy historiador, yo soy novelista gráfico. En cambio, la gente estaba más interesada es justificarse, en echar la culpa a unos o a otros, en responsabilizar a unos a otros y yo pensaba que es lo mismo que en aquella época, pero hoy, muchos años después.

Pero no se puede entender Asturias sin aquella época.

Ha sido la imagen de marca durante muchísimos años de Asturias el tema los mineros, de los movimientos obreros, de los sindicatos. Y todo eso ahora desaparece por la Asturias turística de los paisajes verdes, de la montaña, de la gastronomía, de comer bien, del cachopo... pero es verdad que había una parte de ahí interesante, una herencia que dejan todos estos años de luchas pro derechos sociales y laborales que merecen la pena rescatar también.

Y también aparece la España cainita.

Vale para cualquier parte y para cualquier época de España. Esto fue lo que pasó el 34 a pesar de que se unieron para una revolución que salió mal, pero esto sigue vigente. Yo he visto siempre en Asturias el tema de los localismos, de las ideologías, de los gremios. Siempre hemos encontrado cosas por las que dividir y por las que separar y por si las que clasificar a la gente y es un poco unas cosa que me obsesiona.

¿Quedan rencores?

Hay alguno y alguna cuenta pendiente.

¿Qué ha sido lo más difícil?

El primer libro me ha costó muchísimo porque tenía que fabricar de cero ese pueblo que no existía que era Montecorvo, que es una mezcla de lo que sí que existe en Asturias. He tenido que fabricar de cero los personajes, cada uno tiene su voz y su carácter y su forma de actuar. El segundo libro ha sido más fácil porque ya tenía el escenario y era contar la revolución, que es más de acción y poco texto. Lo que más me ha costado dibujar es esa Asturias de los años treinta, esas minas de carbón. Y la capital, que no ha cambiado mucho y se puede reconocer esa Oviedo de hoy. Más que los personajes me ha costado hacer los escenarios porque intento meter muchos detalles y darle al lector mucha facilidad para meterse al lector y que se lo crea.

Se le nota ese estilo detallista y la búsqueda de realismo aunque sea teóricamente ficción.

Es cómo hacer una película. Quiero fabricar un decorado, no una simulación, y ni soy historiador. Pero al menos sí quiero que el lector entre y que se crea que Asturias era así, que los bares y los 'chigris' eran así, las minas de carbón y que las casas de la gente eran así.

¿Cómo ha sido recibido?

La mayor satisfacción es por un lado cuando voy a Asturias porque es un libro que les toca muy de cerca muy directamente la fibra sensible. He presentado el libro en sitios grandes y pequeños. La mayor satisfacción es ver a gente mayor muy mayor que incluso de queja porque la letra del primer libro era muy pequeña y en la segunda lo hemos aumentado, pero son gente que a lo mejor hacía 70 años que no había leído un cómic y que ahora le gusta porque habla de ellos y les toca la fibra sensible y están encantados. Es un poco la pequeña victoria de este libro, que hemos enganchado a mucha gente que no leía cómics y que no se planteaba leer cómics.

¿Y los mineros?

Hemos presentado el libro los sindicatos mineros con un montón gente y está leyendo cómics. Hemos hecho presentaciones de cómics con ellos, han hecho preguntas y es una victoria muy interesante también.

¿Le han criticado mucho?

Yo me he documentado mucho y ellos reconocen que es verdad que el lenguaje de los mineros es así y que lo que pasa en las minas es así y estoy muy contento. Las críticas más negativas llegan por la parte ideológica porque unos u otros dicen que no se ajusta a la realidad, que aquello fue de otra manera, que el autor no es neutral o es demasiado neutral. En el fondo no me importa porque me interesa también que se hable, se discuta y que haya crítica.

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